lunes, 7 de octubre de 2013

TEXTO DE APOYO Y TRABAJO PRACTICO UNIDAD 3. Parte A

Los textos de Giddens y Crompton señalan el conjunto de limitaciones con que se topan los planteos clásicos herederos de Weber y Marx en la evolución de los capitalismos avanzados, sobre todo a partir de los años ’60. Las tendencias  a la despolarización de la estructura de clases, el crecimiento de los sectores de servicios y del trabajo no manual, el abandono del trabajo como fuente de identidad y de pertenencia colectiva, las orientaciones culturales consumistas e individualistas, la incidencia de diferenciaciones raciales y de género, el surgimiento de actores políticos transclasistas (ecologistas, pacifistas), el desclasamiento del voto (apoyo electoral de clases obreras a conservadores), etc. pueden resumirse en tres grandes procesos que debilitan el análisis de clase: el “pos industrialismo”, el “pos fordismo” y el “pos modernismo”.

El esquema giddensiano que apela a los procesos de estructuración de clase puede decirse que constituyeron el último gran esfuerzo de enfrentar estos problemas con las herramientas legadas por los clásicos. La solución de Giddens es simplemente pensar las clases como capas de determinaciones sociales que empiezan por el mercado de trabajo, siguen en los factores comunitarios y demográficos  y terminan en aspectos de status y prestigio, sentidos de pertenencia e identidad, sin olvidar el papel de la lucha de clases. Giddens hace un verdadero melting pot que mezcla todo y así multiplica las dificultades más que subsanarlas.

Los enfoques contemporáneos que parten de Olin Wright y Bourdieu (ambos tienen antecedentes en Poulantzas el primero y en Norbert Elías el segundo) comienzan a modificar o abandonar de manera ostensible los parámetros de la tradición marxiana y weberiana y en este sentido podría decirse que inauguran una etapa posclásica.

O. Wright avanza en un modelo de determinación global que categoriza las relaciones entre estructuras económicas y políticas con la lucha de clases. Podríamos decir que los aportes sustantivos a este respecto son dos: 1) lejos de la tradición clásica, la lucha de clases no se deriva del mercado o las relaciones de producción, sino que establece una serie de relaciones de limitación y transformación. La lucha de clases no permanece como efecto exterior a la estructura sino que es la forma misma del proceso de transformación de la estructura. El “secretillo” del esquema de O. Wright es que si la estructura económica puede establecer un límite de compatibilidad funcional a otras estructuras, no puede establecerlo sobre la lucha de clases. La lucha de clases está limitada pero es “libre” frente a las estructuras, es decir puede transformarlas.  Las estructuras sin dudas introducen limitaciones a la lucha de clases pero no al punto de que la lucha de clases no pueda incidir sobre las mismas estructuras que la limitan.

2) Además las relaciones de limitación (que en los planteos clásicos era la única reconocida) entran en no correspondencia con los de reproducción. Una estructura económica puede establecer límites de variabilidad a las estructuras políticas y la lucha de clases pero ello no garantiza que las intervenciones políticas y la lucha de clases asuman un papel no reproductivo y de mediación o transformación de las mismas estructuras.

 

El otro de los aportes rupturistas en lo teórico de este autor es la idea extraordinaria de que las clases medias tienen posiciones estructuralmente ambiguas o contradictorias pero no por ello dejan de ser clases. Las clases medias no pertenecen a un modo sino que cruzan dos modos de producción: el mercantil simple y el capitalista.  Asimismo es importante el análisis de los tres procesos contemporáneos que inciden en los procesos de establecer fronteras de clase entre las clases medias: la pérdida de control en el proceso de trabajo, la diferenciación de funciones del capital entre propiedad y gestión, y las jerarquías de autoridad y las formas de control técnico impersonal.

