Los textos de Giddens y Crompton señalan el conjunto de limitaciones con que se topan los planteos clásicos herederos de Weber y Marx en la evolución de los capitalismos avanzados, sobre todo a partir de los años ’60. En mi texto "Las muertes del concepto de clase" (Gomez, 2014) se resumen los factores epistemológicos, filosóficos e históricos que atentan contra la vigencia y vitalidad del análisis de clases. Las tendencias a la despolarización de la estructura de clases, el crecimiento de los sectores de servicios y del trabajo no manual, el abandono del trabajo como fuente de identidad y de pertenencia colectiva, las orientaciones culturales consumistas e individualistas, la incidencia de diferenciaciones raciales y de género, el surgimiento de actores políticos transclasistas (ecologistas, pacifistas), el desclasamiento del voto (apoyo electoral de clases obreras a conservadores), etc. pueden resumirse en tres grandes procesos que debilitan el análisis de clase: el “pos industrialismo”, el “pos fordismo” y el “pos modernismo”.
El esquema giddensiano que apela a los procesos de estructuración de clase puede decirse que constituyeron el último gran esfuerzo de enfrentar estos problemas con las herramientas legadas por los clásicos. La solución de Giddens es simplemente pensar las clases como capas de determinaciones sociales que empiezan por el mercado de trabajo (estructura de clase), siguen en los factores comunitarios y demográficos (formación de clase) y terminan en aspectos de status y prestigio, sentidos de pertenencia e identidad (conciencia de clase), desde los cuales se podría entender el papel de la lucha de clases. Giddens hace un verdadero melting pot que mezcla todo y así multiplica las dificultades más que subsanarlas.
Los enfoques contemporáneos que parten de Olin Wright y Bourdieu (ambos tienen antecedentes en Poulantzas el primero y en Norbert Elías el segundo) comienzan a modificar o abandonar de manera ostensible los parámetros de la tradición marxiana y weberiana y en este sentido podría decirse que inauguran una etapa posclásica.
O. Wright avanza en un modelo de determinación global que categoriza las relaciones entre estructuras económicas y políticas con la lucha de clases. Podríamos decir que los aportes sustantivos a este respecto son dos: 1) lejos de la tradición clásica, la lucha de clases no se deriva del mercado o las relaciones de producción, sino que establece una serie de relaciones de limitación y transformación. La lucha de clases no permanece como efecto exterior a la estructura sino que es la forma misma del proceso de transformación de la estructura. El “secretillo” del esquema de O. Wright es que si la estructura económica puede establecer un límite de compatibilidad funcional a otras estructuras, no puede establecerlo sobre la lucha de clases. La lucha de clases está limitada por las estructuras pero solo en términos de lo que no puede ocurrir, lo que no es posible, siendo “libre” frente a las estructuras, es decir puede transformarlas. Las estructuras sin dudas introducen limitaciones a la lucha de clases pero no al punto de que la lucha de clases no pueda incidir sobre las mismas estructuras que la limitan. En este planteo la lucha de clases recupera un poder transformador sobre las estructuras que dejan de ser las tiranas teóricas del enfoque clasista.
2) Además las relaciones de limitación (que en los planteos clásicos era la única reconocida) entran en no correspondencia con los de reproducción. Una estructura económica puede establecer límites de variabilidad a las estructuras políticas y la lucha de clases pero ello no garantiza que las intervenciones políticas y la lucha de clases asuman un papel no reproductivo y de mediación o transformación de las mismas estructuras.El otro de los aportes rupturistas en lo teórico de este autor es la idea extraordinaria de que las clases medias tienen posiciones estructuralmente ambiguas o contradictorias pero no por ello dejan de ser clases. Las clases medias no pertenecen a un modo sino que cruzan dos modos de producción: el mercantil simple y el capitalista. Asimismo es importante el análisis de los tres procesos contemporáneos que inciden en los procesos de establecer fronteras de clase entre las clases medias: la pérdida de control en el proceso de trabajo, la diferenciación de funciones del capital entre propiedad y gestión, y las jerarquías de autoridad y las formas de control técnico impersonal.
También es novedoso el planteo de diferenciar interés de clase y capacidades de clase (estructurales y organizativas), abriendo conceptualmente la cuestión del proceso de formación de clase que, a su vez, es objeto mismo de la lucha de clases. Es decir, siembra las bases de la politización y deseconomización de la lucha de clases: las mismas capacidades de clase no son derivaciones directas de la posición económica de clase sino que son objeto y producto de la lucha de clase misma.
También es importante la discusión sobre el concepto de explotación, que es un tradicional pilar de las teorías clásicas. Aquí se ve algo poco señalado: la explotación supone niveles de dependencia recíproca entre explotador y explotado, a diferencia de las relaciones de opresión. Es clásico el planteo de Wright en tanto que clase se sigue refiriendo a relaciones de explotación y no de opresión pero, no obstante, las relaciones de dominación de clase (regulan el nivel de esta interdependencia o reciprocidad) son importantes aunque subordinadas a la explotación.
También son aportes muy sugestivos la manera de caracterizar el poder de clase como en tres dimensiones situacional, institucional o sistémico. Sintéticamente el primero es el poder de dar órdenes a los actores para que actúen de determinada manera (poder positivo), el segundo es el poder de excluir o quitar de la agenda, de la consideración, determinadas acciones (poder negativo) y el tercero es lograr que las reglas de juego que destribuyen posibilidades de ejercer los otros dos tipos de poder sean sesgadas a favor de la propia clase. Este tipo de poder sistémico es en cierto punto invisible y controla lo que es pensable políticamente para las posiciones de clase subordinadas. Las luchas de clase siempre son tridimensionales y afectan estas tres dimensiones con dominancias cambiantes: hay una lucha liberal/ “progresista”/”populista” el poder positivo, una lucha reformista/conservadora por el poder institucional y una revolucionaria/reaccionaria por el poder sistémico.
No es menos novedoso el planteo de P. Bourdieu en el Cap. 2 de ese clásico de la sociología de la cultura que es La Distinción. Allí se establecen con gran fuerza los conceptos analíticos del “espacio social”, es decir, el locus sobre el que se hacen inteligibles las clases sociales. En este capítulo Bourdieu desarrolla una teoría de las clases sociales sobre las nociones de habitus, campo y especies de capital que intenta superar las limitaciones metodológicas y analíticas de los planteos empiristas, marxistas, etc. El procedimiento constructivo adoptado asume la forma de una topografía móvil o de mapa dinámico en el que se intersectan los planos sincrónicos estucturales y diacrónicos tendenciales.
