lunes, 15 de junio de 2015

Texto de apoyo Unidad 2 Teorias de la Movilización de Recursos y paradigma de la identidad

La teoría de los nuevos movimientos sociales. Entre la acción instrumental y la identidad, entre lo estratégico y lo expresivo.

La teoría de la movilización de recursos

Introducción

Esta teoría surge en un contexto político social de fuerte movilización de la sociedad civil demandando y protestando por una diversidad de reivindicaciones que desbordan las usuales estructuras de lucha (partidos de izquierda, sindicatos, etc.) confirmando la decadencia y/o falta de representatividad de éstas. Como la agitación en los campus universitarios, el movimiento por los derechos civiles, las movilizaciones feministas y ecologistas.
Los movimientos sociales tradicionales se habían abordado analíticamente en términos de conflictos de clase, pero los nuevos movimientos sociales se resistían a tal conceptualización (dificultades para ser comprendidos por las dos corrientes sociológicas de la época: la sociología marxista y el estructural funcionalismo). Estas perspectivas tampoco podían explicar por qué se reactivaban los movimientos sobre todo en un momento que se caracterizaba, en la mayor parte de las sociedades occidentales, por un gran crecimiento económico y del bienestar social.
Se podría decir que para las teorías tradicionales aparece un obstáculo epistemológico que no permite explicar el surgimiento de estos nuevos movimientos sociales y se hace necesaria la búsqueda de otra teoría.

Cambios introducidos por la nueva teoría

La teoría de la movilización de recursos considera a la acción colectiva como una forma de acción racional. Pone el énfasis en tratar de analizar variables objetivas para explicar las movilizaciones sociales como: la organización, los intereses, los recursos que se movilizan (dinero, tiempo personal, etc.), las oportunidades, las estrategias, los vínculos con otros grupos, las tácticas que llevan adelante las autoridades, las formas del movimiento para mantenerse, etc.
Esta teoría introduce cuatro cambios principales:

Redefine las fronteras de la acción colectiva. Rompe con la mirada exclusiva sobre las situaciones de masas y las movilizaciones violentas y con la prioridad de las movilizaciones por cuestiones directamente materiales. Se pasa a considerar todas las formas de movimientos sociales.
Desplazamiento de la pregunta. Ya no es por qué se movilizan los grupos, sino cómo se desencadena, desarrolla, tiene éxito o fracasa la movilización. En toda sociedad, los agravios son constantes, por ello hay que establecer qué determina que prosperen o retrocedan.
Nuevo enfoque dinámico. Ahora se considera como un proceso en construcción de una relación de fuerza y sentido. Los grupos no son datos sino construcciones sociales. Atención central a la organización como elemento que estructura el grupo, reúne los recursos para la movilización.
Influencia Olsoniana. Utilizacion de conceptos económicos (recursos). La organización como empresa protestataria que reúne medios para invertirlos razonablemente para lograr sus propósitos.
Por otro lado, las investigaciones realizadas a partir de esta teoría responden a cuatro preguntas:
¿Por qué surgen? Alude a la estructura de oportunidades políticas, es decir, a la estructura institucional o a las relaciones informales de poder en un sistema político en un momento específico: acceso a la participación de nuevos actores, pruebas de nuevas alianzas políticas, aparición de aliados influyentes, aparición de divisiones en la elite dirigente, disminución de la capacidad de represión del Estado.
¿Qué hacen? Repertorio de la acción colectiva (Tilly “registros”). Característica de los movimientos sociales con propensión a realizar acciones y utilizar vías consideradas como no institucionales: formas de actividad consideradas como no convensionales, medios simbólicos de expresión de la identidad que se ha gestado, recurrir a elementos espectaculares, buscar la legitimidad social de sus acciones.
¿Qué dicen? Marcos cognitivos. Sistema teórico que analiza los símbolos, discursos y significados que los movimientos otorgan a su alrededor. Procesos enmarcadores: definición estratégica y consiente de su situación.
¿Cómo se organizan? Estructuras movilizadoras. Estructura formal del mismo, arreglos temporales y vínculos establecidos entre los individuos y/o organizaciones. Conjunto de Redes.

Modelos de la Teoría de Movilización de Recursos

Podemos señalar que esta corriente está compuesta por cuatro corrientes:
Empresarial: cuyos principales autores son Mc Carthy y Zald, aquí la organización es el principal factor determinante del potencial de movilización.
Político: Gamson: Teoría de la estrategia. Tilly: Teoría de la comunidad política.
Sociológico: Oberschall: Análisis de las formas de sociabilidad.
Movilizacionismo: Piven y Cloward. La presencia de conflictos determinan el éxito y puede suceder aún sin organización.

Teoría empresarial
Endurece la lectura de Olson con analogías económicas. La organización es una empresa protestataria: reúne medios para invertirlos razonablemente para alcanzar su propósito. El factor principal de explicación es la accesibilidad de los recursos, tanto de organización como de cuadros.
El movimiento social es un potencial de movilización que nunca está totalmente movilizado (cuya analogía es la capacidad instalada industrial).
En momentos de agravios crecientes la población responde a través de grupos organizados previamente. La elaboración de la crisis presupone la existencia de grupos organizados con recursos. En este sentido, los empresarios políticos surgen a partir de facciones de grupos preexistentes, redefiniendo los viejos agravios en nuevos términos.
Las investigaciones también confirmaron la hipótesis según la cual cambios a largo plazo en la organización, los recursos y la oportunidad de los grupos permiten la posibilidad de formación de movimientos (Ej.: movimiento negro  por los derechos civiles; movimientos territoriales de desocupados). Otra de las cuestiones que explicaría la formación de movimientos sería el colapso del control coercitivo del Estado (Ej.: 2001, piqueteros).
McAdam, McCarthy y Zald ponen de relieve tres tipos de condiciones sociales que la teoría de la movilización de recursos ha explorado para pronosticar el desarrollo de un movimiento: a) condiciones políticas (como las oportunidades que brinda la coyuntura política); b) condiciones económicas (la prosperidad material brinda variedad de recursos movilizables para la acción colectiva), y c) las condiciones organizacionales (como la existencia de organizaciones en un movimiento social).
Los niveles de la organización son pensados también en términos económicos. El primer nivel es el de la organización del movimiento social (OMS): organización que identifica sus objetivos con los fines del movimiento y trata de alcanzar sus objetivos. Equivalente de una empresa en el mercado. El segundo nivel es el de la industria del mov. social (IMS): conjunto de OMS orientados hacia una causa. Y el tercer nivel es el sector del mov. social (SMS): conjunto de IMS.
Esta separación analítica tiene las siguientes ventajas: explica el componente organizativo en la actividad de un movimiento; reconocimiento que un movimiento está representado por más de un OMS; posible explicación del ascenso o declive de las IMS, independientemente del tamaño, la intensidad o las preferencias de un movimiento.
Esta teoría configura una tipología de los recursos humanos:
Miembro o adherente: individuos u organizaciones que creen en las metas de un movimiento.
Constituyentes o miembros activos: proporcionan los recursos de tiempo y/o dinero
Beneficiarios potenciales: obtendrían beneficios directos del éxito del movimiento.
Constituyentes conscientes o militantes morales: no se beneficiarían directamente de las metas conseguidas.
Público espectador: Son los no adherentes, no se oponen a un MS y solamente observan la actividad de éste, son adherentes potenciales.
Equipo transitorio: empleados reunidos para una tarea específica de corto plazo.
Federación: sucursales que organizan constituyentes en pequeños grupos locales. Consecución de metas en diferentes regiones.