También es novedoso el planteo de diferenciar interés de clase y capacidades de clase (estructurales y organizativas), abriendo conceptualmente la cuestión del proceso de formación de clase que, a su vez, es objeto mismo de la lucha de clases. Es decir, siembra las bases de la politización y deseconomización de la lucha de clases: las mismas  capacidades de clase no son derivaciones directas de la posición económica de clase sino que son objeto y producto  de la lucha de clase misma.

También es importante la discusión sobre el concepto de explotación, que es un tradicional pilar de las teorías clásicas. Aquí se ve algo poco señalado: la explotación supone niveles de dependencia recíproca entre explotador y explotado, a diferencia de las relaciones de opresión. Es clásico el planteo de Wright en tanto que clase se sigue refiriendo a relaciones de explotación y no de opresión pero, no obstante, las relaciones de dominación de clase (regulan el nivel de esta interdependencia o reciprocidad) son importantes aunque subordinadas a la explotación.

También son aportes muy sugestivos la manera de caracterizar el poder de clase como en tres dimensiones situacional, institucional o sistémico.  Sintéticamente el primero es el poder de dar órdenes a los actores para que actúen de determinada manera (poder positivo), el segundo es el poder de excluir o quitar de la agenda, de la consideración, determinadas acciones (poder negativo) y el tercero es lograr que las reglas de juego que destribuyen posibilidades de ejercer los otros dos tipos de poder sean sesgadas a favor de la propia clase. Este tipo de poder sistémico es en cierto punto invisible y controla lo que es pensable políticamente para las posiciones de clase subordinadas. Las luchas de clase siempre son tridimensionales y afectan estas tres dimensiones con dominancias cambiantes: hay una lucha liberal/ “progresista”/”populista”  el poder positivo, una lucha reformista/conservadora por el poder institucional y una revolucionaria/reaccionaria por el poder sistémico.

No es menos novedoso el planteo de P. Bourdieu en el Cap. 2 de ese clásico de la sociología de la cultura que es La Distinción. Allí se establecen con gran fuerza los conceptos analíticos del “espacio social”, es decir, el locus sobre el que se hacen inteligibles las clases sociales. En este capítulo Bourdieu desarrolla una teoría de las clases sociales sobre las nociones de habitus, campo y especies de capital que intenta superar las limitaciones metodológicas y analíticas de los planteos empiristas, marxistas, etc. El procedimiento constructivo adoptado asume la forma de una topografía móvil o de mapa dinámico en el que se intersectan los planos sincrónicos estucturales y diacrónicos tendenciales.

 

La problemática de las clases es definida como aquella búsqueda de explicación de distribuciones de bienes y prácticas, aclarando dos cosas: a) que los  bienes no son objetividades dadas sino que se inscriben en usos sociales asociados a estilos de vida, donde los productos son también productos de las disposiciones de los agentes (formas de percepción, acción y apreciación) ; y b) las prácticas no son puras elecciones voluntarias y concientes indeterminadas sino que deben ser comprendidas no como simples efectos mecánicos de la posesión de capital objetivado social y económico, sino también como estructuradas a través de habitus (capital incorporado) y en relación a las fuerzas y tensiones que atraviesan los campos específicos en donde se ponen en juego. No solamente las condiciones homogéneas de existencia, sino también las disposiciones incorporadas en los agentes explican la similitud de prácticas.  Además, los mecanismos de acceso a las posiciones de clase seleccionan en múltiples formas visibles o enmascaradas según criterios de evaluación de disposiciones muchas veces “secundarias” . La dialéctica entre la posesión y la disposición es el dispositivo teórico mediante el cual Bourdieu intenta develar la eficacia “objetiva” de las clases sociales.