La problemática de las clases es definida como aquella búsqueda de explicación de distribuciones de bienes y prácticas, aclarando dos cosas: a) que los bienes no son objetividades dadas sino que se inscriben en usos sociales asociados a estilos de vida, donde los productos son también productos de las disposiciones de los agentes (formas de percepción, acción y apreciación) ; y b) las prácticas no son puras elecciones voluntarias y concientes indeterminadas sino que deben ser comprendidas no como simples efectos mecánicos de la posesión de capital objetivado social y económico, sino también como estructuradas a través de habitus (capital incorporado) y en relación a las fuerzas y tensiones que atraviesan los campos específicos en donde se ponen en juego. No solamente las condiciones homogéneas de existencia, sino también las disposiciones incorporadas en los agentes explican la similitud de prácticas. Además, los mecanismos de acceso a las posiciones de clase seleccionan en múltiples formas visibles o enmascaradas según criterios de evaluación de disposiciones muchas veces “secundarias” . La dialéctica entre la posesión y la disposición es el dispositivo teórico mediante el cual Bourdieu intenta develar la eficacia “objetiva” de las clases sociales.
La causalidad propia de la determinación clasista asume una forma “estructural” y no “lineal” que obliga a indagar cómo cada factor (edad, sexo, residencia, etc.) y tipo de capital es mediado por los otros. Así Bourdieu presenta un espacio social de constitución de clases, construido en dos dimensiones de tres series: volumen, estructura (composición por tipo) y evolución del capital; y capital económico, social y cultural. Estos espacios ofrecen relaciones variables de congruencia y simetría. Desde grupos que comparten altos volúmenes de todos los tipos de capital y son fundamentalmente estables en su composición y permanencia futura, y otros grupos que ofrecen disparidades notables y fuertes inestabilidades. Diversas fracciones de la pequeño burguesía son ejemplos de estos últimos. La evidencia empírica muestra que dentro de diversas clases y fracciones existe una relación inversa entre capital económico y capital escolar y cultural. Las burguesía en sus fracciones superiores se independiza de las exigencias de la adquisición de capital cultural, y en cambio la pequeña burguesía y los profesionales depositan en él su esperanza de sostenimiento y ascenso social.
La contribución más rica del texto es la que analiza las trayectorias, el dinamismo de los campos considerados y las estrategias de los agentes. Todos los grupos tienden a una doble lucha: para mantener y acrecentar el valor de la especie mayoritaria de capital propio, y por la prevalencia de los criterios de valorización más favorables a ellos en cada campo. Este es un cuarto tipo de capital: el capital simbólico que viene anexo a todas las otras formas de capital. Hay que luchar por la distribución de cada forma de capital y también por la vigencia, el reconocimiento por parte del resto de los agentes y la legitimidad del propio valor del capital apropiado.
Una de las estrategias de los agentes es la movilidad de capital que puede ser vertical cuando es ascenso/descenso dentro del mismo tipo de capital. Pero las más interesantes son las que implican un desplazamiento transversal, es decir, entre campos distintos que obliga a establecer una reconversión de valor entre el capital poseído y el capital que se adquiere con él. Es en este sentido que juega la idea de “inversión” como apuesta a un juego de valorizaciones. A ello lo llama procesos de “conversión” y son cruciales a la hora de entender las luchas en el espacio social: los agentes tienen estrategias de “apuesta” a ganar espacios en diversos campos mediante la conversión de un tipo de capital en otro.
En este esquema explicativo, el autor estudia uno de los fenómenos más interesantes del campo cultural: la superproducción de títulos, la democratización de la enseñanza superior y la devaluación del capital cultural escolarizado.
Las estrategias de aumento del capital escolar, aumentando la inversión económica de las familias en educación, chocan con el efecto de pérdida de valor de mercado de los mismos títulos alcanzados. Bourdieu describe el efecto de alodoxia como un autoengaño que retrasa la percepción real del valor objetivo de los títulos, ya que los habitus incorporados siguen aplicando formas de apreciación ancladas en su tiempo de adquisición y no en la situación de mercado actual. Es por ello que la expansión de la distribución de capital cultural escolar se acompaña de una “generación engañada” que no puede alcanzar las expectativas prometidas asociadas a su inversión en esta especie de capital, dando lugar a procesos de desclasamiento o al riesgo de de desviarse por debajo de las trayectorias esperadas. Los sectores de la pequeño burguesía son particularmente sensibles a estas amenazas y ante ellas ponen en práctica estrategias de movilización no solo de su capital social, sino también de búsquedas de posiciones accesibles y acomodamientos que redefinen profesiones y puestos de trabajo. Así, los campos laborales más nuevos, más dipersos y menos codificados dan oportunidades a una gama variada y flexible de empleos semiburgueses vinculados a los servicios personales, medios de comunicación, entretenimiento, cultura y a todas las formas novedosas de ejercicio de la dominación suave y la integración simbólica de las clases subordinadas.
Los procesos de devaluación de títulos generalmente adoptan la forma invisible e insensible y suave que maximiza el efecto de alodoxia multiplicando los errores de apreciación que no tardan en convertirse en crisis personales. Las transformaciones del campo escolar apelan a tres mecanismos de filtrado de las estrategias de ascenso de estos sectores: eliminación suave o rezago progresivo, relegamiento a circuitos educativos explícitamente desvalorizados, y devaluación del valor del título. Si todo esto no fuera suficiente siempre quedan los mecanismos de exclusión, discriminación, selección, cupos, patronazgo, etc. con el que se preservan espacios y monopolios de oportunidades.
Las estrategias de los grupos y las respuestas de los que disputan con ellos van generando efectos de deformación de la estructura o de traslación de estructuras por la cual las distancias jerárquicas entre posiciones se mantienen no a pesar, sino justamente en virtud de los cambios en las acciones y disposiciones de los grupos. Las propiedades ordinales de los campos se conservan mediante cambios en sus propiedades cardinales (posicionales), concluirá Bourdieu que, sin embargo, termina alentando expectativas de cambios estructurales por los efectos de una crisis de frustración de expectativas generalizadas.
El indudable defecto de la gigantesca contribución de Bourdieu es su omisión a la lucha y el conflicto. Si bien él las considera conceptualmente en la dimensión analítica de la “historia” del campo en particular, en sus investigaciones empíricas brillan por su ausencia y los campos aparecen como espacios sociales rígidos y carentes de tensión. No obstante, los conceptos de Bourdieu son casi insustituibles a la hora de pensar un análisis de la lucha desde una perspectiva clasista.
