lunes, 12 de mayo de 2014

Devolución TP 2



Veo que hay resistencia a pensar la contradicción entre determinación estructural y  lucha colectiva, usando la salida de la lectura convencional de los textos de Marx. Despues vamos a ver en clase una serie de contradicciones asociadas a este problema. Separo la devolución entre quienes respondieron a la primera y la segunda consigna.

1)

Alexis Rodriguez  y Carina Ricciardelli muestran que a través de la lucha se va configurando una conciencia de pertenencia de clase. Tomando el periodo de 1900 a 1943 de gestación de la clase obrera que caracteriza como de “disputas y resistencias por parte de las masas al poder del naciente Estado argentino” que me parece que es una afirmación que le cabe más al anterior periodo de las montoneras contra la “organización nacional” oligárquica. Durante las primeras décadas del S XX sobresalen las primeras huelgas y organizaciones obreras solidarias y de lucha antipatronales junto con la movilización política del joven radicalismo detrás de la bandera de la abstención revolucionaria. La capacidad de alteración del orden público en la calle o la capacidad de llevar adelante medidas de fuerza como las huelgas no es equivalente a desafiar directamente al poder político establecido, es decir no es equivalente a lucha política, que en este periodo quedaría circunscripta al radicalismo. Combatir la policía y resistir la represión no es equivalente a plantear una lucha política por el control del estado, más allá de las proclamas y postulados ideológicos. Es importante destacar, como hace Maximiliano J. Desmarás, el elemento reactivo de las primeras luchas: los grandes conflictos y rebeliones urbanas obreras ocurren luego de agravios importantes de parte de patronales (despidos, falta de pagos) y estado (represión indiscriminada). Son las clases dominantes (oligarquía ya formada) las que alteran primero el statu quo en desmedro del naciente proletariado (clase en formación) y esto “obliga” a la lucha y la colectivización de la clase.

Miguel Gaztañaga utiliza el ejemplo de las milicias populares que se formaron a los efectos de resistir a los ingleses invasores de 1806/7. La auto organización militar y el acceso a las armas por parte de segmentos de las clases populares van a ser una constante durante toda la guerra independentista pero en el ejemplo suministrado la principal identidad o conciencia que se juega no es específicamente “clasista” sino “patriótica”, la colectividad de pertenencia que se gesta a nivel simbólico y reclama lealtad es “la patria”, la conciencia de compartir el mismo “suelo”, etc. Solo secundariamente y más tarde aparecen los clivajes de clase: en el motín de las trenzas, por ejemplo, o en la milicias de Artigas y los caudillos orientales donde aparece la figura del campesino pobre y desterrado con sus propias demandas frente a las clases propietarias. No obstante es importante destacar que las guerras como conflictos agudos son instancias muy fuertes de constitución identitaria.

Irina Toranzo Calderón utiliza correctamente el ejemplo de las guerras calchaquíes o sea resistencias indígenas al orden colonial para diferenciar luchas de clases de luchas de estamentos.

Pablo Mattera defiende con ahínco la lectura del planteo clásico de Marx. “Clásico” en el sentido de que fue el más citado por el canon doctrinal de los partidos de izquierda, anclado al esquema clase en sí – para sí, pero haciendo una lectura trunca de la cita de la Miseria de la filosofía, que omite el párrafo anterior en donde dice que los capitalistas que “se reunen con deseos de represión”  son los que hacen superar el mero interés de mantener salarios y pasar a defender la organización colectiva como tal. También la lectura tradicional se da de patadas con los párrafos posteriores en donde se describe cómo la burguesía se constituyó en clase enfrentando a absolutismos y aristocracias. El proletariado se constituye como clase en la lucha contra otra clase que está ya constituida y por tanto puede intentar dominar a la masa trabajadora desde intereses ya políticamente configurados. Es la resistencia a esta dominación ya política la que tiene efectos de formación de clase. Pero en todo esto el papel de supuestas “estructuras” no aparece al menos de manera evidente en los textos mismos. Para aquellos amantes de la eficacia histórica de las fuerzas productivas y las relaciones de producción hay que leer la brillante referencia de Marx en la p. 169 en donde caracteriza la “mayor invención de la industria moderna” (la self acting mule textil) como un arma contra las organizaciones de los tejedores. Acá aparece claramente que la lucha de clases no deriva ni se enmarca en instancias independientes de ella (el capital, la tecnología), sino que es constitutiva de esas supuestas “estructuras”. La forma de pensar esto “acríticamente” como un suave despliegue dialéctico en el que la estructura pone la mesa, hace la comida y la sirve “en si” y luego vienen las clases y se la mastican y la digieren “para sí”, no deja de ser una ingenuidad teleológica ya que en la misma obra de Marx hay innumerables referencias a cómo la lucha de clases, los comensales, se meten en la cocina, las estructuras. Los textos de la Ideología Alemana son claros: las “estructuras” son disolventes e individualizantes, solo el tener que enfrentar a otra clase ya constituida que acciona de manera opresiva, unifica y colectiviza.

Camila Matrero utiliza la agudización de la polarización política que desató la resistencia peronista como catalizador de la identidad clasista obrera. La superposición del clivaje clasista (clases propietarias-trabajadores) con clivajes políticos (gorila-peroncho) se acelera con la lucha. No hay mención a elementos estructurales operantes (desarrollismo, gran capital extranjero industrial, etc.).

Guadalupe Frías ve en el conflicto conocido como Grito de Alcorta un ejemplo para problematizar la constitución de estos sectores como clase: frente a los terratenientes primero pero frente al proletariado rural después. Marx tiene importantes indicaciones sobre el campesinado parcelario en el 18 Brumario.

2)
Federico Perez señala con acierto el elemento de homogeneidad que se subraya en los planteos weberianos de clase como base posible de acción comunitaria. El ejemplo que utiliza es el de la unidad de los indios pampas frente al conquistador con sus exacciones. Sin embargo, el ejemplo no es del todo feliz: justamente en este ejemplo es el conflicto y el enfrentamiento lo que aglutina a grupos con lenguas y tradiciones distintas.

En este sentido, es más claro el ejemplo de Mauro Rossetto que plantea acertadamente las montoneras federales y el caudillismo como surgimiento de acción comunitaria con una base en las condiciones homogéneas de vida.

Guido Turdera aborda la cuestión de la resistencia peronista y las estructuras de sentimiento que invoca James como formas weberianas de entender la acción colectiva de la época en tanto formas de subjetivación política y social no reductibles a determinaciones de clase. En este sentido es interesante contraponer lo analizado por Camila en tanto la resistencia consolida la superposición de la identidad de clase con el “sentimiento” peronista, cuyos contenidos ideológicos o doctrinarios serían formalmente “desclasadores”. Aquí, de nuevo, me parece que hay que resaltar el papel de la lucha y el enfrentamiento: en la misma medida que el peronismo encara el antagonismo contra “la oligarquía y las empresas imperialistas” la identidad obrera queda comprendida dentro de lo nacional-popular. En la medida que se enfatizan los elementos doctrinarios de integración, solamente quedan los significantes “nacional-antiimperialistas”.

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