La causalidad propia de la determinación clasista asume una forma “estructural” y no “lineal” que obliga a indagar cómo cada factor (edad, sexo, residencia, etc.) y tipo de capital es mediado por los otros.  Así Bourdieu presenta un espacio social de constitución de clases, construido en dos dimensiones de tres series: volumen, estructura (composición por tipo) y evolución del capital; y capital económico, social y cultural. Estos espacios ofrecen relaciones variables de congruencia y simetría. Desde grupos que comparten altos volúmenes de todos los tipos de capital y son fundamentalmente estables en su composición y permanencia futura, y otros grupos que ofrecen disparidades notables y fuertes inestabilidades. Diversas fracciones de la pequeño burguesía son ejemplos de estos últimos. La evidencia empírica muestra que dentro de diversas clases y fracciones existe una relación inversa entre capital económico y capital escolar y cultural. Las burguesía en sus fracciones superiores se independiza de las exigencias de la adquisición de capital cultural, y en cambio la pequeña burguesía y los profesionales depositan en él su esperanza de sostenimiento y ascenso social.

La contribución más rica del texto es la que analiza las trayectorias, el dinamismo de los campos considerados y las estrategias de los agentes. Todos los grupos tienden a una doble  lucha: para mantener y acrecentar el valor de la especie mayoritaria de capital propio, y por la prevalencia de los criterios de valorización más favorables a ellos en cada campo.  Este es un cuarto tipo de capital: el capital simbólico que viene anexo a todas las otras formas de capital.  Hay que luchar por la distribución de cada forma de capital y también por la vigencia, el reconocimiento por parte del resto de los agentes y la legitimidad del propio valor del capital apropiado.  

Una de las estrategias de los agentes es la movilidad de capital que puede ser vertical cuando es ascenso/descenso dentro del mismo tipo de capital. Pero las más interesantes son  las que implican un desplazamiento transversal, es decir, entre campos distintos que obliga a establecer una reconversión de valor entre el capital poseido y el capital que se adquiere con él. Es en este sentido que juega la idea de “inversión” como apuesta a un juego de valorizaciones. A ello lo llama procesos de “conversión” y son cruciales a la hora de entender las luchas en el espacio social: los agentes tienen estrategias de “apuesta” a ganar espacios en diversos campos mediante la conversión de un tipo de capital en otro.

En este esquema explicativo, el autor estudia uno de los fenómenos más interesantes del campo cultural: la superproducción de títulos, la democratización de la enseñanza superior y la devaluacion del capital cultural escolarizado.

Las estrategias de aumento del capital escolar, aumentando la inversión económica de las familias en educación, chocan con el efecto de pérdida de valor de mercado de los mismos títulos alcanzados. Bourdieu describe el efecto de alodoxia como un autoengaño que retrasa la percepción real del valor objetivo de los títulos, ya que los habitus incorporados siguen aplicando formas de apreciación ancladas en su tiempo de adquisición y no en la situación de mercado actual. Es por ello que la expansión de la distribución de capital cultural escolar se acompaña de una “generación engañada” que no puede alcanzar las expectativas prometidas asociadas a su inversión en esta especie de capital, dando lugar a procesos de desclasamiento o al riesgo de de desviarse por debajo de las trayectorias esperadas. Los sectores de la pequeño burguesía son particularmente sensibles a estas amenazas y ante ellas ponen en práctica estrategias de movilización no solo de su capital social, sino también de búsquedas de posiciones accesibles y acomodamientos que redefinen profesiones y puestos de trabajo. Así, los campos laborales más nuevos, más dipersos y menos codificados dan oportunidades a una gama variada y flexible de empleos semiburgueses vinculados a los servicios personales, medios de comunicación, entretenimiento, cultura y a todas las formas novedosas de ejercicio de la dominación suave y la integración simbólica de las clases subordinadas.

Los procesos de devaluación de títulos generalmente adoptan la forma invisible e insensible y suave que maximiza el efecto de alodoxia multiplicando los errores de apreciación que no tardan en convertirse en crisis personales. Las transformaciones del campo escolar apelan a tres mecanismos de filtrado de las estrategias de ascenso de estos sectores: eliminación suave o rezago progresivo, relegamiento a circuitos educativos explícitamente desvalorizados, y devaluación del valor del título. Si todo esto no fuera suficiente siempre quedan los mecanismos de exclusión, discriminación, selección, cupos, patronazgo, etc. con el que  se preservan espacios y monopolios de oportunidades.

