Estoy
bastante contento con los trabajos, hay varios aportes realmente muy buenos,
espero que los próximos TPs sigan igual. Fíjense también las observaciones que hago como para pensar mejor algunas cosas.
Sobre la consigna 1) pasaje de interacciòn no focalizada a
una situaciòn de interaccion focalizada Ana propone con acierto algo bien
prototípico: los incidentes en estaciones de trenes ante fallas de servicio.
Los pacíficos pasajeros que se aprestan a viajar cada uno en su mundo, se
convierten en una turba enardecida y a veces incendiaria cuando se enteran que
no van a poder hacerlo. Todo esto bajo el supuesto que no hay grupos
organizados que intervienen ex profeso.
Por otro lado, Carla propone varios ejemplos de paso de la
interacción no focalizada a focalizada. Pero hay que pensar algunos detalles.
Todos los ejemplos son resistencias deliberadas y muchas veces hay que presumir
que planificadas por grupos que se conocen y tienen interacción regular entre
sí. Tanto las resistencias a las clausuras a los distintos espacios culturales
del llamado "under porteño", como los recientes desalojos organizados
por el Gobierno de la ciudad a viviendas, conventillos y ocupantes, o la
ocupación de las tierras del Parque Indoamericano, es dificil verlas como paso
de lo no focalizado a lo focalizado, ya que todas tienen grupos protagonistas
bien delimitados, con intereses comunes e interacción previa. Quizás es la
reacción de los vecinos o transeuntes contra jueces y policías en los desalojos
o contra los usurpadores en el Parque Indoamericano, donde puedan verse
ejemplos de paso de no focalizado a focalizado.
Sobre la consigna 2) sobre histerias y fenómenos colectivos
Diego propone un excelente ejemplo: la beba muerta en
Ayacucho y las manifestaciones masivas a que dieron lugar. Fue un hecho fuertemente
traumático que exige explicaciones y sobre todo responsables. La histeria según
estas teorías es una reacción contra el dolor, la ambigüedad y la
incertidumbre. Muy bien el señalamiento del papel de los medios masivos de
comunicación como motorizadores y del discurso sobre la inseguridad como la
“creencia generalizada”.
No coincido con Arturo de que la reacción de los ahorristas
y los incidentes contra los bancos detonados por el corralito financiero a
fines del 2001 sea un buen ejemplo de histeria colectiva. La respuesta incontrolada,
las multitudes violentas en Blumer, no siempre es sinónimo de histeria y
contagio. Ocurre que el corralito justamente fue decretado por sorpresa, luego
incluso de que el congreso sancionara una ley de intangibilidad de los
depósitos, por lo que los rumores de inestabilidad financiera de ninguna manera
abarcaban la posibilidad de semejante medida de restricción de la propiedad
privada, por lo que los ahorristas no intentaron sacar sus ahorros ante rumores
sino que los renovaban. Además la reacción violenta no se generó tanto con el
corralito sino con la posterior devaluación y el no reconocimiento de los
ahorros en dolares. Es más, el movimiento de ahorristas no careció de
organización ni de una estrategia. Se puede ver al respecto el video documental
mío sobre el caso de los ahorristas de Mar del Plata que insólitamente
triunfaron en su lucha y les fueron devueltos la totalidad de sus depósitos en
dolares.
Emiliano propone acertadamente la serie de linchamientos del
año 2012 como parte de una histeria colectiva. Aduce una construcción de una
otredad y la deshumanización de ese “otro”
vinculado a la noción de inseguridad. Señala que los medios masivos garantizan la
conductividad estructural de los hechos delictivos, y la creencia generalizada
de que el Estado se encuentra ausente y se podría agregar, que incluso los
“jueces garantistas” son cómplices de los delincuentes. La idea de que el bombardeo
mediático contribuye al contagio social y la difusión espontánea y
relativamente rápida de un estado de ánimo no debe excluir la idea de algo que
veremos luego: “la congruencia de la propia experiencia” con lo que ofrecen los
medios. Obsérvese como contraejemplo que a veces los hechos delictivos son
acompañados por marchas a comisarías e incluso violencia contra las mismas
porque se asocia también a la policía y los jueces con el delito.