Por último tenemos los textos de Gouldner y Goldthorpe como dos de los principales teóricos de la emergencia de la clase media. El primero tributario de las teorías del posindustrialismo y la tecnoestructura directamente tiende a considerar a las clases medias como los verdaderos soportes de la sociedad contemporánea y en fuerte disputa con las viejas clases propietarias. Aunque en muchos sentidos este planteo haya envejecido notablemente (la concentración de ingresos y propiedad en el capitalismo global actual refuta claramente sus análisis) no deja de llamar a la reflexión algunos de sus señalamientos históricos. Considero que el Codigo de Discurso Crítico sigue siendo un lenguaje universal de las clases medias basadas en el saber y la competencia técnica y humanística. Además también tiene considerable asidero histórico que el papel de las clases medias en los procesos de cambio social ha sido siempre importante.
Goldthorpe es un analista de la estructura de clases en el primer mundo y sus hallazgos empíricos hacia finales de los ’80 llevaron a posar la atención en el fenómeno llamado de las “clases de servicios” caracterizadas por evadir algunas de los rasgos propios de las relaciones laborales de asalariados. A la manera de una “incrustación” estamental en el medio de las organizaciones corporativas económicas más modernas, las clases de servicios (gerentes, desarrolladores, técnicos expertos, etc.) se caracterizan por elevados grados de autonomía en el trabajo, fuertes identidades y sentidos de pertenencia profesionales, bajo compromiso con las organizaciones, son beneficiarios de relaciones de confianza por parte de los propietarios y accionistas, y también tienen expectativas de seguridad y estímulos diferenciales o expectativas de “privilegios” prospectivos (carrera profesional o ejecutiva, muchas veces honorarios en vez de salario, etc.). Los señalamientos de que estos sectores tienen un amplio reclutamiento de origen popular (merced a la inversión en capital y credenciales educativas) y que podrían ser la base de cuestionamientos al sistema, sostener orientaciones contraculturales y conductas de radicalismo político, no dejan de ser interesantes ya que hay suficientes estudios que localizan la presencia de este tipo de agentes sociales en los movimientos sociales ecologistas, pacificistas, contraculturales, feministas, etc.
TRABAJO PRÁCTICO
Elija una.
1) Utilice el esquema propuesto por O. Wright acerca de cómo interpretar el papel de la lucha de clases para procesos históricos de Argentina o A. Latina. ¿Qué tipos de mecanismos de mediación y transformación ejerce o ejerció la lucha de clases en el contexto de Argentina y A. Latina?
2) ¿Cuáles han sido las capacidades estructurales y organizativas desarrolladas por las clases medias en nuestra historia reciente?
Elija una.
1) En términos de la terminología de Bourdieu (volumen, tipo de composición de capitales) cómo caracterizaría la evolución de las clases medias en la Argentina desde la dictadura en adelante. ¿Cómo evolucionó el espacio social de clase media?.
2) ¿Es posible hablar de una clase de servicios en nuestro país? ¿Qué aplicabilidad pueden tener estos conceptos en nuestro contexto?
Camila Matrero:
ResponderEliminar¿Cuáles han sido las capacidades estructurales y organizativas desarrolladas por las clases medias en nuestra historia reciente?
Teniendo en cuenta los autores trabajados para la consiga nos parece pertinente analizar las capacidades estructurales y organizativas de la clase media. Es interesante utilizar la lectura que realiza Pierre Bourdieu en torno al la conformación del espacio social, y las lógicas que entablan los actores para poder mantener o incrementar los distintos tipos de capitales en disputa en nuestra sociedad. Creemos que una de las apuestas fuertes de las clases medias por retener espacios -o acceder a nuevos- de prestigio, privilegio, y que garantizan cierto grado de autonomía en la estructura de dominación de la sociedad, en definidas cuentas sigue siendo una (fuerte) apuesta por la educación.
El desarrollo de estrategias educativas desplegadas por los miembros de este sector es el modo en que se garantiza (en términos generales) por lo menos el mantenimiento de un nivel de estatus. El valor otorgado a la titulación formal -con su corolario, en la educación universitaria- por parte del conjunto de la sociedad funciona como un estímulo para los agentes, a la vez que garantiza cierre social necesario para que la clase media se una de las principales beneficiadas por el modo en que se accede a los niveles más elevados de titulación académico formal. Sin embargo, este proceso no es ajeno a los conflictos y tensiones entre, e intra, clases. La expansión de las instituciones universitarias, y más aún, de los organismos habilitados para la formación de post grado -arancelada o no- se imprimen en la organización de un espacio que a la par que devalúa las carreras ya instaladas, funciona como barrica para los miembros menos favorecidos de la estructura social (en términos económicos, simbólicos, y de capital social). De este modo, se reactualiza la manifestación bourdiana en torno al sistema educativo, que muchas veces, culmina funcionando en favor de los sectores más favorecidos en primera instancia, una institución que logra consagrar a los ya elegidos por su origen de clase.
2) ¿Es posible hablar de una clase de servicios en nuestro país? ¿Qué aplicabilidad pueden tener estos conceptos en nuestro contexto?
Asistimos en nuestro país a un fenómeno que acompaña el contexto internacional, nos referimos al proceso de financierización de la economía, y su consecuente desarrollo del sector de los servicios en el plano laboral en desmedro de los puestos de trabajo ligados a la producción de bienes materiales tangibles en una economía de mercado. De este proceso nuestro país no se encuentra ajeno, ni mucho menos aislado del mundo.
Este proceso modifico, no sólo la lógica del patrón de acumulación de la economía a escala global, sino que fue modificando la estructura del empleo. En este sentido, en Argentina hay algunos datos que son muy gráficos al respecto. En el año 1974 la industria representaba el 32 % del PBI para caer drásticamente al 14 % para el año 2002. En el año 2009, amén del proceso de recuperación del trabajo como de las políticas de Estado, ese porcentaje se recupero al 16, 32 % (Apiazu, Schorr, Basualdo; 2010.)
ARANCIO LAURA
ResponderEliminar¿Cuáles han sido las capacidades estructurales y organizativas desarrolladas por las clases medias en nuestra historia reciente?