Las estrategias de los grupos y las respuestas de los que disputan con ellos van generando efectos de deformación de la estructura o de traslación de estructuras por la cual las distancias jerárquicas entre posiciones se mantienen no a pesar, sino justamente en virtud de los cambios en las acciones y disposiciones de los grupos. Las propiedades ordinales de los campos se conservan mediante cambios en sus propiedades cardinales (posicionales), concluirá Bourdieu que, sin embargo, termina alentando expectativas de cambios estructurales por los efectos de una crisis de frustración de expectativas generalizadas.

El indudable defecto de la gigantesca contribución de Bourdieu es su omisión a la lucha y el conflicto. Si bien él las considera conceptualmente en la dimensión analítica de la “historia” del campo en particular, en sus investigaciones empíricas brillan por su ausencia y los campos aparecen como espacios sociales rígidos y carentes de tensión. No obstante, los conceptos de Bourdieu son casi insustituibles a la hora de pensar un análisis de la lucha desde una perspectiva clasista.

Por último tenemos los textos de Gouldner y Goldthorpe como dos de los principales teóricos de la emergencia de la clase media.  El primero tributario de las teorías del posindustrialismo y la tecnoestructura directamente tiende a considerar a las clases medias como los verdaderos soportes de la sociedad contemporánea y en fuerte disputa con las viejas clases propietarias. Aunque en muchos sentidos este planteo haya envejecido notablemente (la concentración de ingresos y propiedad en el capitalismo global actual refuta claramente sus análisis) no deja de llamar a la reflexión algunos de sus señalamientos históricos. Considero que el Codigo de Discurso Crítico sigue siendo un lenguaje  universal de las clases medias basadas en el saber y la competencia técnica y humanística.  Además también tiene considerable asidero histórico que el papel de las clases medias en los procesos de cambio social ha sido siempre importante.

Goldthorpe es un analista de la estructura de clases en el primer mundo y sus hallazgos empíricos hacia finales de los ’80 llevaron a posar la atención en el fenómeno llamado de las “clases de servicios” caracterizadas por evadir algunas de los rasgos propios de las relaciones laborales de asalariados. A la manera de una “incrustación” estamental en el medio de las organizaciones corporativas económicas más modernas, las clases de servicios (gerentes, desarrolladores, técnicos expertos,  etc.) se caracterizan por elevados grados de autonomía en el trabajo, fuertes identidades y sentidos de pertenencia profesionales, bajo compromiso con las organizaciones, son beneficiarios de relaciones de confianza por parte de los propietarios y accionistas, y también tienen expectativas de seguridad y estímulos diferenciales o expectativas de “privilegios” prospectivos (carrera profesional o ejecutiva, muchas veces honorarios en vez de salario, etc.). Los señalamientos de que estos sectores tienen un amplio reclutamiento de origen popular (merced a la inversión en capital y credenciales educativas) y que podrían ser la base de cuestionamientos al sistema, sostener orientaciones contraculturales y conductas de radicalismo político, no dejan de ser interesantes ya que hay suficientes estudios que localizan la presencia de este tipo de agentes sociales en los movimientos sociales ecologistas, pacificistas, contraculturales, feministas, etc.  

TRABAJO PRÁCTICO 4

Elija una.

1)      Utilice el esquema propuesto por O. Wright acerca de cómo interpretar el papel de la lucha de clases en la determinación de las estructuras económicas y estatales, y en las intervenciones políticas estatales, para procesos históricos de Argentina o A. Latina. Otra manera de formular la consigna es ¿Qué tipos de mecanismos de mediación y transformación ejerce o ejerció la lucha de clases en el contexto de Argentina y A. Latina?

