lunes, 29 de junio de 2015

Texto de apoyo y TP 4

Trabajo Práctico Unidad 2 B  (entrega antes del inicio del próximo cuatrimestre)

Como texto de apoyo se puede utilizar el Cap. 1, pags. 58-79 Las teorías posclásicas de "El regreso de las clases".TEXTO APOYO UNIDAD 2 B

Poulantzas es quizás el primer posclásico, el primero en abandonar el canon marxista modelizado por Kautsky y Lenin en el mismo sentido: las clases como grupos formados a partir de las relaciones sociales de producción y por tanto como concepto derivado del de modo de producción. Es el primero en ubicar el concepto de clase en el campo de las relaciones sociales y de las prácticas antagónicas y no en el de las estructuras. Son los intereses y el poder los que rigen en el campo de las prácticas. Entender este punto es decisivo para Uds. las clases no son fenómenos estructurales, sino producto de las luchas. El concepto de 2ble articulación también es fundamental: la determinación en última instancia de las estructuras sobre las prácticas lo único que significa es que las estructuras ponen el límite a la incidencia de las prácticas sobre las mismas estructuras no solo económicas sino también políticas e ideológicas, las clases agrupan en tanto condensan los campos de prácticas económicas, políticas e ideológicos. A su vez las prácticas siempre están en relaciones de dominancia (una esfera marca el paso de las restantes en cada momento de la lucha) que pueden o no coincidir con la dominancia en la esfera de las estructuras. Ej: el predominio estructural de lo económico no evita que frente a la aristocracia la burguesía deber privilegiar la lucha política. Las luchas tienen una relación contingente respecto de las estructuras (fuerzas productivas/relaciones de propiedad) También es el primero en ver el nivel político cómo el más importante a la hora de “ver” las clases como prácticas de lucha. El concepto de “efectos pertinentes” y de “fuerza social diferenciada” son muy importantes.

Przeworsky es uno de los más importantes representantes del llamado marxismo analítico y este es un capítulo de un libro formidable. También ataca la modelización sobre todo kautskiana de la concepción marxista de las clases del “lugar vacío” determinado por el modo de producción que luego se llena de agentes. La noción de proletariado depende de una superposición contingente históricamente: trabajo manual en fábricas en pésimas condiciones de vida y trabajo.  Los empleados y las nuevas clases medias no manuales desestructuran todo el dispositivo.
También proclama los efectos enclasadores de la lucha tanto económica como política e ideológica. No hay clases objetivas antes de la lucha. Las luchas son siempre sobre clases y no entre clases ya formadas, la lucha es fundamentalmente sobre la posibilidad de formar clases y por los criterios para agrupar los agentes. Son efectos continuos para organizar la sociedad. Es interesante el papel de la clase media y su posible autonomía política e ideológica.

Dahrendof señala la discrepancia del capitalismo avanzado entre propiedad efectiva y control de la propiedad, es decir, el problema del gerenciamiento de la empresa: un grupo que tiene intereses propios relacionados con la empresa pero no necesariamente con sus dueños. También aboga por incluir las clases como productos del conflicto de intereses y poder y no como lugares objetivos.
Es importante retener la noción de intereses latentes atados a la distribución funcional de roles y autoridad y la lucha por el poder en asociaciones de dominación racional como las empresas. Las experiencias comunes y la acción organizada son formadoras de clase como la distribución estructural funcional de roles. La noción de cuasi grupo y de las condiciones técnicas, sociales y políticas de formación de clases brinda una guía metodológica interesante. El señalamiento que la apertura y la movilidad ascendente amenazan el proceso de formación de clases es también premonitorio.

Parkin también ataca el concepto de modo de producción y es el más radical en someter el concepto de clase a las prácticas de cierre y de usurpación sobre bienes estratégicos y no solamente económicos. Las prácticas de exclusión y de resistencia a ella son las esenciales para enclasar y desclasar. Así la propiedad o la educación son bienes monopolizables que fuerzan al resto a la explotación y la subordinación. No interesa la lógica económica sino la lógica de poder que otorga la detentación de determinados bienes: es decir sus virtudes en cuanto permite la exclusión de otros.