Un ejemplo puede ser el tipo de movilizaciones del 8N en contra del gobierno de Cristina Fernandez de Kirchner, en donde la capacidad estructural de la clase tiene sus raíces por fuera de las relaciones sociales dentro de la producción, sino de base en cierta parte de la “comunidad” y demostró que tiene una capacidad de auto-organizarse mediante la utilización de medios masivos de comunicación, redes sociales y apoyo de determinados líderes de partidos políticos opositores. Si tomamos uno de los principales objetivos de las movilizaciones era estar en oposición a la intervención del Estado Kirchnerista en los modos de acumulación ligados particularmente al ahorro en dólares. Se podría decir que esta capacidad organizativa intentaba una no reproducción de la estructura de clase que se ve interrelacionada con las políticas de Estado implementadas desde el 2003 hasta la actualidad. O, que la lucha en este caso busca mediar, transformar las intervenciones del Estado y la estructura económica. También es posible analizar como capacidades estructurales asociadas a la capacidad de acumulación y disponibilidad de recursos económicos principalmente en dólares, en vistas de una posible devaluación.
Por el otro lado también se puede dar el ejemplo de aquellas clases medias de artistas del cine, de la música, con ciertos deportistas, científicos, que se han encuadrado bajo un interés de las clases asalariadas/trabajadoras. Con la selección de determinadas políticas e intervenciones el Estado, y a su vez, interpelado por estos sectores, la creación del ministerio de cultura, y otros espacios de desarrollo en las áreas del deporte, de la ciencia, y del arte, brindo ciertas capacidades estructurales, espacios que estos grupos utilizaron para autorganizarse. En este caso, el capital cultural y simbólico es muy importante en sus capacidades estructurales.
Yendo a un ejemplo previo a los gobiernos kirchneristas y siguiendo los conceptos del autor, la respuesta al proceso de empobrecimiento que atravesaron las clases medias en los 90´ puede observarse como una estrategia por parte de las mismas de utilización de sus capacidades estructurales en capacidades organizativas de clase. Ya que intentando saldar cierto status de consumo generaron la formación de clubes de trueque en la década del 90´y principalmente en los primeros años del 2000. También se pueden nombrar los movimientos de ahorristas, sectores de clases medias que al ver confiscados sus ahorros salen a las calles conjuntamente a profesionales desempleados, empleados estatales con retiros anticipados por medidas de ajuste, con los cuales compartirán intereses materiales y cierto capital simbólico.
ARANCIO LAURA,
ResponderEliminar2.2)
¿Es posible hablar de una clase de servicios en nuestro país? ¿Qué aplicabilidad pueden tener estos conceptos en nuestro contexto?
Es posible utilizar la categoría ante aquellos sectores que se vieron beneficiados por las políticas neoliberales de los 90´: Profesionales altamente calificados y adaptados a los cambios tecnológicos, empleados jerárquicos de puestos gerenciales, y comerciantes o intermediarios con gran poder adquisitivo.
Ahora bien, el concepto comienza a generar tensión en cuanto a la situación de aquellos profesionales altamente calificados que trabajan para el Estado. Este puede ser el caso de científicos que trabajen en relación a innovaciones tecnologías en distintos ámbitos de la producción nacional. (Energía, combustibles, avances tecnológicos en general para la producción de la industria nacional)
Vivimos un proceso de re-industrialización que nos permite tomar como herramienta de análisis de clases el concepto de clases de servicios, pero ya no en relación al ámbito privado solamente, sino con relación a un Estado que interviene sobre la producción nacional, en donde estas clases estarían aportando a un proceso de desarrollo de fuerzas productivas que favorecen en gran medida a la generación de nuevos y más puestos de trabajo a futuro.
Utilizar estos conceptos para el análisis de clases sirve para explicar las prácticas de personas o colectivos que Wright llama en “situaciones contradictorias”. Los directivos y supervisores que están en situación contradictoria entre la burguesía y el proletaria, ciertas categorías de empleados semiautónomos que conservan niveles de control relativamente altos de su proceso laboral, y los pequeños patronos que estarían en una situación contradictoria entre la burguesía y la pequeña burguesía.
Permite analizar los movimientos sociales, las estrategias de estos, y las prácticas de ciertas fracciones sociales que parecerían ser impredecibles, o al menos moralmente ambivalentes. Y además, resulta útil para analizar en mayor medida la complejidad del campo social en donde los actores actúan y se enmarcan en determinados lugares en la lucha de clases.
TP U. 3 PARTE A; Maximiliano Desmarás
ResponderEliminar1) 2. Las capacidades estructurales desarrolladas recientemente por las clases medias en nuestro país, o incapacidades, son aquellas que, en los términos planteados por Erik O. Wright, se dan por el mismo desarrollo que acompaña el devenir del capitalismo más que por capacidades de convocatoria de las mismas clases. En otras palabras, podemos señalar como capacidades estructurales aquellas que hacen a los procesos de inserción y evolución laboral, en los términos de la reproducción del sistema, y a los cambios por fuera del proceso laboral que se sobrevienen con dicha reproducción. En lo personal, y enfocado en lo que refiere a nuestra sociedad, considero que la proliferación de medios de comunicación y redes sociales que agrietan las distancias en nuestro tiempo, no son capacidades organizativas sino ESTRUCTURALES, ya que son fruto del gigantesco crecimiento tecnológico que caracteriza a nuestra era.
A mi modo de ver, siguiendo el razonamiento de Wright, el acceso generalizado por parte de los sectores medios a las redes virtuales hacen al mismo desarrollo del sistema, y no son per sé, capacidades de autorganizarse de dichos sectores. El uso que hagan de dicha tecnología los agentes pertenecientes a esos sectores, o los líderes políticos que intenten aglutinar apoyo en virtud de un presunto “interés de clase” (como pueden ser las diferentes manifestaciones en contra del gobierno de los últimos dos años) si forman parte de las capacidades organizativas, esto es, los vínculos “reales” conscientemente dirigidos. En conclusión, creo que este ejemplo se condice con la síntesis de O. Wright al supeditar la existencia de las capacidades organizativas a las capacidades estructurales (estás últimas configurarían y delimitarían a las primeras.
2) 2. Creo que desde mediados del siglo XX hasta ahora, en nuestro país se ha dado un gran crecimiento de lo que podemos llamar “clase de servicios” en virtud de lo razonado por Goldthorpe. Las constantes especializaciones burocráticas o profesionales han dado lugar a un mercado laboral cada vez más específico en tanto los profesionales que selecciona, así como a una estructura jerárquica mucho más descentralizada, y cuyas labores de control “hacia adentro” ya están mucho más ramificadas y han dejado de ser parte de responsabilidades unipersonales, tanto en organizaciones estatales como privadas.