2)      ¿Cuáles han sido las capacidades estructurales y organizativas desarrolladas por las clases medias en nuestra historia reciente?

Elija una.

1)      En términos de la terminología de Bourdieu (volumen, tipo de composición de capitales) cómo caracterizaría la evolución de las clases medias en la Argentina desde la dictadura en adelante. ¿Cómo evolucionó el espacio social de clase media?.

2)      ¿Es posible hablar de una clase de servicios o de Nueva Clase en nuestro país? ¿Qué aplicabilidad pueden tener estos conceptos en nuestro contexto?

viernes, 13 de septiembre de 2013

DEVOLUCION TP UNIDAD 2B

DEVOLUCION TP UNIDAD 2B

1) Respecto de Elster y las paradojas de la acción colectiva.
Miguel cuestiona a Elster pero no contesta la pregunta acerca de cómo se suele comportar él... mmmmm muy sospechoso.
Fernán va al asunto de las tres actitudes ante el dilema del free rider pero tampoco confiesa qué hace él.... mmmmmmm muy sospechoso. 
Florencia se considera una kantiana abnegada y universalista.... mmmmm más sospechoso aún.
Jerónimo también adopta la máxima kantiana, pero reconoce un tema importante: EL PRINCIPISMO suele tener costos hacia otros (rememorando la famosa antinomia weberiana entre ética de responsabilidad y ética de convicción). El kantiano invocando el bien superior colectivo y su propio “sacrificio” legitima la transferencias de costos hacia otros individuos o colectivos.
Alina queda bien con todo el mundo, cumple la consigna, cumple con Elster, lo que se llama una respuesta “políticamente correcta”. En el mismo sentido va la escueta respuesta de Sebastián.
Florencia Aguilera introduce la cuestión mayor de la tensión entre lo individual y lo colectivo a nivel ideológico y cultural. Sin embargo, esta cuestión también está atravesada por paradojas: los individualistas partidarios de la libre iniciativa privada tienen que organizarse colectivamente para defenderla, lo mismo que los que sostienen causas supuestamente colectivas no pueden ignorar los intereses individuales de los que luchas por esas causas colectivas. Tiene razón Florencia en que los justicieros trazan el mínimo de racionalidad: la acción colectiva con sus costos y riesgos tiene sentido si al menos el beneficio individual medio o mayoritario los justifica.
Marina dice bien que depende de cada tipo de lucha. Hay luchas donde la implicancia de los intereses individuales son directos e inmediatos (aumento salarial, por ej.) y en otros que son muy indirectos (inclusión social, igualdad de género, ley de medios, etc.). Pero esto no sé hasta qué punto condiciona la adopción de decisiones de participar en la lucha en sentido kantiano, utilitarista o justiciero. ¿Uno va a una marcha por la igualdad de género aunque sepa que no va ir nadie más y no va a tener repercusión o uno se suma cuando ya el movimiento demuestra su importancia? 

2) Soluciones al dilema del free rider.

Miguel menciona con acierto el peso de la integración cultural comunitaria campesina en Bolivia, pero no entiendo cómo relaciona a la guerrilla del M26 cubana con las soluciones de mercado: ¿fidel les pagó a los que se embarcaron en el Gramma?. Acá puede haber un error de comprensión del texto de Lichbach. En realidad si el argumento es que eran sectores medios pudientes los primeros integrantes de la guerrilla, los incentivos de mercado son menos eficientes.

Fernán propone el conflicto con el “campo” y arriesga la hipótesis de una solución comunitaria para acercar a las clases medias urbanas pero luego no terminó de entender el argumento. En realidad el ejemplo es bueno si se consideran las apelaciones a la “patria”, la unidad de los “argentinos de bien”, la equivalencia de campo=nación, etc.
El ejemplo sobre solución jerárquica no se entiende atribuida al peronismo, los empresarios, los sindicalistas, no se entiende bien, mucho menos la del 17 de octubre. Si hay algo que el 17 de octubre no fue, es algo jerárquico: las masas desconocieron la resolución del C.D de la CGT. A repasar algo de historia ¡que no viene mal!