En definitiva, estos grandes teóricos posmarxistas y posweberianos tienden a sociologizar la clase y al mismo tiempo tienden a encontrar el papel de las prácticas de lucha y antagonismo como centrales para entenderlas. Seguramente muchos de sus conceptos pueden ayudarlos con los análisis de los temas que proponen para el trabajo final.

TP 4

Elija una y solo una.


1) Desde Milcíades Peña hasta hoy se ha discutido la cuestión de la clase obrera argentina y del peronismo como bonapartismo disciplinador de la clase obrera. ¿En qué medida las políticas sociales, las conquistas laborales y políticas, y los estilos de conducción del peronismo han significado para la clase obrera una traba en su proceso de formación de clase? Utilice las ideas de Przeworski.

2) Un tema de discusión de la última década ha sido la pertenencia o no a la clase obrera de los movimientos territoriales de desocupados o pobres urbanos. ¿Qué respuesta imagina Ud. que darían…Dahrendorf o Parkin;?

3) Durante la década kirchnerista han aparecido de manera arrolladora acciones colectivas desarrolladas por las "clases medias" (movilizaciones por la seguridad de Blúmberg, Conflicto por la resolución 125, y el 13 S, 8N y 18A) ¿con qué conceptos se puede ensayar vincular estos hechos? ¿Con la clase  managerial de Dahrendorf, con el intento de practicar un cierre social de Parkin o con la idea de la insustancialidad de las clases medias en el estructuralismo marxista destinadas a oscilar entre la clase obrera y el capital?

9 comentarios:

  1. Javier Nuñez:
    Voy a intentar responder la pregunta C
    Las movilizaciones de clases medias de los últimos años pueden ser comprendidas –si bien realizando algunas segmentaciones entre los episodios en cuestión- desde el concepto de cierre social de Parkin o desde la perspectiva estructuralista. No nos parece interesante en vistas a estas movilizaciones la posición de Dahrendorf respecto a la “clase managerial”.
    El problema que, si se quiere, da mayor utilidad al cierre social y no tanto al estructuralismo está en que las marchas por la seguridad convocadas por Blumberg se distinguen de los otros sucesos ocurridos durante la presidencia de CFK. En todos los casos, no resulta difícil aplicar la noción cierre social: los sectores medios se conciben a sí mismos en una posición privilegiada respecto a cierta imagen de los sectores populares. Por supuesto, esta representación no es idéntica en una marcha pidiendo seguridad que en las otras movilizaciones más, digamos, políticas. De la misma manera, tampoco cabe pensar que el contenido de clase es único y carece de articulación con otras representaciones o alteridades. Que aquellos a los que se ve “por debajo” estén ahí por tener vínculos con el delito, por un lado, o porque encarnan una serie de prácticas políticas de tipo clientelar, por el otro, en ningún momento reduce una representación a la otra como tampoco invalida que esté presente un contenido de clase a partir del cierre que se busca llevar adelante.
    Ciertamente, el hecho de que las marchas del periodo 2008 a 2012 se encontraran frente a dinámicas que en la de Blumberg estaban ausenten indica, también, que el “cierre social” puede ser útil más por generalidad que por expresar cabalmente cada situación.
    ¿Qué sucede con el estructuralismo? La doble articulación parece ser útil para explicar cómo, en los sucesos del 2008 en adelante, las clases medias exponen la ambigüedad de situarse en la lucha cerca del capital mientras que la determinación propia de la instancia estructural los ubica más cerca de los sectores populares. Por supuesto, en tanto clase, no existen solamente como una disposición a nivel de las estructuras. De ahí que las diferencias entre episodios no pueda ser entendido sin las dinámicas políticas abiertas por el conflicto con el campo.
    El problema, de nuevo, es que las marchas por la seguridad (Blumberg) no pueden explicarse desde aquí. Es cierto que tenían implicancias políticas; fue, al fin y al cabo, la primera crisis fuerte que tuvo que capear el gobierno. Pero los asistentes a las marchas no veían su acción en alteridad al gobierno (o a otras fuerzas políticas) al modo que ocurrió después; denuncias y estridencias aparte, fue más expresión de un reclamo que un intento de afectar equilibrios políticos. El gobierno estaba en sus inicios y la gran mayoría de los partidos políticos terminaron por impulsar los proyectos de ley de tipo “mano dura” bendecidos por la movilización. Por supuesto, no es que los agentes no estuvieran constituidos como clase en el 2004, que solo tenga sentido prestar atención a las estructuras; es solo que la determinación de la lucha política no es la misma que en las demás.
    Resumiendo, creemos posible vinculas esas acciones colectivas tanto con el concepto de “cierre social” como con la doble articulación a la que se refiere Poulatnzas. En el caso de lo primero, probablemente sea más por generalidad que por dar cuenta exhaustivamente de los hechos. En el caso de los aportes estructuralistas, cabría –para seguir con su argot- atender a las diferencias de “coyuntura” antes de aplicar sus conceptos.