Superación de la teoría empresarial
La superación de esta teoría comienza con la aparición de los militantes morales que rompen con la paradoja de Olson, ya que estos recursos exteriores disminuyen los costos de la acción colectiva para los grupos directamente implicados y modifica el rendimiento de la participación. El militante moral se transforma en un promotor de la protesta, se transforma en el portavoz y organizador de la protesta. Aporta el saber hacer, redes de apoyo, logística, que el movimiento social no podría conseguir con sus propios recursos.
Esta situación genera otra pregunta ¿por qué militan los militantes morales? Aquí comienza a tener importancia la movilización de los valores: por ejemplo el incremento de la participación de la clase media que tiene sus raíces en el cambio hacia valores postmaterialistas, que incide en formas de autosatisfacción. Estos incentivos morales o expresivos que permiten superar el dilema del free ryder. Para ello se desarrollan programas que ofrecen incentivos colectivos como la solidaridad del grupo y el compromiso con una causa moral. Estos incentivos son colectivos en tanto entrañan la fusión de intereses individuales y colectivos.
El principal objetivo de la movilización es la generación de solidaridad y el compromiso moral de las colectividades en nombre de las que actúan (Por ej. el movimiento pro-aborto, donde integrantes de la clase media utilizan como bandera la reducción de la mortalidad por abortos clandestinos entre los más pobres). Para esto es necesario el aprovechamiento de redes de solidaridades existentes, las mismas constituyen una base a partir de la cual se puede operar con incentivos colectivos.

Teoría sociológica: Oberschal
Trata de superar el modelo Olsoniano a partir del análisis de las formas de sociabilidad, de la intensidad y naturaleza de los vínculos interpersonales en un grupo. Este autor, analiza la República de Weimar y advierte una segmentación superpuesta (redes que no se cruzan entre sí). El éxito del nazismo se habría basado en la captación de algunos de estos grupos basados en solidaridades preexistentes.
Señala que todo trabajo sobre movimientos sociales debe partir de la estructura social y de las redes preexistentes. Asimismo, subraya la importancia de la información sobre la estructuración social y las redes de solidaridad. La importancia de cada recurso depende de la configuración del conflicto. Estos recursos no son más que un potencial que es importante activar y movilizar.
Este autor realiza una tipología de los movimientos a través de la relación de los vínculos al interior del grupo con los vínculos con el exterior.



Aporte de la sociología histórica
Tilly analiza las condiciones sociales de movilización y realiza las siguientes preguntas: ¿qué conciencia tiene un grupo de sus intereses?, ¿qué formas de solidaridad lo mantiene unido?, ¿qué estrategias desarrolla?, ¿de qué modo puede el contexto favorecer o inhibir la protesta?.
Según Tilly dos variables van a definir la organización: NETNESS: red de sociabilidades voluntarias, en esta los agentes sociales son los arquitectos de esta forma de sociabilidad que funciona con una lógica electiva.
CATNESS: identidades de categorías que se asignan a los individuos en razón de factores objetivos (mujer, indio, obrero, negro, etc.) Identidades que no son elegidas. Estos dos ámbitos de sociabilización se combinan en la CATNET, cuando estas dos formas convergen la sociabilidad es muy fuerte. Si esto sucede un grupo estará mejor organizado para defender sus intereses.
Por otra parte, Tilly señala como importante la dinámica de los enfrentamientos: Los agentes movilizados nunca están sujetos a un único tipo de racionalidad (económica, valores culturales, etc.). Cada movilización es particular, no existe un movimiento social abstracto, sino manifestaciones concretas. Las dimensiones de representación y percepciones constituyen un elemento importante de las estrategias que no es de carácter económico. Subraya la importancia del componente político. Es decir, del acceso o no a las sedes de decisión política (por ej.: los empresarios son recibidos como tales en los centros de decisión política mucho más fácilmente que los trabajadores, además de hacerlo conformando asociaciones empresariales).
Introduce el análisis de largo plazo, esto le permite detectar las lentas evoluciones y las rupturas, que no pueden detectarse si sólo se observa el presente. Si los repertorios cambian con el transcurso de los siglos, también cambia la propia naturaleza de las interacciones relacionadas con el conflicto. A esto Tilly lo denomina “registro”.

Consideración de los medios de comunicación masiva
Se comienza a analizar a los medios de comunicación como importantes actores a la hora de definir un conflicto, donde es significativo tener en cuenta la información de las elites y público en general y la formación de una moral e imagen propia de los activistas.
Se advierte que para los movimientos se presentan una serie de problemas a la hora de aparecer en los medios de comunicación. En primer lugar, las noticias deben ser nuevas e interesantes; en segundo lugar, las noticias se centran en la acción más que en el contexto, dejando de lado las causas y objetivos del movimiento (Ej.: las noticias sobre los cortes de calle, señalan los lugares de corte, pero generalmente no comentan las razones de los mismos). En tercer lugar, la cobertura mediática tiende a presentar a los líderes como estrellas, agravando rivalidades internas y tendencias al espectáculo por parte de estos, debilitando la movilización.

Aportes y desventajas de esta teoría

Aportes:
Los agravios no producen necesariamente movimientos.
Los integrantes de los OMS no son irracionales, sino participantes informados y convencidos.
Los movimientos no son entidades aisladas, sino que interactúan con otras organizaciones, autoridades, partidos, sectores de la sociedad, los medios de comunicación, etc. Importancia del apoyo externo para el éxito.
Visualización de la táctica de las autoridades.

Desventajas:
No realiza una conceptualización sobre el movimiento.
No explica el conjunto.
No se preocupa por considerar el contenido idealista y contestatario de los movimientos sociales.
Se limita a analizar los recursos materiales: tiempo, dinero e individuos. Las ideas se desenvuelven en un enfoque utilitario.
Los actores están definidos por sus metas y no por las relaciones sociales.