Es muy bueno en cambio el ejemplo de los comedores de Florencia P. y el intento de solución sobre la base de valores comunitarios. Pero en este caso no se ponen en juego valores o identidades comunitarias sino una ideología “comunitarista” moralista. En realidad la solución comunitaria supone la invocación de identidades fuertes preexistentes o valores o costumbres arraigadas: el cristianismo popular, la pertenencia a una etnia particular o culto religioso, por ej.  También es bueno el ejemplo del EZLN como solución de contrato y autogobierno.

 Jerónimo en cambio plantea que los desocupados resuelven por sentido de pertenencia al grupo. Creo que esta hipótesis es falsa por lo menos en la fase inicial y de ascenso de estos movimientos ya que las acuciantes necesidades aglutinaba gente que no se conocía entre sí e incluso que recelaban entre sí. Las soluciones que ofrecían estos grupos pasaban claramente por criterios de equidad en la distribución de los planes y beneficios obtenidos entre quienes más participaban en las luchas y la organización: es decir una solución de mercado (expectativa de beneficio) y de contrato (cumplimiento equitativo).
Acierta con las soluciones comunitarias vinculadas al centro simbólico de la tierra en el caso del campesinado indígena boliviano.
Alina malinterpreta solución de mercado con competencia de grupos opuestos. Esto es una seria confusión. Tampoco creo que sea muy atinada la idea de la lucha estudiantil contra la Ley universitaria del 95 como un tema de “valores comunes”, en todo caso habría que justificarlo mejor. Hay que releer el texto, el texto de apoyo o preguntar mejor a los profes.
Florencia A. propone ERP y Montos como ejemplos de valores comunes o sea por la homogeneidad ideológica. Es atendible pero también hay que recordar que las organizaciones militares básicamente evitan los free riders y oportunistas a través de la disciplina interna y la jerarquía de mando.
El ejemplo de Marina es interesante: la lucha por el edificio con la toma de la facultad incluyó estrategias comunitarias. Pero esto debería fundamentarse si se hubiese apelado a identidades e idiosincracias propias de sociales. Llamar a asambleas no es en sí misma una solución “comunitaria”. Si hay necesidad de hacer algo para “reforzar el compromiso”, eso mismo quiere decir que los lazos identitarios y comunitarios son débiles.
El ejemplo de Sebastián es escueto pero preciso: efectivamente la Iglesia invoca sacrosantos valores identitarios para evitar desertores y también un toque de jerarquía: de hecho los colegios católicos “obligaban” a alumnos y padres a participar de las marchas.

3) Sobre empresarios sociales

Miguel propone a Blumberg y De Angelis acertadamente. La particularidad del primero es que su calidad de “víctima” sufriente le otorga el capital social que moviliza como “empresario social” al que pretende adicionarle “el título de Ingeniero”. También Jerónimo y Alina lo proponen, espero que no sea por la burda coincidencia de que Blúmberg es de hecho de ocupación “empresario”. La palabra empresario en la teoría de la movilización de recursos tiene valor figurativo, metafórico, no literal. No obstante es alguien traslada su “respetabilidad” como directivo gerencial al movimiento de la seguridad y por tanto el ejemplo me parece correcto. También es acertado el ejemplo de Castells en su momento con los jubilados. Pero ojo que no cualquier líder es un empresario social. Por eso que el ejemplo de Moyano que propone Marina es completamente equivocado y supone un error de comprensión del concepto.
Fernán propone a Lanata y aunque es para discutir pero me parece que acierta.
Florencia P. propone a la chechu Pando, y aquí habría que hacer una disgresión: en tanto militante de una causa no es una empresaria política pero en tanto que por su tipo de personalidad desinhibida y brutal tiene un capital mediático que trasporta al movimiento le cabe la figura de empresaria del movimiento.
Sebastián invoca una consigna pero contesta otra en dos renglones. ¡que no se note tanto que están apurados y llenan el TP para zafar!