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  2. Diego Bongianino. TP.4-Consigna 1.
    Resulta claro que los análisis que caracterizan al peronismo como bonapartismo van a contramano de las principales ideas de Przeworski en torno a los procesos de formación de las clases (en términos de organización, desorganización o reorganización) por medio de luchas, específicamente como efecto de luchas estructuradas por condiciones objetivas simultáneamente económicas, políticas e ideológicas. Esta tesis se podría utilizar para discutir tanto a las interpretaciones que ven en el peronismo un desactivador de luchas y a las lecturas que enfatizan conceptos como “cooptación”, “desviación”, “simulacro” a la hora de ver su relación con la clase obrera, dando por sobreentendido formas predeterminadas de ser y de sentir según las posiciones económicas. A su vez se puede decir que este tipo de interpretaciones confunde, como bien señala Przeworski, organización de la clase y apoyo de políticas públicas con desmovilización, entendiendo a las clases como espacios previos a las prácticas.
    El peronismo significó, entre otras muchas cosas, dar una serie de repuestas políticas y económicas a determinadas demandas de distintos grupos que a su vez evaluaron su apoyo en base a dichas definiciones políticas. La dinámica de estas respuestas y apoyos pueden ser entendidas no solo alejadas del concepto de cooptación o de desactivación del conflicto sino como nuevo piso desde dónde seguir demandando. Por lo cual podemos leerlas como reactivadoras de la lucha y por ende como posibilitadoras de reconfiguraciones de clase (cambio en la estructura de posibilidades según Przeworski). En este sentido se puede ver al Peronismo como forma de reorganizar a las clases mediante reconfiguraciones en las luchas políticas e ideológicas, además de económicas y es en este punto que se puede relacionar con lo que entiende Przeworski en referencia al aparecer político de las clases y su condición de tener que estar organizadas como actores políticos, entendiendo que la lucha de clases política es una lucha sobre la clase antes que una lucha entre clases. O sea, la clase como efecto de la lucha política antes que como punto de partida constituido.
    Ni las masas en disponibilidad que ve Germani, ni el bonapartismo que Milciades Peña utiliza para caracterizar al peronismo como disciplinador en “Masas, caudillos y elites” sirven para interpretar la relación entre clase obrera y peronismo. Basta con pensar en el papel y los modos de activación que tuvo en los procesos históricos de lucha a partir principalmente (pero también durante los años propios del período del primero y segundo gobierno peronista, pensar en el caso de la FOTIA y los conflictos durante el ‘46-‘48) del ’55. Durante el peronismo y fundamentalmente luego de su derrocamiento, el gran tema de la patronal es el disciplinamiento del trabajo. Lo que en definitiva le preocupa es el orden y el control dentro de la fábrica. O sea que lo fundamental para la clase dominante es el control del proceso de producción más que los salarios.