En nuestra sociedad creo que adquieren gran relevancia las expectativas que, en la conclusión de su texto, desarrolla Goldthorpe sobre el posible accionar sociopolítico de dicha clase: más que inclinarse por movimientos “igualitaristas”, será una clase que apunte más a defender el statu quo. La radicalización de dicha clase sería mínima, y quedaría limitada a los llamados “movimientos de causa única”. Un buen ejemplo al respecto puede ser la creciente participación de agentes de grandes empresas en diversas ONG’s (como Un Techo para mi País o Coca Cola) que no cuestionan las bases últimas de la desigualdad social en el sistema capitalista.
Mauro Rossetto:
ResponderEliminar¿Cuáles han sido las capacidades estructurales y organizativas desarrolladas por las clases medias en nuestra historia reciente?
Según Wright las capacidades de clase pueden caracterizarse como las relaciones sociales dentro de una clase. Estas unifican a los agentes de la clase en una formación de clase. Para el autor, las capacidades de clase son la base potencial para realizar los intereses de clase en la lucha de clases. Es factible distinguir las capacidades estructurales de clase y las organizativas. Las primeras refieren a los vínculos generados por los desarrollos estructurales de la sociedad capitalista, mientras que las segundas responden a las organizaciones conscientes de los miembros de la clase. Las capacidades estructurales limitan las formas posibles de organización.
En el modelo que el autor plantea para la estructura de clase, la formación de clase (entendiéndola como las capacidades de clase) y las luchas de clases vemos como todas ejercen efectos sobre las otras. En cuanto a las capacidades de clase, interesa señalar que es limitada por la estructura, aunque no siempre actúa reproduciéndola. La lucha de clases media esa relación, mientras que transforma a las capacidades. La importancia de esto en cuanto a las clases medias, radica en que es posible englobar a gran parte de estas en las categorías que Olin Wright denomina como de posiciones objetivamente contradictorias en la estructura de clase.
Podría afirmarse que la clase media argentina en la década del 90 se fragmentó entre un estrato vinculado a los nuevos y viejos servicios que se vio beneficiado por la internacionalización y que estaba en condiciones de competir en el mercado y una clase media que ante los ajustes se vio desfavorecida con empleo de baja calidad y desempleo.
Enfocándome en esa parte de la clase media que se vio favorecida por las reformas económicas implementadas durante la década de los noventa en el contexto de los cambios de la economía mundial (relacionados al desarrollo capitalista y por tanto identificados como capacidades estructurales) podrían tomarse como capacidades organizativas las distintas acciones tendientes a diferenciarse de este estrato competitivo que tiende a generar una visión del mundo, expectativas y demandas políticas propias y distintas del otro sector de la clase media. La búsqueda de un estilo de vida diferente se vio reflejado en la tendencia a trasladarse a vivir en enclaves privados, con patrones de consumo sofisticados, educación y salud obtenida en servicios privados y sociabilidad en espacios restringidos, consolidó la segmentación en todos los campos (como diría Bourdieu) el económico, social, simbólico y cultural.
Mauro Rossetto
ResponderEliminar¿Es posible hablar de una clase de servicios en nuestro país? ¿Qué aplicabilidad pueden tener estos conceptos en nuestro contexto?
Según Goldthorpe el criterio fundamental para rehacer la estructura de clases de la sociedad es el tipo de relaciones de empleo. El autor enfatiza la idea de una “clase de servicios”, formada por directivos, profesionales y administradores de empresas privadas y del sector público. Lo que caracteriza a la relación de servicios es un porcentaje delegado de confianza en quienes reciben autoridad o ponen en juego su tiempo y conocimientos en nombre de la organización empleadora, a cambio de lo cual adquieren mayor autonomía en el ejercicio de sus tareas y salarios u honorarios más elevados. Entonces, un elemento distintivo que caracteriza a la relación de servicios es “el papel desempeñado por las recompensas de carácter esencialmente prospectivo” tales como: aumentos salariales, oportunidades de hacer carrera laboral, de incrementar el prestigio social y mayor seguridad en el empleo y luego de la jubilación. Su tesis central es que la clase de servicios es una clase social en formación que se ha expandido desde la segunda posguerra, abriendo espacios ocupacionales para que accedan personas provenientes de otras clases, lo que generó altas tasas de movilidad social ascendente. Si bien su reclutamiento es heterogéneo, en la medida en que acceden a ella personas provenientes de distintos orígenes de clase; una vez en ella tienden a retener la posición ocupacional para sus hijos a través de la transmisión de recursos materiales y culturales, lo que se refleja en las altas tasas de herencia ocupacional intergeneracional.
Teniendo en cuenta esta exposición teórica procedo a exponer mi punto de vista sobre si es dable hablar de una clase de servicios en la Argentina. Haciendo retrospectiva y teniendo en cuenta las privatizaciones, el establecimiento de empresas trasnacionales, la especialización de determinadas áreas en lo público como en lo privado creo que podría decirse de que existe un segmento diferenciado de clase, viendo que en dichos establecimientos existen profesionales, directivos y administradores que cumplen roles específicos descriptos por Goldthorpe.
A pesar de lo anterior, creo que hay que tener muy en cuenta que es muy distinto el peso que dicha clase tiene en los países capitalistas avanzados a diferencia de la Argentina. Creo que las de aquí se encuentran más limitadas a las casas directrices/centrales -ubicadas en el exterior- y expuestas a una mayor flexibilidad laboral y mayor rotación que iría en contra de la autonomía a la que hace referencia el autor. Sumado a lo anterior hay que considerar que la clase de servicios que analiza Goldthorpe es diferente a la que existe en Argentina debido a la procedencia de la misma. Según el autor un porcentaje importante de esa clase de servicios de los 60-70 tenía un pasado obrero, lo cual no me parece que pueda decirse de lo que sucede en la actualidad.
Poniéndome nuevamente del lado del sí creo que puede decirse que sí adquieren salarios pronunciadamente más altos y ciertos beneficios. Esto puede verse en sus formas de consumo y también en sus lugares de residencia. Como dice Svampa la mayoría de las personas que se encuentran relacionados con la expansión de los countries son gente de sectores gerenciales y profesionales.
A. 2) Wright explica a las capacidades de clase como “relaciones sociales dentro de una clase que unifican en mayor o menor medida a los agentes de esa clase en una formación de clase”, es decir que constituyen la base potencial para la realización de los intereses de una clase en el contexto de la lucha de clase.
