Con gran perspicacia Fernán Gallardou asoció violencia/alineamiento de marcos en el
conflicto con los ruralistas. Es excelente su observación en el sentido de que
la violencia de los descontentos es objeto de enmarcado y no solo de represión.
Lo que se considerará o no “violento” depende de enmarcados específicos y por
tanto en torno a la violencia también hay una lucha simbólica. También es
excelente el ejemplo de credibilidad empírica: el fracaso del gobierno en su
insistencia con la “oligarquía” ante las imágenes de “estética charera”
encabezada por De Angelis, a lo que agregaría la absoluta centralidad mediática
de Buzzi como vocero de la protesta en lugar de los deslucidos Biolcatti y
Llambías. ¡Muy inspirada lectura!.
Agregaría con ánimo de
completar que el elemento de fidelidad narrativa aparece con el relato del “campo”
como constitutivo de identidad nacional y fuente principal de riqueza y
progreso. A lo que el gobierno opuso, creo que con éxito en términos de enmarcado, la tradición golpista y
antidemocrática de estos sectores.
El mismo movimiento
ruralista es tomado por Alina Ricci que certeramente señala cómo el
grado de desafío iba creciendo en el transcurso del conflicto, realimentado por
el apoyo creciente en los medios de comunicación y en parte de la opinión
pública (clases medias altas urbanas). También es valedera la apreciación de
los efectos polarizadores del uso de tácticas cada vez más disruptivas.
Marina Marchesi puntualiza
con precisión cómo en este conflicto con la burguesía agraria el recurso a la
violencia amplió rápidamente el círculo de involucrados en el conflicto (clases
medias, medios de comunicación, empresariado en su conjunto, sindicatos,
movimientos sociales, etc.) y cómo esto motorizó fuertes efectos políticos de
incertidumbre.
El tema de los marcos en
los movimientos contra la megaminería que toma Florencia Prego es correcto,
salvo por lo que respecta al marco de motivación para la movilización donde no
aparecen elementos. Confunde motivación con “causas” y en realidad se refiere
el concepto a la motivación para la acción colectiva, el marco movilizador, es
decir cómo se justifica la convocatoria
a la lucha no convencional, cómo se enmarca la “necesidad” o incluso la “obligación
de luchar”, por ej.: “si no nos defendemos nosotros no nos va a defender nadie”,
“solo la unidad del pueblo en la calle los puede parar”, y cosas por el estilo.
Sería bueno releer los textos de Amparan y Snow sobre este punto. O el ejemplo
de Alina Ricci sobre Blumberg.
En este sentido es cortito
pero certero la descripción de los marcos de diagnóstico, pronóstico y
movilización que plantea Alina sobre el movimiento contra la inseguridad de
Blumberg, sobresaliendo la invocación emocional al hijo muerto y la implícita
convocatoria a identificarse con su tragedia y acompañarlo atenuando su dolor.
Marina Marchesi toma los
enmarcados del movimiento “Asociación de
hombres por la igualdad de género (AHIGE)” y los reseña muy
escuetamente. No aparece la especificidad del enfrentamiento de hombres al
patriarcalismo y los marcos invocados son estimo que los mismos de las
organizaciones feministas. Sería bueno que exploraras si hay particularidades en el diagnóstico "patriarcal" del patriarcalismo.