EL PARADIGMA ORIENTADO HACIA IDENTIDAD

Como se muestra en el texto de Cohen, los teóricos europeos de las NMSs han retomado la dimensión de integración en la acción colectiva contestataria. Por otra parte, estos teóricos están conscientes de lo que es inadecuado en el análisis marxista de los movimientos sociales, pese a que simpatizan con las dimensiones del neomarxismo que enfatiza la importancia de la conciencia, la ideología, la lucha social y la solidaridad respecto a la acción colectiva; estos "postmarxistas" argumentan que aquellas teorías que subrayan la primacía de las contradicciones estructurales, las clases económicas y las crisis en la determinación de una identidad colectiva, son inapropiadas para los actores colectivos contemporáneos. También sostienen que no es posible aplicar modelos neoutilitarios de actores racionales a aquellos actores colectivos cuya interacción colectiva no se restringe a intercambios políticos, negociaciones y/o cálculos estratégicos entre adversarios. Esto significa que la lógica de la interacción colectiva implica algo más que la racionalidad estratégica o Instrumental.
Pizzorno apunta con razón que la lógica de intercambio que se basa en cálculos de costo y beneficio no puede explicar la acción colectiva de los "nuevos grupos" que buscan la identidad, la autonomía y el reconocimiento. Tal intento es útil en el caso de intercambios individuales en el mercado, así como en el de los modelos de regateo colectivo de intercambios negociados por trabajadores y administradores para la regulación conjunta de términos laborales. Pero el primer caso no incluye actores colectivos y el último corresponde a grupos de la esfera de producción ya organizados y capacitados para negociar respecto a demandas. Pero el proceso de formación de identidad involucra demandas no negociables.

Pero es precisamente  la lógica de intercambio y negociación la que está ausente en el caso de los NMSs (ecologismo, pacifismo, feminismo, derechos civiles de minorías, juveniles contraculturales, etc.) involucrados en la creación de solidaridades e identidades.
Según Pizzorno, en este caso:

"El objetivo real no es negociable porque consiste en la formación del sujeto que ha de convertirse sucesivamente en el actor  dcl intercambio que cargue con las ganancias y las pérdidas. Hay una categoría de acción que puede observarse en los conflictos
Sociales, la cual solo se puede entender si se averigua en ellos, no qué ganancias  y que pérdidas producirán para los actores, sino si producirán  solidaridad o no. Son acciones, que connotan un proceso de formación de una identidad.”.

Aquí queda suspendida la ley de Olson, según la cual lo participación para la adquisición  de bienes colectivos no es económica. La lógica de la formación de una identidad colectiva involucra la participación directa de.los actores. La representación social y política se produce solo después del reconocimiento de una identidad común por los participantes y por otros y de que quede asegurada la solidaridad, del' grupo. Sin ello, la  representación, por presuponer  confianza, es imposible. Para que el actor colectivo pueda calcular los costos y beneficios  de la acción colectiva y  actúe estratégicamente su identidad debe  estar establecida. El proceso de creación de identidad ocurre por medio de la interacción colectiva misma, dentro y entre grupos. De hecho Pizzorno afirma que una relación conflictual puede darse en ausencia de "reclamos verdaderos" con el propósito de afianzar la existencia de un actor colectivo nuevo o aún no reconocido.

Pízzorno identifica esta 1ógica de. la acción Colectiva como expresiva  y establece así una dicotomía simple (demasiado simple) entre, por un lado, actores sociales que están surgiendo en búsqueda de una identidad  y  reconocimiento,  o "nuevos movimientos sociales" para los cuales es apropiada la acción expresiva de demandas universalistas y no negociables y la participación directa, y  por otro lado, actores colectivos ya reconocidos (sindicatos, partidos) para los cuales la racionalidad estratégico-instrumental, la representación y las negociaciones son características. Una vez que la nueva identidad colectiva  ha sido reconocida como parte de un nuevo sistema ampliado de representación la acción se traslada de lo expresivo a lo instrumental y la representación reemplaza las formas directas de participación.

Este modelo de identidad pura muestra que el énfasis sobre la dimensión estratégica  de la disputa  contestataria colectiva soslaya características claves de la lógica de la acción colectiva. Pero no llega mucho más allá de las verdades obvias qué ya fueron articuladas por los conductistas colectivos. Estos han mantenido por largo tiempo que los movimientos sociales se .involucran (o se complacen) en formas expresivas de acción.

El texto de Reichmann y F. Buey retoma la evolución de las orientaciones teóricas para el estudio de la acción colectiva y los MS y recupera los planteamientos de lo que se ha dado en llamar teorías europeas de los nuevos movimientos sociales (NMS). Se ha agrupado ocasionalmente a estos investigadores europeos bajo la rúbrica de “teóricos de la identidad”, pero entre ellos existen muy notables diferencias de perspectiva: no hay más que asomarse comparativamente, por ejemplo, a Touraine (1978), Alberoni (1984), Raschke (1985), Offe (1988) y Melucci (1989). En comparación con la escuela estadounidense de resource mobilization, acentúan más los factores de ideario y proyecto histórico, de los MS como sujetos (o, más modestamente, actores) históricos, y afirman que la aparición de los “nuevos” movimientos tiene que ver con transformaciones fundamentales de las sociedades industriales avanzadas.

Muchos de estos sociólogos europeos subrayan que los activistas de estos movimientos, y las líneas de conflicto social (cleavages) en torno a las cuales se estructuran los movimientos, son diferentes de los que había en los movimientos de la sociedad industrial clásica: el término “nuevos movimientos sociales” apunta a una distinción clara entre estos movimientos y los “viejos” e institucionalizados movimientos de la clase obrera.

Voy a terminar discutiendo brevemente otros tres enfoques de mucho interés. El primero de ellos (presentado a veces como un subenfoque de la ressource mobilization: Cohen, 1985; Jenkins, 1989) es el que a veces se denomina escuela “particularista” de los MS (Eyerman/Jamison, 1991, 25), y cuya figura más descollante es el sociólogo norteamericano Charles Tilly. Este enfoque, histórico y sociopsicológico, se centra en las motivaciones individuales que llevan a las personas a participar en los MS, y realiza meticulosos “estudios de caso” de movimientos (a menudo concebidos como instrumentos para procesos de socialización política).

