lunes, 18 de mayo de 2015

DEVOLUCION TP 2 (Marcelo Gomez)



DEVOLUCION TP 2

Muy interesantes los aportes y las observaciones. Acá van mis contribuciones que se suman a las de Uds.

Roberto Cassaglia afirma con gran razón que antes de peronistas debe referirse a pobres ya que, en tanto pobres, representan una clase, es decir, una situación típica de intereses semejantes. Mientras para el marxismo los pobres no serían una clase, si lo pueden ser para Weber. El análisis es aún más certero cuando hace ingresar al peronismo como componente causal de la acción colectiva: una condena del estado de cosas existente y, más importante aún, su articulación con una solución que implica la transformación de éste (la justicia social, la inclusión). Putos aparece como componente estamental y comunitarista a partir de la identidad sexual. Es claro que además aparece la dimensión “partido”: ¿la inserción en el peronismo significa voluntad planificada de conquista de lugares de autoridad? y por tanto no serían un movimiento social típico.

Javier Nuñez retoma la “marginación extra del conurbano” que diferencia PP con otras agrupaciones homosexuales: PP deben llevar el componente de clase a situaciones en las que no gozara de centralidad discursiva. Cabría agregar aquí que el “corte de clase“ significaría simultáneamente una denuncia acerca de la pretensión de monopolio clasemediero de “la identidad homosexual” sintetizada en “gay”. Es acertada la referencia a la contribución al antagonismo ya no en tanto organización sino también exponiendo las dimensiones de ese mismo antagonismo que ahora se “politiza”, y que se refleja en el autodenominarse peronistas/kirchneristas.  Es interesante la referencia a la cadena equivalencial de Laclau, tema que veremos más adelante, lo que obliga a pensar la dificil cuestión de la interseccionalidad de las determinaciones de clase, género, raza, etc. ¿Las demandas laborales, de protección social, de derechos civiles, tienen una articulación de género que las diferencia de la de los varones y mujeres?

Juan Pablo Zamora también parte del tríptico autodefinicional: Pobres, Putos y Peronistas, que remiten a clase, estatus y partido respectivamente.  Es interesante la referencia a la conciencia de clase para sí:  piensan la homosexualidad no en abstracto sino “cómo parte del pueblo” y como un “tener conciencia de la posición de desventaja” que es la conciencia de clase.

Arturo García Fernández, a contramano de los anteriores, parte de considerar que PP son un movimiento social sobre la base de sus aspectos no convencionales: la elección colectiva de lo que se colocaba en la segunda bandera. Sin embargo, siendo esto cierto también lo es que la identidad de peronista podría estar implicando una voluntad de organizarse para disputar poder lo que nos llevaría a pensarla como partido como se reconoce al final en el post: PP se ubican dentro del PJ. Por otra parte, este rasgo movimientista podría estar perdiendose porque  la acción y demanda de los “putos peronistas” (el reconocimiento y el aval social a la condición de ser homosexual) encontrarían un canal de legitimación dentro de las instituciones estatales a partir de la legalización efectiva del “matrimonio igualitario”. Esto dependería de qué otras demandas y con qué formas de organización y acción enfrenten nuevos antagonismos. Es excelente el detenerse en la consigna de la bandera: “para que reine en el pueblo el amor y la igualdad” porque por un lado es un lema político tradicional icónico del peronismo y por otro los situa lejos de la formulación de derechos o aspiraciones diferenciales de género. Ya no se trata de ser más pobre que puto o al revés, si no que ambas cosas parecen subsumirse en esa tradición de un pueblo que cultiva el amor y la igualdad. Está también bien marcado el carácter de conciencia de clase como conciencia de que la elección sexual y el modo de vida están fuertemente atravesados por las condiciones materiales de vida y los intereses antagónicos que emergen de ellas.

Mónica Lampes como Arturo piensa que la acción no está organizada bajo la estructura de un partido por sus características de horizontalidad, no estabilidad, etc. Cabría preguntarse qué significa entonces su adhesión al peronismo: ¿sería solo una identidad simbólica, no habría vocación de lucha política?, no lo parece. Lo que enseñan colectivos como PP es que la diferencia entre movimientos sociales y partidos u organizaciones formales a veces es difusa o confusa. Está bien marcado en el post que PP introduce de manera directa la determinación clasista en la problemática de la homosexualidad y la identidad de género. Se podría agregar que introduce también la “politización” de la identidad de género: con qué proyecto de sociedad, con qué otras demandas, con qué otras agendas reivindicativas, con qué otras identidades se tienen que articular las de género, esta es una pregunta política por excelencia.

Yamila Macias es algo confusa y demasiado escueta al plantear la cuestión de clase para los PP utilizando el concepto weberiano. Pero alude también brevemente a un tema importante: en qué medida la lucha de PP es una lucha de clases. Aunque queda sin una respuesta. Para ayudar a esclarecer esta cuestión se podría preguntar: cómo se devalúan los capitales educativos, de calificaciones, ocupacionales, sociales e incluso patrimoniales, en función del género asumido. Es decir, habría que preguntarse por las implicancias clasistas del género, de forma tal que luchar por el género simultáneamente es luchar por objetivos clasistas.

Agustina Bogliano aborda la cuestión de la resignificación de “puto”, “trabajan en una reinvención de sí mismos” y lo relaciona con acierto con la cuestión de la clase para sí, aunque no hay un mayor desarrollo de la idea.

Carla Mansilla se basa en la cuestión de la constitución de la clase por la lucha y apunta a que PP solo ve salidas por medio de la organización política. Sin embargo, esta idea correcta habría que darle contenido empírico: contra quién luchan, de qué modo, en función de qué ejes reivindicativos, como construyen su antagonismo frente a otros.

Este es justamente el punto que con mucha perspicacia  retoma Diego Bongianino: la alteridad que se constituye en oposición a los “otros”. Señala con total acierto que el caso de PP va a contramano de las afirmaciones weberianas de que los colectivos se constituirían guiados por afinidades comunes y por estilos de vida compartidos: en PP la orientación sexual común, las fuerzas de la homogeneidad, no alcanzan a explicar la organización. Es el conflicto colectivo frente a otras clases que atraviesa la vida individual -violencia policial, explotación sexual, marginalidad y discriminación- el ser “puto y pobre” es lo que los hace “verse obligados a sostener una lucha común”. Es en el momento en que se entra en lucha en que se tiene necesariamente que pensar dónde se está y qué se es en la dinámica de ese antagonismo.

Gabino Rebagliati vuelve al esquema de pobres=clase, putos=estadus, peronistas=partido, y se detiene en la necesidad de experiencias culturales comunes y de vivencias comunes que los hacen concientes de su situación de pobres y marginados, como condición necesaria para su movilización.

No hay comentarios:

Publicar un comentario