Sobre la consigna 3) sobre los movimientos Ocuppy Wall
Street y el 15M de Madrid
Javier hace una reflexión excelente sobre la indefinición de
estos movimientos o formas de acción colectiva entre “multitudes en acción” y
“expresivas”, siguiendo la tipología de Blumer. “El problema está en que la
misma praxis de esos movimientos concibe que la subjetivación que alcanzan
quienes participan de las mismas manifestaciones constituye tanto el objetivo
inmediato como final de las mismas… la multitud en acción y la multitud
expresiva pierden distancia como categorías… podían mostrar la existencia de
amplios sectores opuestos a los ajustes y el neoliberalismo, mas como praxis no
podían impedir que estos siguieran ocurriendo”, ni yo lo hubiera dicho mejor.
Siempre hay que recordar que “cuestionar” o “criticar” no equivale a amenazar
el orden social: solo las acciones que buscan cambiarlo tienen chance de
generar efectos en ese sentido. De allí la importancia de la desobediencia
civil: las palabras tienen que ir seguida de actos y los actos tienen la
“obligación” de intentar ser efectivos dentro de las condiciones dadas. También
hay que recordar la frase de A. Gramsci: “las clases subalternas suelen ser
radicalizadas en las acciones y moderadas en sus pensamientos”.
Háganme acordar algo importante para retomar en clase:
contrariamente a las tradiciones marxistas y weberianas que tendían a un
dualismo de la relación individuo y poder: solo hay dos posiciones mando y
obediencia y rechazo y lucha. Las teorías de los movimientos sociales y la
desobediencia civil ponen en juego unas multiplicidades de relaciones: de la
plena adhesión conformista a la rebeldía, la resistencia o la insurgencia hay
estadios intermedios como la obediencia ritualista, la desviación secreta, la
resistencia disfrazada, el conformismo fingido, etc.
Agustina coincide en que el acampe de la Plaza del Sol es “multitud
en acción” y señala dos elementos interesantes: es portadora de nuevas
orientaciones normativas en la política española, permitiendo a las nuevas
generaciones participar abiertamente e impulsando el manejo de nuevas ideas
políticas, y su base social está compuesta en su mayoría por estudiantes de
clase media, es decir, sectores todavía “integrados”. Es evidente que Podemos y
“Democracia y punto” son emergentes de estos movimientos iniciales, mostrando
la fluidez entre protesta y organización, y entre acción no institucionalizada
e institucionalizada.
La consigna 4) sobre escrache como forma de desobediencia
civil, Roberto señala bien los origenes y la difusión posterior del repertorio escrache hacia múltiples
sectores. Habría que agregar que esto ocurrió, sobre todo, durante la crisis
del 2001/2002. El cuestionamiento a la ley hace desaparecer la obligación de
obediencia pero es para discutir la cuestión de que no alcanza a cuestionar al
orden social de una manera muy profunda: el escrache se propone como una forma
sustituta de Justicia. Por supuesto que el tema del cambio del orden social es
independiente del concepto de desobediencia civil que puede ser conservadora,
reformista o revolucionaria, pero es claro también que las revoluciones
incluyen múltiples casos de desobediencia civil. Está bien señalado en el caso
del escrache el carácter comisivo, público, colectivo y no violento contra
personas, aunque eventualmente sí contra cosas. También está señalado el
carácter “activo” en tanto se rechaza un posible castigo por la comisión de las
acciones.
Juan Pablo coincide con la caracterización de comisiva,
pública, pacífica, activa, y señala la importancia de lo pública y pacífica por
el intento de producir una condena moral y pública. También Gabino coincide con
estas carácterísticas pero recalca su carácter de “innovación” que apuntan a un
cambio en la legislación imputada, señalando que la modalidad cesó en la medida
en que los sospechados fueron citados por la Justicia después de la
derogación de las leyes de impunidad. Sin embargo, no hay que olvidar que
HIJOS, (hijos por la justicia y contra el olvido y el silencio) desarrolló el
escrache bajo la consigna “Si no hay justicia, hay escrache”, es decir, no es
claro que el propósito fuera presionar para cambiar la legislación, sino que se
proponía como forma no institucionalizada de justicia y condena social.
Marcelo Gómez
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