Miguel Alfredo
piensa que las movilizaciones de clases medias durante el posneoliberalismo
pueden interpretarse como reclamos de reconocimiento de méritos en términos de
cierre social. Es interesante ver que la
resistencia a la AUH se basa en dar educación y no plata. En este sentido es
cierto lo del cierre social: a través de la educación se legitima el fracaso de
las clases populares y se jerarquizan los méritos del éxito escolar de las clases
medias. Sin embargo, es claro que la
anulación de la AUH no es un eje de las convocatorias, ni que muchos de sus
concurrentes no impugnen a la
misma. Habría que preguntarse si
los ejes políticos republicanos de cuestionamiento al “autoritarismo” y la “corrupción”,
y los ejes económicos de libre acceso a las divisas y contra la inflación, el
pago del 82 por ciento a los jubilados, la seguridad son meras formas de
enmascarar intentos de preservar distancias sociales meritocráticas o hay otros
elementos de defensa de estilos de vida. Es muy interesante el giro que le da
Fernan a una lectura desde Parkin: no se trataría de un cierre social meritocrático
típico de identidad “de clase media”, (vivir muy
preocupadísimo por no ser “uno más”). En realidad las clases medias intentarían
con sus movilizaciones callejeras y blogs una acción de usurpación sobre el
sistema político que sienten ajeno. Con
acierto dice que las clases medias se sienten como polo excluido de una acción
de cierre social –monopolización del acceso al sistema político-, supuestamente
ejercida por el gobierno, sus empresarios amigos y sus 11 millones de bandidos
(elecciones 2011). La hipótesis es muy
interesante pero también habría que responder a posibles preguntas adicionales:
Es cierto que los gobiernos peronistas integran materialmente a los sectores
medios mientras que discursivamente los excluyen pero el kirchnerismo se aleja
de este patrón y procura acercarse al mundo de los intelectuales y artistas,
simbólica y materialmente. No hay vestigios “populistas” clásicos en el
discurso de CFK, la identidad obrera incluso es asociada a “corporación” por
momentos, etc. También habría que preguntarse por qué la oposición cerril al
gobierno que tiene múltiples exponentes no llega a concitar confianza y
adhesión entre las clases medias que se sienten excluidas. Por qué cuando
electoralmente estuvieron muy bien en el 2009 no lograron mantener el apoyo. Por qué las
clases medias confían más en las calles que en la construcción política. Pero vale la pena seguir dándole vueltas al asunto.
Ramiro toma “la ley de la clase excedente” como
intento explicativo. El gobierno impediría una mayor apropiación de excedente a
estas clases medias que acompañan la expansión capitalista a través de
políticas cambiarias, etc. Aquí aparece el problema típico de todo análisis
economicista: si las clases medias también fueron muy beneficiadas por las
políticas de subsidio del consumo y redistributivas ¿porque se oponen?, ¿solo
por los viajes al exterior y los dólares?. Pero vale la pena complejizar la
hipótesis economicista: Habría que preguntarse si no hay desde el punto de
vista económico un problema más profundo que no es el consumo de las clases
medias que sigue siendo sumamente expansivo incluyendo el turismo al exterior,
sino de acumulación de las clases medias: no hay acceso a la vivienda por el
encarecimiento de la tierra urbana agudizado con la restricción cambiaria para
las operaciones inmobiliarias, las tasas de interés bancaria son negativas
frente a la inflación. La clase excedente se queda no sin consumo sino sin
posibilidades de acumulación rentable. Le queda cambiar el auto cada dos años.
Marina Marchesi toma el tema de Parkin referido a los
movimientos de desocupados desde el punto de vista de la pluralidad de
exclusiones, y no solo de la exclusión de la propiedad. Es certera la
apreciación que los movimientos territoriales se encargan de múltiples
exclusiones pero hay que recordar que los fenómenos de desocupación del
neoliberalismo y la desocupación endémica afectaban la propiedad de la fuerza
de trabajo: pérdida de valor económica y precarización, vulnerabilización,
flexibilización, etc. Hay que recordar que en el capitalismo la fuerza de
trabajo también es “propiedad” privada que puede ser además de explotada,
expropiada o inutilizada.
Sobre el mismo tema Florencia tomó el punto de vista
clásico marxista estructuralista. Los desocupados son supernumerarios, ejercito
industrial de reserva que permite aumentar la explotación y disciplinamiento
del proletariado productivo, etc. Serían
entonces un segmento de la clase obrera en términos estructurales y una fuerza
social en términos coyunturales. Este esquema se adapta bien a los orígenes: ex
obreros petroleros en el sur o en Salta, etc. El problema aquí es que hacia
fines de los 90 ya había buena parte de los jóvenes desocupados integrantes de
los movimientos que nunca habían
trabajado y no tenían experiencia laboral. ¿Cómo podrían constituirse como
clase si nunca habían participado de relaciones de producción capitalistas?. Al
mismo tiempo no es un detalle menor que la totalidad de los grupos se
autodenominaba “trabajadores desocupados” es decir la identidad de clase era
algo muy arraigado. Este tipo de
procesos , la movilización de desocupados permanentes, ni Harnecker ni el marxismo habían reflexionado
nunca salvo para endosarle el concepto de lumpen proletariat o subproletariado
que equivalía a una anatema teórica y política. La conceptualización de clases
populares en los países periféricos o clases subalternas ha tratado vía Gramsci
subsanar estas falencias de cobertura de la teoría de las clases.
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