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  3. Arturo García Fernández. Consigna 2

    En mi opinión, Parkin sostendría que no hay posibilidad de incluir dentro de la misma clase a la clase obrera tradicional y a los nuevos movimientos territoriales de desocupados o pobres urbanos, ya que la clase obrera tradicional busca cerrar sus filas en una forma organizada compacta, a través de sistemas como el aprendizaje, para lograr que de esa forma su lucha contra un oponente superior y altamente organizado como el Estado no sea tan desigual. Este cierre se diferencia del cierre de las profesiones intelectuales, ya que no es un cierre con la pretensión consciente de reducir las oportunidades materiales de los otros sectores miembros de la fuerza de trabajo, sino con el objetivo de obtener el monopolio de ciertas formas de conocimiento y prácticas, a partir de las cuales conseguir una suerte de protección contra los ataques externos. Así, este cierre de la clase obrera respondería a un tipo de cierre de “usurpación” en tanto que es un intento de los menos favorecidos por el Estado, la clase obrera, por obtener una participación mayor en los recursos.
    En principio podríamos decir que Dahrendorf colocaría a ambos grupos dentro de la clase dominada, subordinada, ya que comparten un mismo interés latente, el buscar modificar la distribución de los recursos sociales más importante, es decir, formarían un cuasi-grupo, es decir, un grupo de posiciones que comparten el mismo interés latente y, por lo tanto, prácticas comunes, sin embargo, siguiendo a Dahrendorf, no alcanzarían a formar un grupo de interés homogéneo, porque entre la clase obrera tradicional y los nuevos movimientos territoriales de desocupados, más allá de la coincidencia programática en algunos aspectos, hemos visto como los movimientos territoriales se han consolidado con estructuras, programas y seguidores propios. En todo caso, interpretando desde Dahrendorf, habría que delimitar el grado de pertenencia: vemos, por ejemplo, en el caso del Frente Darío Santillán (surgido del Movimiento de Trabajadores Desocupados), tiene estructura interna y objetivos propios (como la demanda de justicia por la muerte de Darío Santillán), más allá de la coincidencia políticas y programáticas con el Frente de Izquierda. En otros, como el Polo Obrero, su origen está fuertemente vinculado al Partido Obrero, y su estructura está determinada por la relación con este partido.

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  4. Yamila Macias

    2) Desde la perspectiva de Parkin no existen clases preconcebidas sino que se dirimen empíricamente. No es el modo de producción el que define la clase social, considerando asi otras variantes distintas a la oposición capital/trabajo sugeridad por el marxismo para explicar la teoría de clases. Introduce asi la propuesta teorica que vincula poder y privilgio a la posesión de propiedad. Para explicar las clases sociales el autor explica la estrategia de cierre y usurpación, donde “las estrategias de cierre social no incluirían solamente las prácticas de tipo excluyente, sino también aquellas adoptadas por los propios excluidos como respuesta inmediata a su posición de extraños”.
    Realizando una extensión analítica sobre los movimientos de desocupados y pobres urbanos, podemos señalar que estos grupos movilizados fueron excluidos de una posición privilegiada, la cual si fue asegurada por grupos que detentan el poder legítimo. Las movilizaciones serian desde la teoría de Parkin, un uso del poder hacia arriba para tener mayor participación en los recursos disponibles, lo que representaría una amenaza para el grupo privilegiado.
    El cierre social es una forma de movilizar el poder por la apropiación de recursos y que configura una posición de clase. La exclusión es una práctica de cierre social que se ejerce en torno al acceso o no a poderes legales para poseer los medios de producción y la distribución de su bienes. Asimismo el grupo excluido puede dar respuesta por medio de otro tipo de cierre social, la usurpación. Podemos entender asi que las movilizaciones mencionadas son una respuesta a su condición de excluidos de los beneficios apropiados por los grupos dominantes.
    El discurso sobre la no condición de clase de aquellos que se movilizan puede deberse, según Parkin, a una estrategia del sistema capitalista. El mismo se sustenta ideológicamente (atraves de la publicidad y el marketing) como un sistema que hará posible la una distribución equitativa para todos. Las movilizaciones ponen de manifiesto la inestabilidad del sistema. El autor señala que en momentos de bonanza, el sistema busca anular la “perspectiva de clase comparativa”, mientras que en momentos de crisis busca desarrollarla. Es asi que entiende las clases, en referencia a su modo de acción colectiva y no el lugar que ocupan en el modo de producción.