Tilly define la acción colectiva típica de los MS en relación a la persecución de intereses comunes (Tilly, 1978), y le preocupa fundamentalmente la efectividad de la toma de decisiones tácticas. Al describir esta efectividad, Tilly discute los MS como entes que se mueven “de la organización a la movilización” de recursos en torno a intereses compartidos y, finalmente, a la realización de acciones efectivas dentro de estructuras de oportunidad específicas. Dado que la oportunidad para la acción colectiva varía con las circunstancias históricas y culturales, Tilly añade la dimensión del contexto histórico a su estudio de los MS.

En sus formas más extremas, este enfoque lleva a negar la existencia de rasgos comunes en distintos MS, que se consideran como fenómenos históricos particulares esencialmente no generalizables, y no comprensibles más que a través de la experiencia personal de los agentes interpretada a través de un arte de la “biografía colectiva”.

También el llamado enfoque de redes (network approach) puede considerarse, en realidad, corno una especificación del enfoque de movilización de recursos. Esta perspectiva afirma que los MS pueden concebirse esencialmente como manifestaciones de redes socioespaciales latentes, cuyo elemento aglutinador son sobre todo comunidades de valores. Para estos estudiosos, la diferenciación social ha conducido en la sociedad industrial avanzada a la formación de comunidades de valores con alta densidad de interacción personal entre los integrantes. Las redes socioespaciales así formadas subsisten durante largos períodos de tiempo y pueden activarse en una coyuntura favorable a la movilización. Aldon Morris observó que la preexistencia de redes sociales e instituciones es un requisito básico para el desarrollo de un MS en su documentado estudio sobre el movimiento norteamericano por los derechos civiles (Morris, 1984). Otros estudios han subrayado también la importancia de esas redes socioespaciales latentes y capaces de activarse corno estructuras de apoyo para una gran variedad de MS concretos, desde movimientos estudiantiles a movimientos vecinales, desde movimientos antipornografia a organizaciones terroristas (se hallará una visión de conjunto de estas investigaciones en Klandermans, 1989).

Por último, tenemos el enfoque cognitivo desarrollado por Ron Eyerman y Andrew Jamison en un libro (Eyeinian/Jamison, 1991) que combina la herencia de la teoría crítica desarrollada por la Escuela de Francfort con la sociología del conocimiento de Max Scheler y Karl Mannheim. Los dos sociólogos estadounidenses trasplantados a Suecia proponen “un acercamiento cognitivo” a los MS: éstos son releídos como formas de actividad mediante las cuales las personas crean nuevos tipos de identidades sociales, como procesos de praxis cognitiva: “Ha de concebirse a los movimientos sociales como espacios públicos
temporales, como momentos de creación colectiva que proveen a las sociedades de ideas, identidades e incluso ideales” (Eyerman/Jamison, 1991, 4).
Desde esta perspectiva, “la articulación colectiva de una identidad de movimiento puede compararse a un proceso de aprendizaje social en el cual las organizaciones del movimiento actúan como fuerzas estructuradoras, abriendo un espacio donde la interacción creativa entre individuos puede tener lugar” (pág. 55); después este espacio se amplía y “socializa”, se transforma en un espacio público de articulación de intereses que puede afectar a la totalidad de la sociedad. Los movimientos son productores de conocimiento social: median en la transformación de conocimiento cotidiano en conocimiento profesional, y suministran nuevos contextos para la reinterpretación del conocimiento profesional (pág. 52). Los dos autores ponen a prueba la fuerza interpretativa de sus conceptos básicos praxis cognitiva e intelectual movimientista en sugestivos análisis de movimientos sociales (tanto “nuevos” como “viejos”).

TRABAJO PRACTICO (ELIJA 1 DE ESTAS 4)

A) En los procesos de movilización social en la Argentina ¿Quiénes podrían encajar con la figura de “empresario” social o político respecto de los movimientos sociales?.

B) Tome la reciente movilización "Ni una menos" contra la violencia de género y analice todos los tipos de recursos tangibles / no tangibles, etc. movilizados y su importancia. ¿es igual o no a los casos mencionados por Jenkins en EEUU?

C) Mencione algunos factores políticos importantes que han favorecido la aparición de las movilizaciones anti K en los últimos años en nuestro país ¿Cuáles serían las oportunidades políticas que han aprovechado?.

D) ¿Qué fenómenos de generación de identidades colectivas asociadas a procesos de movilización se pueden destacar en la última década?

13 comentarios:

  1. Javier Nuñez
    Tomo la pregunta C. Entenderé por movilizaciones anti-k, los episodios de septiembre y noviembre del 2012, el de abril del 2013 y el de febrero de 2015.
    En un primer momento, podría decirse que los factores políticos que dispararon los distintos “cacerolazos” se enmarcaban fuertemente en el conflicto entre el gobierno y el Grupo Clarín. Decimos que se enmarcan allí en el sentido de que los motivos o episodios singulares que podían llevar a movilizarse, debían quedar absorbidos por ese conflicto. Eso no quiere decir que el problema en cuestión se resumiera en la disputa entre los grandes medios y el gobierno; por caso, la falta de dividas para ahorro se entiende mal colocando en su origen, digamos, a la ley de medios: sería un absurdo. Por el contrario, no lo es que las medidas económicas –y la furia que provocaron en quienes se manifestaron- no puedan ser pensadas por fuera del contexto general de conflicto que data del 2008. Por otro lado, también es cierto que a medida que avanzamos en el tiempo, las movilizaciones opositoras se relacionaban más fuertemente con la disputa entre el gobierno y Clarin: si en septiembre del 2012 las quejas –grosso modo- podían oscilar entre la falta de dólares, la corrupción y cierta animadversión a figuras del elenco gobernante, en noviembre de ese año, aparecía como inminente el “7D” y en abril del 2013 las leyes de reforma del poder judicial. Así, una multiplicidad de problemas –genuinos, fantasiosos, las adjetivaciones que gusten- debían quedar constreñidos por un conflicto más amplio que se alimentaba a sí mismo. Eso no quiere decir que no pudiera beneficiarse –aunque sea político o electoralmente- a quienes se manifestaban; simplemente que una multiplicidad de demandas y reclamos no podían quedar al margen de ese conflicto.
    ¿Diremos, entonces, que los “agravios crecientes” de quienes se manifestaron aprovecharon la oportunidad política dada por un “conflicto entre élites”? La fórmula sería más acertada por abstracción que por lo que dice. En cambio, parece más interesante pensar cómo ciertas oportunidad políticas podían dar lugar a movilizaciones ciertamente masivas pero también fugaces; de alto impacto, con fuertes repercusiones políticas (por lo menos en la creación de cierto clima de hostilidad hacia el oficialismo) pero sin capacidad de encauzarse en un movimiento social y, mucho menos, en un partido político. Creemos que estas movilizaciones podían ciertamente aprovechar “condiciones políticas”, también “condiciones económicas” (aunque sea por el perfil socio-económico de la mayor parte de quienes se manifestaban). La cuestión está en que las mismas “condiciones organizacionales” que permitían aprovechar la coyuntura también implicaban la forma en que lo harían.