Es muy interesante el
planteo de Miguel Alfredo sobre las claves de enmarcado mediático para La
Cámpora donde, en los medios opositores, la juventud y la militancia se asocian
con el verticalismo, el fanatismo y/o los intereses espurios como funcionarios
que acceden a la caja del estado, etc. Es algo intrigante que en los medios
oficialistas no tienen demasiado espacio en comparación con otros dirigentes del
espacio K. ¿Hay algo más para decir sobre este punto? Es muy importante el tema
de marco de agenciamiento atribuido (ver mi artículo) y cómo en el caso de la
Cámpora tiene sus particularidades al atarse a altos funcionarios Se podría
agregar que tanto la exposición en los medios y el agenciamiento pegó un salto
notable con la asistencia a los damnificados por la tragedia de las
inundaciones de La Plata que claramente funge de contramarco que desmiente (credibilidad
empírica) la idea de burócratas chupamedias y bien pagos. La dificultad para
generar hechos políticos propios con resonancia en la arena pública debilita
las posibilidades de disputar el enmarcado de la agencia. Es importante
observar una coincidencia de ambos enmarcamientos: el reconocimiento a la
disciplina férrea vertical que es atacada por unos como amenaza totalitaria pero
defendida como valor político y militante por la organización y sus voceros. Es
muy interesante y da para seguir profundizando el análisis y ver también en las
entrevistas y la documentación cómo se producen estos alineamientos de
enmarcados en militantes y en no militantes. El paralelismo descamisado/pingüino
me parece algo temerario que tendría que fundamentarse más, al igual que la
supuesta antinomia de enmarcados kirchnerismo/peronismo.
En el mismo sentido que
Fernan, Florencia Prego señala en los orígenes de las luchas piquetera una disputa
por la legitimidad del uso de la violencia. El recurso al corte de rutas
fue altamente eficiente para generar incertidumbre política, tanto durante el
menemismo como durante el gobierno de la Alianza, donde la amenaza de
generalización y la imposibilidad de legitimar la represión se combinaban
virtuosamente. Sin embargo, con la crisis del 2001/2002 los cacerolazos y los
escraches pasaron a ser los repertorios que contenían estos elementos
generadores de incertidumbre, más que los cortes de ruta.
Ramiro Tissera toma
el texto de Offe sobre vaciado y cooptación para suscribir la hipótesis
reiterada una y otra vez de que los gobiernos kirchneristas cooptaron y
vaciaron los movimientos sociales de desocupados, de DDHH, de asambleas. Sin
embargo, si se lee atentamente a Offe se verá que el estado puede tener dos
tipos de respuestas: reconocimiento y concesiones. La cooptación sería
reconocimiento (cargos, representación en el estado, etc.) sin concesiones, es
decir, sin resolver las demandas e intereses fundamentales de los movimientos.
El vaciado sería lo inverso: concesiones sin reconocimientos, o sea, satisfacer las
demandas sin convocarlos, sin hacerlos figurar, sin darles cargos ni recursos,
etc. De manera de intentar capitalizar totalmente el rédito político de determinadas
medidas concesivas e intentar debilitar y sacar todo peso a los movimientos y así disolverlos.
Pero el K sale de esta dicotomía y combina reconocimientos (en verdad bastante
módicos) con amplias concesiones en términos de trabajo y derechos sociales y
justicia por DDHH. En estos casos no puede aplicarse las categorías de cooptación ni
vaciamiento porque los movimientos siguen vigentes e incluso muchos de ellos podría decirse que crecen y se fortalecen, sino lisa y llanamente tendría que hablarse de alianzas o alineamientos políticos. Que no obstan para que dentro mismo del
espacio político oficialista estallen notables tensiones o conflictos: D Elía
tomando una comisaría en el 2004, denunciando a Tompkins en el 2006, Libres del
Sur finalmente yéndose del gobierno, etc. Sobre este tema recomiendo mi artículo
“Crisis y recomposición de la respuesta estatal a la acción colectiva" http://www.scielo.org.ar/pdf/ras/v4n6/v4n6a07.pdf
Sobre la cuestión de la solidaridad/desafío/incertidumbre,
es correcto el planteo de Ramiro sobre los movimientos de desocupados. Cortar
una autopista hoy no hay grupos de desocupados que puedan bancarlo: las
consecuencias serían polarización y aislamiento. En cambio en los casos de
ambientalistas y hasta los mismos ruralistas han tomado el repertorio de lucha
con gran capacidad de generar incertidumbre.
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