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  5. TP 4. Pregunta 2.- Carla Mansilla
    Siguiendo a Dahrendorf e “introduciendo la perspectiva de poder en los históricos esquemas de estratificación” (Goméz, Marcelo), podemos preguntarnos sobre las características de la clase obrera en la última década puesto que “las condiciones de organización de las clases exige, la formulación de generalizaciones empíricas” ésta tarea, nos advierte Dahrendorf, repasa los límites de una construcción de un modelo teorético del análisis de clases y nos obliga a ubicar la comunidad de intereses que movilizan a los cuasi-grupos a devenir grupo organizados de intereses que puede llegar o no a ser grupo rector. En el sentido, las clases toman la voluntad y acción de unos cuantos “dirigentes”, esto sólo como supuesto técnico que debe realizarse antes de la organización de intereses pero no como punto de partida o el origen de dicha organización. Sí tomamos a un modelo de movilidad social donde los movimientos de ascenso y de descenso entre categorías de obreros cualificados y no cualificados no alteran la estabilidad de la clase de los obreros, no modifica las estructuras de legitimación existentes, puesto que no existe conflicto de clases y tampoco clases, no existe lucha de intereses y lo tratamos de utilizar para analizar la Argentina de la última década y también la de los 90, donde se hicieron más presentes los movimientos territoriales de desocupados/pobres urbanos (es importante diferenciar el nivel de análisis teorético con el empírico) y, también, tomando la comunión entre intereses objetivos y latentes junto con la delimitación de cuasi-grupos dentro de su juego en el conflicto social; la formulación de los aspectos más generales de la actuación de las clases, lo mismo que para el análisis empírico particular y la generalización de las cuestiones para la clase obrera, nos permiten tomar como supuesta la constitución de grupos organizados de intereses, con intereses manifiestos articulados, en las asociaciones de dominación; así es que observamos el accionar, cómo actúan, los movimientos territoriales de desocupados/pobres urbanos.

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  6. Continuación* TP 4. Pregunta 2.- Carla Mansilla
    (...) A éste punto Dahrendorf plantea dos preguntas: ¿Cómo debemos representarnos el conflicto entre clases? y ¿En qué forma contribuye el conflicto entre clases a la modificación de las estructuras sociales? Los movimientos territoriales en tanto movimientos de resistencia en un primer momento en las zonas de la periferia urbana tanto en CABA como el AMBA (delimitamos el espacio para poder explicar el proceso) tuvieron fuertes movilizaciones con propuestas que podríamos encuadran como contribución a la modificación de las estructuras sociales con estrategias diferentes a las clases que necesariamente están insertas en el mercado y capital (como principal elemento de aglutinación). Éstos llamados no tan adecuadamente “primeros momentos” de agitación social los ubicamos en los 90, 2001, post 2001, hasta 2003. Es decir, post 2003 se da un proceso diferente donde el Estado a través de sus instituciones, es decir, nuevas formas de gobernabilidad: planes sociales, subsidios, facilidades de financiación de proyectos comunitarios, convenios con ong, logra mejorar su condición de “excluidos” a “incluidos” en el sistema laboral. Integrados como individuos a una práctica conjunta de clase obrera, establecemos que entre la clase social y estos movimientos no existió un conflicto sobre el propio sistema, tampoco sobre salarios, es decir, los podemos ubicar como grupos de intereses diferenciados, los obreros tienen su pertenencia a la clase asalariada, creemos que tanto el uno como el otro mantienen, en vez de modificar, la estructura de dominación y hacen a la legitimidad de base, se pueden encuadrar dentro de una misma clase puesto que promueven la institucionalización de la pugna de clases, tomando principalmente lo desarrollado por el autor como integración y valores (perspectiva weberiana) frente a la autoridad comparten los mismos intereses latentes; como también sí nos detenemos en el análisis de la estructura social con su doble faz de autoridad/sometimiento la naturaleza de su identificación puesto que conviven con el mismo proceder práctico.