ResponderEliminarLas capacidades estructurales –o capacidad del trabajador colectivo-, como plantea Wright, son aquellas que tienen que ver con el mismo desarrollo del capitalismo y el cambio en el proceso de trabajo que generan potencialidades diferentes a la hora de organizarse. Se puede citar específicamente como capacidad estructural aquellos cambios en los procesos de producción ocurridos en la década de 1990 como la especialización, y la desregulación que a mi criterio son estrategias de debilitamiento de la acción colectiva por parte de la burguesía. En este sentido creo que la fragmentación de la clase media han generado capacidades estructurales diferenciales dentro de la misma.
Las capacidades organizativas son limitadas en este sentido por las capacidades estructurales y sirven para la reproducción o no de la estructura de clases por mediación de la lucha de clases. La fragmentación de la clase media genero capacidades organizativas diferenciales: para la capa superior, la organización giró en torno al corporativismo y a la presentación de credenciales educativas de excelencia para lograr la reproducción de su status. En el caso de la capa inferior (los “perdedores de los 90), su modo de organización es más parecido al proletario porque suele organizarse de manera gremial, con sindicatos que comparte con el sector obrero y que lo asemejan a él porque está más ligado a la organización por dentro del sistema productivo. Incluso durante 2001 y 2002 se pudo ver una efímera alianza entre este sector y la clase obrera.
Continuacion
ResponderEliminarB. 2) En mi opinión es posible hablar de clase de servicios en la argentina a partir del desarrollo del neoliberalismo, que podríamos ubicar desde la década de 1970 y profundizándose a partir de 1990. Varios autores señalan (Svampa por ejemplo) que dentro de la clase media se dio una fuerte fragmentación llevada a cabo por la proliferación de empleos directivos y profesionales de alto rango y la masificación de la universidad. En estos términos, se dieron tendencias estructurales hacia la reproducción de posiciones de clase que retienen posiciones de clase privilegiadas dentro de las clases medias y que reproducen una lógica meritocrática de acción junto con posiciones (en mi opinión) conservadoras antiobreras. En este punto, Goldthorpe tiene razón en criticar a las posiciones post-marxistas como la de Wright cuando afirma que, al contrario de una proletarización creciente de estas capas de la población, se daría el proceso inverso, donde las reivindicaciones se encuentran más cercana a la burguesía que al proletariado. Estos son los “ganadores” de la década del 90. Quedaría por investigar si, como plantea el autor, la clase de servicios todavía se encuentra en formación, o más bien se han cerrado los canales de ascenso hacia ella en la Argentina.
Creo que la aplicabilidad de este concepto es interesante para entender ciertas acciones colectivas que han mantenido posiciones conservadoras, ligadas a intereses de grandes empresas o sectores concentrados, a pesar de ser en gran parte un sector asalariado.
ResponderEliminar1) Utilice el esquema propuesto por O. Wright acerca de cómo interpretar el papel de la lucha de clases para procesos históricos de Argentina o A. Latina. ¿Qué tipos de mecanismos de mediación y transformación ejerce o ejerció la lucha de clases en el contexto de Argentina y A. Latina?
Si tomamos en cuenta el caso argentino y nos enfocamos en las últimas décadas, es posible establecer una correlación entre el planteo de Olin Wright y algunos procesos históricos de la lucha de clases a nivel nacional. Esto es, si entendemos que la lucha de clases no se restringe a ser un mero resultado de la estructura productiva sino que es constituyente (y por lo tanto, transformadora) de ésta, podemos poner en cuestión la acción de diversos movimientos sociales que han puesto en pugna el equilibrio productivo a lo largo de la historia. El ascenso del clasismo sindical a fines de la década del sesenta, las fuertes movilizaciones de sectores obreros que buscaban actuar por fuera de las burocracias ‘colaboracionistas’ del momento o el accionar armado de organizaciones pueden ser vistos como intentos de limitar o transformar las relaciones sociales en su plano estructural. Desde ya que las posibilidades económicas y estructurales introducen limitaciones u obstáculos para el desarrollo de estrategias contra-sistémicas de estos grupos pero, al retomar el planteo de Wright, existe la posibilidad de revertir las condiciones materiales a través del movimiento subjetivo de estos actores. Podríamos pensar que los grados de represión alcanzados a mitad de la década del 70 por parte del aparato estatal tienen que ver justamente con el peligro mismo de los sectores hegemónicos de perder el control sobre estos hechos. Dicho de otra manera, con el temor de que la estructura social se efectivamente modificada.
En este sentido es posible vislumbrar cómo, mediante la distinción entre “interés de clase” y “capacidad de clase”, el ejercicio de politización de la lucha clasista permite repensar nuevas formas de conflictividad social: las capacidades de clases no son meras formas abstractas surgidas de la objetividad económica, sino que son producto de la misma lucha de clases. Como decíamos antes, para el caso argentino, la fuerte movilización de sectores de la sociedad hizo tambalear en reiteradas oportunidades los andamios de la producción social. Es así como podemos encontrar en las palabras de Wright una guía para abordar la cuestión de las luchas de clases en nuestro país.
2) ¿Es posible hablar de una clase de servicios en nuestro país? ¿Qué aplicabilidad pueden tener estos conceptos en nuestro contexto?
ResponderEliminarPor empezar, es necesario señalar el surgimiento de la clase de servicios en nuestro país como producto del accionar fragmentador de la última dictadura cívico militar. Si bien existen discusiones en torno a la definición de los trabajadores de servicios como parte de una “clase” (dada su escasa tradición de combatividad, su reciente aparición en la estructura productiva, entre otras), podemos acercar algunas respuestas desde los planteos de Bourdieu y Goldthorpe.
Desde el primer autor, podríamos referirnos a una clase de servicios al aproximarnos con la noción de habitus, la cual trata de saltar los planteos objetivistas económicos del marxismo ortodoxo. En este contexto, la lucha de clases es redefinida como una distribución de bienes y de prácticas, inscriptas en los usos sociales y como estructuradas a través del habitus (como capital incorporado). De esta manera, podríamos explicar de manera mas coherente la existencia de una clase de servicios en nuestro país a través de las categorías bourdieusianas. Ahora bien, también hay que entenderla en el marco de una avanzada hacia los sectores populares y su organización, mediante diversas estrategias de romper lazos de solidaridad social y de cohesión social. Esta necesidad se explica como un paso para imponer reformas a un plano económico-estructural, que funcionarían como corset de la movilización social a lo largo de la década del 80 y los 90.