Respecto de las oportunidades políticas del movimiento anti K es interesante el aporte de Florencia A.: la disputa con Clarín y el accidente de Once evidentemente configuran ventanas de oportunidad políticas. Cabría agregar que otros “traspies” del gobierno: el fracaso de Repsol y el embargo de los fondos buitres podrían haber significado una oportunidad pero terminaron fortaleciendo al gobierno.

DEVOLUCIONES DE AVANCES DE MONOGRAFÍAS

Grupo: Sebastián Pontoriero, Alina Ricci y Ramiro Tissera
Tema: toma de sociales en 2010

El fenómeno de la lucha estudiantil en Sociales es interesante y encuadra perfectamente con el Taller, y por si fuera poco podría contribuir al debate interno. Así que es muy bueno que lo hayan elegido. Pero el problema es cómo ajustar el eje de análisis: la cuestión reivindicativa en sí misma e institucional es me parece aburrida y corre el riesgo de volverse redundante. Mucho más interesante es sondear las características del alumnado de sociales (fuentes primarias, censo estudiantil, etc.) y sobre todo las características de la militancia estudiantil y poder relacionar ambas con el reclamo del edificio y la opción por la toma: hacer biografías militantes, caracterizaciones de clase de las familias de los militantes, las relaciones de esto con las prácticas de participación/movilización de los alumnos, la particularidad del proceso de movilización en la toma, las actitudes de los profesores, y las autoridades  vistas por los alumnos, etc. Qué construcciones de sentido se hacen en torno al tema edilicio.
La sugerencia es que propongan una serie de preguntas analíticas pero ajustadas a estas dimensiones y ejes clasistas de la movilización, y que vayan delineando el planteo metodológico adecuado: fuentes, entrevistas, contactos, criterios para seleccionar los entrevistados, etc.

Jerónimo Pazos Padilla
Tema: asambleas ambientalistas

Desde ya el tema es de interés, actualidad y enmarca perfectamente en el taller. El tema es el recorte y la focalización: son demasiadas preguntas, hay que seleccionar qué aspectos van a ser ejes de la monografía. Las cuestiones de extractivismo y modelos de desarrollo ya están bastante desarrolladas por Svampa, Giarraca y otros. A mí los que más me interesan y que podrían aportar sobre lo que ya se sabe es la cuestión de las clases medias del interior del país que se movilizan por estos temas. Cómo definen sus intereses y cómo ven amenazados sus estilos de vida, cómo construyen su protagonismo en torno a la defensa de bienes comunes, cómo se relacionan con otros sectores, definen oponentes y aliados, etc. Es decir, analizar las asambleas ambientalistas desde el posicionamiento de clase de sus integrantes.
La sugerencia es que formules preguntas analíticas y objetivos de la monografía exclusivamente en torno a esta cuestión.
El otro tema es què planteo metodológico con qué fuentes, accesos a los movimientos, criterios de selección de casos, etc.
  
Fernán Gaillardou
Tema: la militancia juvenil del PRO

Es excelente el tema por lo nada estudiado. Pero faltaría focalizarlo, es decir, acotarlo, darle un eje más fino: yo trabajaría con las trayectorias políticas familiares y las experiencias de politización y socialización política, las formas de capital económico, social y cultural movilizadas en este tipo de inserción política juvenil. Es decir, te sugeriría que hagas las preguntas y traces los objetivos en torno a estas dimensiones exclusivamente. Luego habría que pensar un planteo metodológico: fuentes, contactos, accesos, etc.