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  7. Voy a aprovechar este espacio para retomar algunos de los postulados trabajados por Diego en relación a la misma consigna Nº 1, aportando algunos elementos más a la discusión. Primeramente parece pertinente resaltar que entender a las clases a partir de luchas estructuradas por condiciones simultáneamente económicas, políticas e ideológicas implica retomar la idea de “doble articulación” de Poulantzas: las relaciones ideológicas y políticas son objetivas (en términos de Przeworski, “terrenos de posibilidades”, “estructuras de decisión”). La forma de la lucha de clases está entonces determinada por el conjunto de estas relaciones, pero únicamente hasta los límites de los posibles efectos que ejercen los agentes con sus prácticas, esto es, su organización, desorganización y reorganización, sobre dichas estructuras. Esto le permite a Przeworski superar el escollo de las “formulaciones tradicionales” que reducen los procesos formativos de las clases a un epifenómeno, sea de las relaciones sociales de producción o, a la manera de Poulantzas, a “efectos pertinentes” del conjunto de las estructuras económicas, políticas e ideológicas; o que los liberan de determinación objetiva, en el caso de enfoques más historicistas y culturalistas. Desde la perspectiva del marxismo analítico han de entenderse los antagonismos y las luchas formativas de las clases articulándose dentro de un determinado estadio del desarrollo capitalista y, en este sentido, la organización de los agentes introduce una cierta imprevisibilidad en los resultados de ese proceso que lo aleja de las posturas más mecanicistas del marxismo “clásico”. Ni aún la relación de explotación determinaría, por sí misma, un antagonismo único y fundamental al punto de que a él puedan subsumirse todos los demás conflictos en una sociedad, y esto lo argumenta muy bien cuando hacia el final explica que la explotación de las clases productivas (proletariado y pequeña burguesía) por parte de todas las demás, y la propiedad (burguesía y pequeña burguesía) o desposesión de los medios de producción establecen dos criterios diversos de diferenciación. La organización de la clase, y más aún, la identificación colectiva en tanto tal se vuelven así problemáticas y pasan a depender en gran medida de un proceso de “persuasión” a lo largo de luchas por objetivos coyunturales que permitan traducir la experiencia directa de las relaciones sociales en prácticas formativas y organizativas de clase. Respecto de esto último, el peronismo es un ejemplo diáfano. Como bien señala Diego, y tal como decíamos en un trabajo anterior, el peronismo representa un diagnóstico (y condena) del estado de cosas existente y su articulación con una solución que implica la transformación de éste (la justicia social, la inclusión), amén de la identificación del sujeto encargado de llevarla a cabo (el pueblo) y su antagonista (la oligarquía). De entre los enfoques clásicos, las interpretaciones más maniqueas, entre las que se cuentan la de Milcíades Peña y, sobre todo, de Germani, versan sobre la “cooptación” de una “masa en disponibilidad”, consecuente con la ruptura entre una “vieja” clase obrera con conciencia para sí y una “nueva” clase obrera, proveniente de las zonas atrasadas y con conciencia de movilidad ascendente. Siguiendo a Diego, y como se halla presente de manera fundamental en la posterior interpretación de Murmis y Portantiero sobre los orígenes del peronismo, estas visiones invisibilizan la continuidad presente en el largo proceso de lucha de la clase obrera durante la “década infame” y la “elección racional” de ésta por apoyar al peronismo en la coyuntura del 17 de octubre de 1945, frente a un sistema político cerrado a su inclusión en ese campo e incluso de la posibilidad de perder las conquistas logradas en los ámbitos laborales y sociales.