Tal como sostiene Goldthorpe, esta clase de servicio se caracteriza por una autonomización del proceso de trabajo, por bajos compromisos con la organización sindical (dado también la movilidad de los lugares del trabajo, a diferencia de, por ejemplo, una fábrica), por una expectativa diferenciada en conseguir privilegios materiales (como poder “hacer carrera al interior”, asociada a una fuerte idea de clase meritocrática), entre otros. Ahora bien, habría que poner en cuestión, en la historia argentina, si estos sectores se pueden constituir como una clase en sí mismo mediante la lucha social, si se acoplarían a reivindicaciones obreras o si se apartarían de la conflictividad social, restringiendo su accionar al ámbito parlamentario. Si bien no hay una respuesta unívoca al respecto, es evidente que en el mapa de alianzas y de actores sociales el sindicalismo sigue pisando fuerte (aún con sus divisiones internas) y marcando el ritmo de las negociaciones salariales, por lo menos con mas fuerza que los sectores de servicios.
2) ¿Es posible hablar de una clase de servicios en nuestro país? ¿Qué aplicabilidad pueden tener estos conceptos en nuestro contexto?
ResponderEliminarPor empezar, es necesario señalar el surgimiento de la clase de servicios en nuestro país como producto del accionar fragmentador de la última dictadura cívico militar. Si bien existen discusiones en torno a la definición de los trabajadores de servicios como parte de una “clase” (dada su escasa tradición de combatividad, su reciente aparición en la estructura productiva, entre otras), podemos acercar algunas respuestas desde los planteos de Bourdieu y Goldthorpe.
Desde el primer autor, podríamos referirnos a una clase de servicios al aproximarnos con la noción de habitus, la cual trata de saltar los planteos objetivistas económicos del marxismo ortodoxo. En este contexto, la lucha de clases es redefinida como una distribución de bienes y de prácticas, inscriptas en los usos sociales y como estructuradas a través del habitus (como capital incorporado). De esta manera, podríamos explicar de manera mas coherente la existencia de una clase de servicios en nuestro país a través de las categorías bourdieusianas. Ahora bien, también hay que entenderla en el marco de una avanzada hacia los sectores populares y su organización, mediante diversas estrategias de romper lazos de solidaridad social y de cohesión social. Esta necesidad se explica como un paso para imponer reformas a un plano económico-estructural, que funcionarían como corset de la movilización social a lo largo de la década del 80 y los 90.
Tal como sostiene Goldthorpe, esta clase de servicio se caracteriza por una autonomización del proceso de trabajo, por bajos compromisos con la organización sindical (dado también la movilidad de los lugares del trabajo, a diferencia de, por ejemplo, una fábrica), por una expectativa diferenciada en conseguir privilegios materiales (como poder “hacer carrera al interior”, asociada a una fuerte idea de clase meritocrática), entre otros. Ahora bien, habría que poner en cuestión, en la historia argentina, si estos sectores se pueden constituir como una clase en sí mismo mediante la lucha social, si se acoplarían a reivindicaciones obreras o si se apartarían de la conflictividad social, restringiendo su accionar al ámbito parlamentario. Si bien no hay una respuesta unívoca al respecto, es evidente que en el mapa de alianzas y de actores sociales el sindicalismo sigue pisando fuerte (aún con sus divisiones internas) y marcando el ritmo de las negociaciones salariales, por lo menos con mas fuerza que los sectores de servicios.
Carina Ricciardelli:
ResponderEliminarTRABAJO PRÁCTICO 3: PARTE A
2) ¿Cuáles han sido las capacidades estructurales y organizativas desarrolladas por las clases medias en nuestra historia reciente?
Teniendo presente que Wright se aparta de la visión dualista de las clases, dado que sostiene que las clases medias se encuentran en una posición de clase contradictoria por ser explotadoras y explotadas a la vez, toma relevancia el tema de la construcción de alianzas de clases, y muy especialmente en lo que respecta a las posiciones contradictorias de clase. Si observamos el comportamiento de las clases medias en la historia reciente de nuestro país (situándonos desde los 70 en adelante), podría decirse que han ido variando en cuanto a sus capacidades estructurales y organizativas según los vaivenes de la economía y la política del país. Así es que se puede observar como un importante sector de la misma se alió a la clase obrera en el período que puede situarse entre los 60 y 70, luego comenzaría a alejarse de dicha clase e iría estableciendo distintas estrategias para intentar afrontar las crisis políticas y económicas que se avecinaban, entablando alianzas estrategicas con los diferentes sectores de la renta financiera, incorporandose a las especulaciones conocidas como la “bicicleta financiera”, o apostando a la salida individual que le posibilitaba el ejercicio de sus profesiones u oficios. Esto cambiaría hacia fines de los 90 y comienzos del 2000, período en que la gran crisis economica dejó a un tendal de desocupados y subocupados tanto en la clase media como en la clase obrera, lo cual contribuyó a una nueva alianza de clase entre éstas. Desplegando entre ambas toda su capacidad organizativa y de resistencia a los sucesivos embates políticos y económicos que venían sufrieno desde fines de los 90 y comienzo del 2000.
Carina Ricciardelli (segunda parte)
ResponderEliminar1) En términos de la terminología de Bourdieu (volumen, tipo de composición de capitales) cómo caracterizaría la evolución de las clases medias en la Argentina desde la dictadura en adelante. ¿Cómo evolucionó el espacio social de clase media?.