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  2. Javier Nuñez
    Efectivamente, buena parte de quienes participaban del cacerolazo no lo hacían simplemente por simpatía con los grandes medios. Es probable que se movieran entre demandas puntuales, la hostilidad hacia el gobierno y la impotencia política demostrada por los partidos opositores. No es paradójico que el conflicto entre el gobierno y el Grupo Clarín se les apareciera a muchos como ajeno. Las movilizaciones anti-k remarcaban su “espontaneísmo” en contraposición a las manifestaciones del oficialismo al tiempo que como recordatorio de que lo que los movilizaba era su capacidad de reconocer los auténticos problemas del país (incrementados, se diría, por el gobierno y frente a los que la oposición se mostraba impotente). Por supuesto, esto también implica que la distancia entre individuos reunidos fugazmente, por un lado, y la solución a los problemas que esas oportunidades resaltan, por el otro, debía ser abismal. De ahí que no es tampoco paradójico que se desconfía de los mismos medios que aprovechaban la manifestación: el cacerolero, políticamente impotente por acción de oficialistas y opositores, necesita aumentar su potencia subjetiva para que esos problemas y quienes los provocan le llegan de afuera. Hay algo de “multitud” en los cacerolazos, se dijo en el 2012; también algo de catártico en la forma en que sus protagonistas se expresan.
    ¿Qué ocurre con las “condiciones organizacionales”? Los medios dan el disparador de la manifestación; probablemente también bendicen tal o cual día y fecha. Facilitan tremendamente la organización e incrementan las dimensiones de la convocatoria. Pero también lidian con un sujeto que se indigna por los que los medios cuentan pero desconfía de las representaciones políticas que deberían provocar una solución; la estrategia puede ser útil para una elección legislativa, no pareciera para las presidenciales. En el ínterin, las manifestaciones estallan, son masivas, impactan; hacen de pequeñas oportunidad de la encarnación de males próximos a cada uno y generales al país. Empero, las mismas condiciones que permiten su éxito llevan a su corta duración, reducen tendencialmente el asombro y el impacto: acaban, como en el caso de febrero de este año, en poco y nada.
    Resumiendo, los factores políticos que favorecieron esas manifestaciones pueden ser encontrados en el conflicto entre el gobierno y el Grupo Clarín, en el éxito electoral del 2011 del oficialismo (o, desde la mirada inversa, en el fracaso opositor) y en las relaciones que quienes protagonizaron los cacerolazos tenían tanto con los medios como con oficialismo y oposición. El resultado sería la posibilidad de acrecentar oportunidades políticas coyunturales (discursos puntuales, problemas de divisas, situaciones de la vida cotidiana) en beneficio del tamaño de las movilizaciones al tiempo que sus propias dinámicas llevaban a su disolución.

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  3. En relación a la consigna D, posiblemente, el proceso de formación de una identidad colectiva al calor de un largo ciclo de protesta que creció durante el transcurso de la segunda mitad de la década de 1990 y, particularmente, hacia lo que autores han confluido en denominar la insurrección del año 2001, sea el que tiene por protagonista al movimiento piquetero. Este puede comenzar a pensarse a partir de dos condiciones estructurales: el aumento de la brecha entre ricos y pobres, asociada a otro factor de mayor centralidad aún, el crecimiento del desempleo, y su consolidación como atributo de una sociedad que había experimentado una situación cercana al pleno empleo durante casi medio siglo; y, concomitante con todo ello, la dimisión del actor sindical, que tradicionalmente había representado los intereses de los trabajadores durante aquel período, nucleado en torno a la CGT.
    Así, sobre la base de una tradición política organizativa preexistente, que en el contexto anteriormente descrito reemplaza la “fábrica” por el “barrio” como lugar de inserción, por fuera y en oposición a las estructuras sindicales tradicionales, es que puede entenderse la existencia de una “red socio espacial” latente, dispuesta a ser activada en el momento en que se desata la crisis generalizada del régimen de convertibilidad. Esta se articula con otro atributo, central para entender el éxito organizativo de la movilización de los desocupados, esto es, el modo asambleario de organización. Podríamos decir que la formación de una identidad colectiva requiere de la participación directa de los actores y, en este sentido, excluye la representación, propia del accionar institucionalizado de la clase obrera. Lo mismo se aplica para el otro elemento constitutivo de la identidad piquetera, al punto de otorgarle su nombre, centrado también en el repertorio de acción, pero más orientado a la demostración pública a fin de lograr visibilidad en el más amplio contexto político y la opinión pública: el piquete y el corte de ruta. Se desprende de este último punto como la identidad surge de la interacción colectiva misma, al interior del grupo y entre éste y otros grupos, los medios de comunicación, y la generalidad de la sociedad. De aquí que pueda entenderse el ciclo de protesta protagonizado por el movimiento piquetero como un proceso “reflexivo”, en el que no solo se conforma la propia identificación, sino que paralelamente se disputa en el contexto político y social, en el sentido de lograr el reconocimiento como un interlocutor válido, poniendo en juego la reinterpretación de normas y, también, la redefinición de espacios públicos y privados. Por ello también se puede realizar una lectura desde el enfoque de la identidad desde donde caracterizar esta demanda como “no negociable”, tomando distancia de una hipótesis “miserabilista” que asocia mecánicamente movilización con intervención estatal simplemente en la forma de otorgamiento “planes”, en un contexto de necesidad (y, por lo mismo, excluyente de la política). Nuevamente, resulta insoslayable tomar nota del hecho de que la identificación haya cristalizado en la denominación “piqueteros” (la acción directa, y la visibilización), mientras que el término “desocupados” remita, en la generalidad de los casos, solamente a un dato estructural.