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  8. No obstante, tanto unos como otros, y tal vez esta sería una de las principales críticas que pueden realizarse desde las ideas de Przeworski, analizan el peronismo a partir de dos “imágenes”, en lugar de entender la formación de la clase como un proceso “perpetuo”, indeterminable a priori, y no surgido mecánicamente de unas determinadas relaciones de producción sino producto de luchas, invocaciones, identificación y organización: en el caso de Germani, un proceso trunco en que la clase obrera en potencia deviene en “masa en disponibilidad”, dispuesta a ser manipulada por el líder; en el de Murmis y Portantiero, una clase obrera que llega con una conciencia formada, plenamente identificada como tal, y que decide “racionalmente” el apoyo a Perón en función de sus intereses. Todo esto ignora que el antagonismo pueblo-oligarquía, la invocación y organización en tanto “columna vertebral” del movimiento, y la lucha, no sólo antes y durante la década peronista (el “freno” al Congreso de la Productividad de 1955 demuestra que no hubo solamente acatamiento a la voluntad del líder), sino también durante la etapa de la “resistencia” luego de la caída de Perón, son elementos constitutivos de un proceso formativo continuo que actúa “sobre la clase”, y de manera relacional “entre las clases”, y que la clase obrera es un producto de dicho proceso antes que a priori derivado de una estructura preexistente a las prácticas de los sujetos históricos, tal como se halla presente en análisis posteriores como los de Juan Carlos Torre y Daniel James.

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  9. Agustina Bogliano - Consigna 2

    De acuerdo al texto de Parkin, y citando a Marx, aquellos que se encuentran completamente desposeídos de propiedad forman también una clase en tanto que sobre ellos también recae el aparato legal. Eso es lo que los conforma como una clase (además de su conciencia como tal). En este caso podemos emparentar, entonces, a los desposeídos como una clase tal como lo son los obreros.
    Sin embargo, bajo la propuesta de Parkin los movimientos de desocupados presentarían una amenaza para la clase obrera al ser un ejército de mano de obra a disposición. Ante la carencia de ingresos y la situación de pobreza casi crónica ante una situación de gran desventaja como es el no contar con un empleo, lo que impide la manutención de las familias son vistos como el as bajo la manga del empleador. Ante la presión que puede ejercer la clase obrera solicitando mejores condiciones laborales, aumentos salariales a través de tomas, huelgas, paros, la opción de contar con empleados capaces de trabajar por menos dinero bajo circunstancias desventajosas les quita el margen de negociación a los trabajadores.
    Aquí podemos utilizar la propuesta de Parkin del cierre social dual. Por un lado los trabajadores ejercen un cierre social de usurpación ante sus empleadores empleando técnicas de solidaridad entre los trabajadores de una misma fábrica o empresa y así mismo aliándose con otros grupos de trabajadores para imponerse de manera más fuerte y contundente. Pero por otro lado, ante la amenaza que los movimientos de desempleados representan a la lucha obrera como mano de obra disponible, los obreros llevan a cabo un cierre social por exclusión, intentando lograr mayores beneficios y logrando un monopolio de oportunidades no permitiendo la participación en la lucha obrera de los movimientos de desempleados y así mismo no reconociendo ni apoyando sus reclamos.
    Esto permite ver cómo se reproduce de alguna manera el trato que reciben los obreros por parte de sus empleadores ante el trato de presión y amenaza que muestran a los movimientos de desempleados los trabajadores, en lugar de unir en un solo reclamo la lucha obrera (trabajadores y desempleados)
    Es por esta razón que desde Parkin podemos decir que no es posible reunir ambos movimientos. El cierre social implica división y conflicto dentro de las clases y fuera de ellas también y esto sustenta el enfrentamiento que puede observarse entre ambos movimientos.

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