Me resulta dificil responder esta pregunta sin previamente caracterizar historicamente a nuestra clase media y aportar algunos datos estadísticos acerca de la misma. En tal sentido me voy a valer de los aportes realizados por Liliana de Riz en su trabajo “La clase media argentina” (2009) en el cual sostiene que la clase media nace al ritmo de las grandes transformaciones de fines del siglo XIX, asociándose de esta manera a la representación que la sociedad se hiciera de sí misma como una sociedad “pregresista y móvil, una sociedad de clase media por excelencia”. Así fue que la pertenencia a la clase media fue asociada a la identidad social argentina, a la idea de ascenso y progreso individual y colectivo que caracterizaron a esa sociedad, haciendo que de generación en generación se creyera en el ascenso/progreso constante. Siguiendo esta línea se puede apreciar que en 1940 casi no había analfabetos y la población universitaria se encontraba dentro de las más altas del mundo, en cuanto al ingreso real per capita, ocupaba el sexto lugar y el tercero en la de productividad. Para 1970, el 40% intermedio percibía el 36,1% del ingreso, el 40% más pobre, el 16.5% y el 20% más rico, el 47,4%. Tales datos permiten afirmar que Argentina se caracterizaba por un moderado nivel de desigualdad distributiva, quedando la pobreza acotada a algunas áreas rurales, y reducidas proporciones de la población urbana. En este sentido se puede afirmar que previamente a la década de 1990, la estructura social Argentina se caracterizaba por la presencia de una gran clase media la cual abarcaba el 75% de la población y en cuyo seno las diferencias de ingreso y educación no eran suficientes para generar grandes diferencias en los estilos de vida. Por su parte Gino Germani sostuvo en su trabajo “La estructura social de la Argentina” que poco menos de una generación se necesitó para el surgimiento de un amplio estrato medio, el cual fue integrándose por miembros de los sectores populares urbanos rurales, siendo la movilidad social no sólo de carácter intergeneracional sino también de naturaleza intrageneracional. Durante el período de más intensa movilidad social, el medio de ascenso para el argentino de origen popular eran las profesiones liberales, para el inmigrante, el camino de ascenso social era el de las actividades autónomas en el campo del comercio, la industria o, en menor medida, la agricultura. A esta situación hay que sumar que el rápido avance de la educación, la inmigración, la inversión productiva y el boom agropecuario fueron modelando una sociedad de gran movilidad social y de expectativas crecientes de progreso: (...) pequeños propietarios, inicialmente colonos y luego arrendatarios y chacareros conformaron una importante clase media rural de importante gravitación política en determinadas regiones del país (...) (...) También fueron fuente de los migrantes internos que engrosaron las filas de las nuevas clases medias urbanas de empleados en servicios con niveles educativos medios y superiores. Las clases medias, en su gran mayoría urbanas e ilustradas generaron el movimiento de la reforma universitaria en 1918, contribuyeron al ascenso y derrocamiento de Hipólito Irigoyen en 1930 y cuestionaron la legitimidad de los gobiernos surgidos del golpe militar. No votaron con los de abajo, tampoco votaron a los conservadores o a los socialistas, aunque en la Capital Federal los socialistas recibieron muchos votos de clase media (Mora y Araujo y Llorente, 1980).
Carina Ricciardelli (tercera parte)
ResponderEliminarDe los 40 a los 60 se podría resumir como un período caracterizado por una fuerte inclusión social y posibilidad de ascenso de las clases obreras y medias en el espacio social.
Según Ritz se puede apreciar como en el transscurso de la historia de nuestro país, las oportunidades de ascenso social de las clases medias han estado vinculadas a las fluctuaciones de la economía. Así es que su comportamiento político osciló a la par de tales flucutuaciones, tanto hacia la izquierda como hacia la derecha del espectro político partidario. Hacia mediados de los 70, como consecuencia de la profundidad y persistencia de la crisis iniciada a comienzos de dicha decada, se inicia un proceso de empobrecimiento sufrido por la gran mayoría de la sociedad argentina, el cual llevó a integrantes de las clases medias a engrosar las filas de la pobreza.La peculiaridad de estos “nuevos pobres” es que comparten con los pobres estructurales los bajos niveles de ingreso, el subempleo o el trabajo informal, pero mantienen rasgos como el nivel educativo o la composición familiar propios de la clase media tradicional. A su vez la desarticulación del estado y el endeudamiento del país provocó un importante descalabro en la economía, y la sociedad perdió capacidad de integración, siendo la movilidad descendente en los años 80 producto de la política intencional, del gobierno de facto, de depresiacion de los ingresos de las categorías socio profesionales intermedias para debilitar el poder de negociación de los trabajadores y reducir las prestaciones del Estado que entendieron se debía “achicar” para” agrandar la nación”. De este modo, el desfinanciamiento del sector público y la crisis de la deuda externa provocaron una acentuada caída en los niveles de recursos destinados a las políticas de bienestar y un deterioro en la calidad de los servicios públicos con la consecuente aceleración de la transferencia de éstos, que cubrían las necesidades de salud y educación de amplios sectores de la poblacion incluida la clase media, a otra de índole privada y elitista. Así surgieron la escuela, el hipermercado, la universidad, el cementerio y el country- club privados. La secuela de todo este proceso descripto fue la heterogeinizacion y desintegración de la clase media como conjunto, a su vez la represión cultural sufrida de parte de los militares introdujo un corte en la transmisión intrafamiliar de contenidos culturales e ideologicos que compensaba la pérdida de calidad del sistema educativo.
A pesar de la situación descripta, fueron las reformas económicas de los 90 las que aumentaron aún más la precariedad laboral, las tasas de desempleo llevando al país a un estado de pobreza inédito en su historia. El resultado fue la fragmentación de la clase media entre un sector que pudo insertarse en el nuevo mercado de servicios y aquel que al quedar excluido sufrió el desempleo con el agravante de un Estado totalmente ausente que los dejó totalmente desprotegidos y a la deriva. Por su parte la crisis del 2001 profundizó aún más los rasgos y caracterísitcas arriba descriptas haciendo que ya fuese inviable volver a los años donde el ascenso de clase era facible, y si bien luego del 2003 el panorama para las clases más desfavorecidas comenzó a cambiar y hubo un cambio de rumbo tanto en lo político, económico y social, la realidad es que el daño estructural provocado desde el golpe del 76 en adelante a las clases medias y bajas fue de tal magnitud que no se podrá ser revertido en el corto tiempo.
ResponderEliminarCarina Ricciardelli (cuarta parte)
Siguiendo lo arriba expuesto, y utilizando la terminología de Bourdieu, se puede decir que las clases medias a partir de la última dictadura militar han ido perdiendo de manera constante el volumen de todos sus capitales, y esto es así dado que la fuerte crisis económica ha golpeado fuertemente a gran parte de dicha clase con una importantísima pérdida del poder adquisitivo reduciendo el volúmen de su capital económico. A su vez la ausencia del Estado con el consiguiente correlato del desenso en la calidad educativa pública, y al no poder acceder a una educación privada de calidad (muchos se han volcado a escuelas parroquiales que no dejan de ser mediocres en cuanto a la formación académica, lo mismo sucede con las universidades privadas al deteriorarse la universidad pública) ha determinado la reducción de su capital cultural; lo cual redunda en la disminución de su capital social (se comienzan a perder contactos sociales al no poder continuar con el estilo de vida que se llevaba previo a la crisis, o se accede a contactos de “menor embergadura”), y a la pérdida del capital simbólico en torno al “honor y prestigio” que implicaba pertenecer a la clase media en nuestro país.
Respecto al espacio social, se podría sostener que lo que hubo fue una “involución” en el sentido en que la disgregación y heterogenización que sufrió la clase media como conjunto hizo que se le tornará cada vez más dificila la lucha en los diferentes campos para mantener su posición, y mucho más dificila para intentar ascender de la misma.