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  4. Con respecto a la pregunta D, entre los fenómenos de generación de identidades colectivas más importantes en los últimos 10 años podemos destacar a los movimientos LGBT, los movimientos ambientalistas contra la minería a cielo abierto (en Cuyo y en las provincias de la Patagonia), y las comunidades originarias, sobre todo la comunidad qom y wichi. Aunque los tres ya existían previamente, en la última década han cobrado una nueva importancia, principalmente por el hecho de que se han dado en el país conflictos (como en el caso de las comunidades originarias y de los movimientos ambientalistas) o por reconocimiento de derechos (como en el caso de la comunidad LGBT).
    Siguiendo el planteo de Pizzorno, no se puede observar estas identidades colectivas un componente clasista como propio. Los movimientos ambientalistas, específicamente los que ocurrieron en la región de Cuyo, más bien se caracterizaron por la participación de todos los habitantes del pueblo/ciudad en los cortes. En las comunidades indígenas, los reclamos no tienen ningún componente clasista ni su organización se basa en un tipo específico de clase. En el caso del movimiento LGBT, hay una particularidad, ya que dentro de él hay sectores que se autodefinen de forma clasista (los “putos peronistas”) con respecto al resto, aunque el movimiento en sí no se define por un corte clasista. Tampoco ninguno de estos movimientos aplica, en sus estrategias, un cálculo racional instrumental para cumplir sus demandas: primero, en el caso de los movimientos ambientalistas, esta racionalidad era imposible, ya que no tenían la seguridad de que sus reclamos serían oídos, es decir, si su estrategia tendría resultado, ya que el gobierno provincial se había alineado con los intereses de las mineras. En el caso sucede lo mismo con las comunidades originarias, aunque en este caso, la posibilidad de establecer la relación costo-fines era negativa, ya que las comunidades protestaban contra las acciones llevadas a cabo por el gobierno provincial. Finalmente en el caso de la comunidad LGBT, esto tampoco sucede, como bien dice Cesatti en la entrevista sobre los “putos peronistas”, donde dice que la Ley de Matrimonio Igualitario era un deseo del grupo, ellos militaban para conseguir reconocimiento para su subgrupo, apoyaban al gobierno actual, que la había propuesto al Congreso, pero ellos no tenían la certeza de que esta pudiese ser aprobada por el mismo.
    El reconocimiento de estas identidades, y por consiguiente la representación social y política se logra, en primer lugar, en los casos del movimiento LGBT y el movimiento asambleísta, con la creación de entidades que representan sus intereses, como son el CHA (Comunidad Homosexual Argentina) –más allá de la heterogeneidad de perspectivas que plantean subgrupos como los “putos peronistas”- y las diversas asambleas de vecinos auto-convocados (por ejemplo, las de Esquel, Famatina, Chilecito, etc.), en el caso de las comunidades originarias, se respetan las tradiciones y a partir de ellas se elige al cacique de la comunidad (como Félix Díaz, por ejemplo). El reconocimiento de los otros, también necesario para la representación social y política, se dio, en el caso de las comunidades originarias y los movimientos ambientalistas, por el apoyo expreso de notables personalidades públicas y algunos políticos, principalmente de la oposición. En el caso de los movimientos LGBT, este reconocimiento se da con la Ley de Matrimonio Igualitario, promovida por parte del Poder Ejecutivo y aprobada en el Congreso de la Nación, logrando de esta forma la solidaridad necesaria para conseguir la representación social y política.

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  5. Diego Bongianino
    C) Podríamos decir, siguiendo a Tilly, que en los doce años de gobierno kirchnerista siempre hubo descontento de varios sectores de las clases medias pero no siempre hubo organización y acción colectiva. Por lo cual la pregunta sobre el por qué de las movilizaciones de los últimos años, de las cuales la más importante en términos de masividad fue sin dudas la del 8 de Noviembre del 2012, puede ser respondida en relación a las oportunidades y factores de ese momento político en el que surgen. Entre ellos podemos señalar algunos: las medidas de control cambiario tomadas a fines del 2011 en pos de frenar la fuga de divisas (recordar el intento de corrida bancaria luego del triunfo con el 54 % del FPV en Octubre de ese año) las cuales en general soportaron errores de comunicación por parte del mismo gobierno en términos de definición y explicación de problemas; lo mismo se puede marcar con respecto a los índices de inflación y a la falta de profundización en la discusión pública sobre sus causas relacionadas estrechamente a las luchas por el excedente entre los sectores más concentrados de la economía; reconfiguración de alianzas políticas estratégicas (como por ejemplo la ruptura del gobierno con la conducción de Moyano en la CGT y la posible percepción de pérdida de presencia y apoyo al gobierno en la calle o supuesta debilidad a futuro, cuestión que posteriormente se vería relativizada considerablemente). Cabe destacar que en dicha coyuntura, y en cuanto a su definición en particular (utilización y difusión de términos como “Cepo cambiario”, “dólar blue”, “darle a la maquinita”, “despilfarro”, “derroche de subsidios”, “inflación ingobernable”) los medios de comunicación opositores jugaron en ese año un papel importante en cuanto a sus esfuerzos por instalar agenda en medio de la disputa por las cautelares en relación a la Ley de Medios. Con respecto a esto creo que sirve como ejemplo la puesta en el aire del programa de Lanata en Abril del 2012 y el hecho del funcionamiento en tándem que consistió en que cada Domingo La Nación y Clarín anticipaban en tapa los temas que iba a "denunciar" Lanata a la noche y una vez terminado el programa, las ediciones digitales de esos diarios levantaban las frases que se habían dicho en ese programa como si fuera uno de los temas del día Lunes. Esto no significa que los medios opositores fueron determinantes en relación a la movilización pero sí creo que ayudaron en cierta medida en la configuración de un estado de ánimo de ciertos sectores descontentos ya de por sí, y a otorgarle legitimidad a dicho estado. Sumando a esto otro factor como fue la falta de representatividad política por parte de los partidos de la oposición para poder aglutinar en ese año a dichos sectores y canalizar sus demandas de alguna forma.

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  6. Diego Bongianino
    Por último, cabría preguntarse cómo estas “oportunidades políticas” para la movilización, y su aprovechamiento en determinadas coyunturas, se encuentran a su vez atravesadas por factores clasistas. O sea, cómo, en el caso de estas movilizaciones, las autodefiniciones de sus participantes como “ciudadanos de sectores medios” y “apolíticos”, que son factibles de encontrase muy proclives a efectos “desclasadores”, a la vez pueden ser vistas, desde sus modalidades, estrategias y aprovechamiento de las oportunidades, como procesos de diferenciación entre individuos y grupos en disputas de tipo clasista. Esto se puede ver ejemplificado en algunas de las voces de estas movilizaciones protestando en torno a los “gastos en subsidios” que les otorgan a los “otros” y a las “trabas para prosperar” y los altos impuestos que nos cobran a “nosotros”. Otro de los puntos a pensar en torno a la relación entre posibilidades políticas, estrategias y clase podría ser cómo una de las oportunidades básicas abiertas para la movilización que caracterizó a este gobierno en su relación con la protesta como es la política de no reprimir cualquier tipo de reclamo es percibida y valorada de acuerdo a una posición de clase en una coyuntura política específica.

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  7. Mónica Lampe- DNI 29.344.640
    En la movilización “Ni una menos” se puede distinguir varios recursos que se movilizaron a favor de la marcha que se llevó a cabo principios de junio: en principio contamos con aquellos tangibles como por ejemplo los diversos medios de comunicación que participaron informando y apoyando la movilización. Las redes sociales como Facebook y Twitter, siendo el primero el sitio desde donde se originó la iniciativa de la movilización, participaron divulgando y transmitiendo la consigna “Ni una menos” a través de las redes de contactos que estas proporcionaban. Así mismo, los diarios y la televisión se sumaron prestando adhesión a la causa, divulgando información sobre el evento, y en algunos casos, reflexionando sobre la temática mediante la realización entrevistas a personas víctimas de la violencia de género.
    La utilización de estos recursos permitió que la marcha tuviera no solo un gran poder de convocatoria y adhesión, en la que participó gran cantidad de gente desde los ámbitos más variados: personalidades del espectáculo, agrupaciones políticas; sindicatos, estudiantes, ONGs y organismos de derechos humanos y funcionarios públicos sino que además consiguió movilizar los recursos de estos grupos que participaron, sumando adherentes y redes de apoyo, a través de la participación de la marcha misma o sumando actividades propias como por ejemplo el del sindicato de unión de trabajadores de la educación (UTE) que ideó la instalación de una carpa en la esquina de Callao y Corrientes o el Sindicato Único de Trabajadores de la Matanza que propusó asueto escolar el día de la marcha.
    Esta capacidad con que se contó para alcanzar y movilizar vastos sectores de la sociedad e identificarlos bajo la consigna “Ni una menos”, logrando hasta transcender las fronteras nacionales ya que se dieron movilizaciones en Chile y Uruguay, constituye aquellos recursos intangibles, es decir se trata aquellos recursos más especializados como el conocimiento y las habilidad propias del grupos que llevó adelante la organización del movimiento.
    En relación a los casos que menciona Jenking hay algunas similitudes dado a que los movimientos que se dieron en EE UU en la década del sesena y setenta lograron movilizar diversos recursos y así tener un gran alcance a diferentes sectores de la sociedad norteamericana sin embargo para este autor, algunos de los movimientos, como el movimiento a favor de los derechos civiles de los negros no se sirvieron exclusivamente de recursos externos, es decir provenientes de otros grupos (militantes morales) sino que comenzaron movilizando los recursos propios del grupo afectado como las redes comunitarias locales, siendo el mismo grupo afectado representante de su reclamos, para luego ir si expandiéndose a otros sectores.

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  8. Agustina Bogliano - Pregunta B
    La movilización #niunamenos llevada a cabo el pasado 3 de Junio podría enmarcarse, dentro de la Teoría de Movilización de Recursos, haciendo hincapié en el aporte de la sociología histórica. Siguiendo las formas de organización mencionadas por Tilly podría pensarse a esta movilización como una forma de sociabilidad del tipo de CATNET: por un lado, se puede ver una red de sociabilidad voluntaria (NETNESS) y por otro lado, una identidad predominante en la movilización asociada directamente con el género, en este caso, la mujer y la violencia hacia ella (CATNESS)
    Los recursos que fueron más predominantes fueron los de carácter intangible ya que la adhesión a la marcha se dio por un alto grado de identificación y solidaridad del pueblo ante la creciente ola de violencia hacia las mujeres.
    Los vínculos dentro del grupo, si los analizamos, son más bien débiles. Es decir, el impacto logrado por la movilización fue muy grande, atrayendo la participación incluso de figuras públicas y del espectáculo, pero la base social que conformó la marcha fue verdaderamente heterogénea, mezclándose bajo el mismo lema diferentes objetivos de lucha.
    La propuesta #niunamenos podría decirse que llega a quedar vacía al ser tan amplia. Por ejemplo, encontramos discusiones en los días previos y posteriores donde podía verse que algunos adherían a la marcha en contra de la violencia en general, y, particularmente, de la violencia hacia la mujer, pero también hubo gente que estaba contra la violencia hacia la mujer específicamente y apoyaba cánticos sexistas contra los hombres con un grado visible de agresión hacia estos últimos. Si bien el apoyo de los medios y las redes sociales fue de gran ayuda para hacer de la iniciativa #niunamenos una movilización que convocó a miles de personas y sentó un antecedente muy grande en la lucha contra la violencia de género, creo que es un ejemplo de efervescencia social, es decir, de una movilización que pone en la mesa de los reclamos sociales la temática, pero que habrá que ver si tiene la suficiente persistencia en el tiempo para considerarlo un movimiento social fuerte. En comparación con los casos de las luchas norteamericanas expuestas por Jenkins no creo que sean iguales. Tal vez porque en el caso argentino es una lucha que recién ahora ha tomado forma y peso, si bien hace años que se viene llevando a cabo a raíz del crecimiento estadístico en la violencia de género. No ha habido una movilización de recursos ni tangibles ni intangibles de la misma magnitud que en los casos señalados por Jenkins.
    En el enfoque de redes se considera que los movimientos sociales pueden concebirse como manifestaciones de redes socioespaciales latentes. Estas pueden activarse, dice Klandermans, como “estructuras de apoyo para una gran variedad de Movimientos Sociales concretos”. La movilización pareciera tener más un carácter de base, a partir de la cual pueden surgir nuevas formas de reclamo y nuevos movimientos sociales más concretos contra la violencia de género más que una estructura ya organizada de un movimiento en particular previo sólido.

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  9. TP2 - respuesta B - Mansilla Carla DNI 31481114
    Tomando el ejemplo de la marcha convocada el pasado 3 de Junio en el congreso bajo la consigna "Ni una menos" y relacionándolo con los conceptos propuestos en Jenkins; notamos la importancia de los recursos, organización y oportunidades políticas en los grupos dado su modelo multifactorial para analizar la formación de los movimientos sociales. Éstos verdaderos multifactores combinados marcan el potencial de movilización y posibilidad de acción conjunta; aquí la acción colectiva parte del los descontentos generalizados por la no disposición de la totalidad de recursos; que en teoría, deberían poseer los ciudadanos de clase media. En la marcha #niunamenos se motiva la necesidad de reunirse, de accionar como colectivo de "iguales", promocionarse en ésta línea dentro de redes sociales, logrando la publicidad en los medios y redes importantes-institucionalizadas, siendo un conjunto de profesionales convocantes sumado a los que se solidarizan con su presencia/adhesión o participación en los medios.
    "La movilización es el proceso mediante el cual un grupo se asegura el control colectivo sobre los recursos necesarios para la acción colectiva." Es aquí donde podemos diferenciar entre recursos tangibles (valores, espacios, acceso a medios de comunicación masiva) e intangible como la capacidad de acción de los activistas o participantes en lo referente a la organización, aprovechamiento de las acciones de los participantes como colectivo, ect.
    Los recursos tangibles de la convocatoria son mínimos, porque las portavoces de la AC fueron un grupo de intelectuales feministas que denuncian principalmente, entre otras cosas, y desde sus mismos puestos de trabajo, la agresión contra la mujer bajo la figura jurídica del femenicidio; por el momento al ser una convocatoria virtual que se expresa en un encuentro pácifico, abierto a "todos", no cuenta con un espacio rentado, como una unidad básica o local oficial, los recursos tangibles son mínimos, ésto es lo ha resaltar, puesto que la intangilibilidad y la pericia de lxs convocantes fueron clave para el éxito de la marcha. En cuanto a su importancia, es decir, sí efectivamente hay un proceso de concientización en torno a la problemática de la violencia, o sí el tema se instala en agenda pública sin discusiones está por saberse; puesto que lograr, se haga más visible o desaparezca dicho colectivo es difícil de medir dado los usos de las nuevas tecnologías. Vale notar la fuerte presencia de éste tipo nuevo de vinculación en los reclamos a instituciones estatales y/o reclamos en general, en tanto compromiso y solidaridad con "causas comunes" seguridad, ambientalistas, etc.
    Ejemplos que utiliza Jenkins para explicitar éste tipo de movimientos descentralizados son los movimientos de los años 60 o 70 (principalmente mov. estudiantiles, ambientalistas y feministas) como parte de un proceso de reforma social "liberal- democrátrica" con las posibilidad de devenir independientes de pactos políticos en su dinámica de protesta, sobre todo en lo amplio que pueden llegar a ser sus lineamientos ideológicos.
    La importancia de éste tipo de movilización de recursos es relativa, el final queda abierto, por ser un proceso muy reciente, igualmente puede hacerse una analogía por lo que representa la visualización y denuncia a la violencia de género en acciones menos burocratizadas y episódicas que se comienza a perfilar desde los 60/70; proceso aumentado por la transnacionalización de los medios de comunicación masivos.

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  11. Consigna C. Emiliano Kolkowski.
    Durante el gobierno Kirchnerista se han registrado distintas movilizaciones opositoras al gobierno nacional, este fenómeno tuvo sus puntos álgidos durante el 2008 con el denominado conflicto con el campo, el cual desató un debate en torno a las retenciones propuesta por la ley 125, y por otro lado en el 2012 la movilización masiva denominada 8N que conjuró reclamos heterogéneos. Una de las condiciones políticas que han favorecido la aparición de las movilizaciones “anti K” en los últimos años en Argentina es la consolidación de la protesta social caracterizada por la toma del espacio público como recurso para canalizar un reclamo por vías no institucionalizadas, si bien este hecho social tiene una tradición que se retrotrae al kirchnerismo en este período esta modalidad de protesta tiene una alta aceptación que atraviesa todas las clases sociales independientemente de su tradición política o pertenencia ideológica. Otro elemento a tener en cuenta a la hora de analizar las oportunidades políticas que contribuyen al surgimiento de movilizaciones sociales es la adopción de una política de no represión a la protesta social por parte del gobierno Kirchnerista, por lo tanto esta disminución de la capacidad del Estado de reprimir dio pié a una mayor participación por parte de las clases medias en la toma del espacio público y una mayor libertad a la hora de expresar descontentos o proclamas contra el oficialismo. No obstante las condiciones organizacionales no han sido propicias para poder articular las demandas en torno a una estructura que se mantenga en el tiempo. Las movilizaciones han sido esporádicas, no han sido encuadradas dentro de una estructura partidaria, ni siquiera lograron sostenerse como movimiento social, esto se debe a la heterogeneidad de las convocatorias y una amalgama de consignas de las más diversas características, en una nota de Página12

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  12. Aliverti las retrata de la siguiente manera “Fue una marea humana reclamó a ciegas contra la inseguridad. Por la Fragata Libertad. Contra la inflación. Por la Justicia. Contra la re-reelección. Por la libertad de prensa. Contra la corrupción. Por la libertad y listo. Contra la soberbia de Cristina. Por la República. Contra que un juez otorgue salida condicional a un violador. Por la independencia de poderes. Contra Moreno. Por un Consejo de la Magistratura sin presiones. Contra Boudou. Por la Patria. Contra los planes sociales. Por la bandera argentina. Contra la droga. Por comprar dólares libremente. Contra los vagos y los pibes-chorros que toman cerveza que pagamos todos. Por salir del país si se me canta.”(http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-207645-2012-11-12.html).
    Según Tilly existen ciertas condiciones sociales para que una movilización se concrete, para detectarlas se pregunta ¿qué conciencia tiene un grupo de sus intereses?, ¿qué formas de solidaridad lo mantiene unido?, ¿qué estrategias desarrolla?, ¿de qué modo puede el contexto favorecer o inhibir la protesta?. Por lo tanto podemos decir que estas movilizaciones no lograron sedimentar el malestar generalizado en una conciencia de clase, se limitaron a la exultación de un sentido de pertenencia por “un otro” que para estos no representa las formas deseadas de hacer política, ya sea la caracterización del kirncherismo como un “régimen autoritario”, “populista”, clientelar o “choripanero”, como cuestiones no tanto de forma sino de contenido, “el gasto excesivo del Estado”, los subsidios a través de planes “que alimentan vagos” y las distintas políticas que se enfocan en la distribución de la riqueza. Las formas de solidaridad que los mantienen unidos se ven alimentados por un aparato mediático que le da forma a los discursos anteriormente mencionados, no obstante esta solidaridad es parte de una efervescencia que surge a partir de una congregación de intereses individuales, “imposibilidad de comprar dólares”, “reclamos por seguridad”, “reclamos por corrupción” etc.
    Para llevar a cabo esta movilización se valieron de las redes sociales como medio de difusión, sumado a una cobertura mediática que incentivaba dicha movilización.
    Finalmente, siguiendo la teoría de Olson el cual utiliza analogías económicas para explicar los movimientos sociales podemos decir que la organización es una empresa protestataria, la misma reúne medios para invertirlos razonablemente para alcanzar su propósito. Para el autor el factor principal de explicación es la accesibilidad de los recursos, tanto de organización como de cuadros. Los recursos con los que cuentan para estas movilizaciones son una cobertura mediática favorable, un arco opositor atomizado que no puede capitalizar electoralmente estos acontecimientos pero, sin embargo, logran acentuar el enfrentamiento binario amigo/enemigo propio del concepto de lo político desarrollado por Schmitt.

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