viernes, 17 de octubre de 2014

DEVOLUCION TP 3A

Camila Matrero plantea en términos de Bourdieu la apuesta tradicional de la clase media a la educación. Sin embargo la pregunta por las capacidades estructurales y organizativas apuntaba al texto de E. O. Wright  sobre lucha de clases. Por ejemplo, la evidente pérdida de protagonismo social y político del movimiento estudiantil universitario y sus divisiones internas muestra una merma de la capacidad organizativa aunque haya una increíble cantidad de casi 2 millones de estudiantes (elemento del orden de la capacidad estructural). En cambio, algunos colegios profesionales han incrementado enormemente su poder y protagonismo institucional: colegiaturas de abogados y jueces, sindicatos docentes, de la salud, son ejemplos de incrementos de capacidades organizativas.
Tambien hay un error en la respuesta a la pregunta sobre “la clase de servicios” que se refiere al concepto de Goldthorpe que no tiene nada que ver con “el sector terciario” de la economía. Camila, hay que leer el texto que es importante para interpretar los cambios en la estructura de clase del capitalismo contermporáneo.

Laura Arancio plantea de manera excelente la relación entre capacidades organizativas expresadas por las clases medias en el 8N y la reproducción de la estructura de clases a partir del reclamo de ahorro en dólares. También es importante la acotación de que no son las estructuras políticas y sindicales las que canalizan sino redes sociales y sentidos de “comunidad”, aunque esto último es algo difuso. Es atinada la observación de sectores de clases medias vinculadas al capital educativo y cultural: científicos, artistas, como mayoritariamente alineados en posiciones contrarias a las primeras y mas proclives a las políticas de intervención estatal y redistribución.  Es claro que clubes del trueque, grupos de ahorristas estafados y habría que agregar las asambleas barriales, significaron importantes desarrollos de capacidades organizativas aunque en su mayoría no fueron sostenibles en el tiempo.
Respecto de la clase de servicios es nítido el señalamiento de los sectores que se vieron beneficiados por las políticas neoliberales en los ’90 y es buena la observación que a partir de los procesos reindustrializadores de la última década también hay segmentos técnicos gerenciales tanto estatales como privados.  Pero el texto de Goldthorpe sirve para ver la distancia que hay entre el capitalismo central y el periférico: acá la estabilidad en el empleo que es esencial a la clase de servicios no se verificó en la crisis del 2001/2002 en donde las empresas desvincularon a buena parte de sus staff  jerárquico. Otra de las características que no parecen cumplirse es la autonomía experta de las decisiones: en empresas todavía fuertemente centralizadas en propietarios y familias, los cuadros administrativos tienen importantes niveles de subordinación y en las trasnacionales ocurre lo mismo respecto de la autoridad de las casas matrices.

Maximiliano Desmarás plantea una pregunta muy perspicaz si los medios de comunicación y las nuevas tecnologías de la información no son solamente el soporte de capacidades organizativas a través de redes sociales sino también capacidades estructurales. Digno de debatirse. En principio aumenta las capacidades estructurales por el solo hecho de que genera mucho empleo profesionalizado y técnico directa e indirectamente.
Respecto a Goldthorpe y la clase de servicio con sus orientaciones políticas es excelente el ejemplo de la creciente participación de agentes de grandes empresas en diversas ONG’s (como Un Techo para mi País o Coca Cola) que no cuestionan las bases últimas de la desigualdad social en el sistema capitalista.

Mauro Rossetto aborda la segmentación de las clases medias en los ’90 entre una clase media “competitiva” integrada al  mundo globalizado,etc y una clase media precarizada y vulnerabilizada. Esto evidentemente diferencia las capacidades estructurales pero sería bueno ver qué pasó con las organizativas en cada uno de estos segmentos de ganadores y perdedores. Excelentes las consideraciones sobre la clase de servicios en Goldthorpe y su posible existencia en la Argentina. Es crucial que en sus orígenes europeos en los estados de bienestar la clase de servicios permitió movilidad ascendente desde los trabajadores manuales a partir del acceso a la educación y el aumento de las calificaciones laborales,sobre todo inter generacionalmente, cosa que los estudios de movilidad acá no suelen mostrar. También habría que ver si los “beneficios prospectivos” de esta clase están vigentes en nuestro país donde la desestabilización de los empleos es una estrategia muy común en las empresas incluso para el personal jerárquico.

Pablo Mattera sostiene acertadamente que la fragmentación de la clase media ha generado capacidades estructurales diferenciales dentro de la misma y en paralelo capacidades organizativas de perfiles opuestos: los ganadores en torno a la corporativización del estatus por la educación y los títulos y los perdedores asimilados a la acción gremial. Faltaría una referencia a los fenómenos de los movimientos de bases en clases medias urbanas con la crisis del 2001.
Respecto de la clase de servicios es buenísima la apreciación de  que quedaría por investigar si, la clase de servicios todavía se encuentra en formación, o más bien se han cerrado los canales de ascenso hacia ella en la Argentina. Señala muy bien que la aplicabilidad de este concepto para entender ciertas acciones colectivas que han mantenido posiciones conservadoras, ligadas a intereses de grandes empresas o sectores concentrados, a pesar de ser en gran parte un sector asalariado.Habría que agregar como señaló Laura Arancio hay que contemplar en la última década el surgimiento de una posible clase de servicios en el estado que acompaña la intervención y regulación de los mercados.

Guido Turdera se aparta de la consigna de todos los demás centrada en clases medias y de servicios y se adentra en la importante cuestión del papel de la lucha de clases y los mecanismos de mediación y transformación. Así  podemos poner en cuestión la acción de diversos movimientos sociales “que han puesto en pugna el equilibrio productivo a lo largo de la historia”. Es muy buena la frase que genera la pregunta acerca de cómo los movimientos pueden llegar a afectar las condiciones de equilibrio en las relaciones de producción y con lucidez agrega que la violencia represiva extrema de los años 70 obedece al temor de las clases dominantes acerca exactamente esta cuestión. Podría agregar yo: también los efectos transformadores sobre el estado y las políticas estatales pueden modificar los equilibrios productivos estructurales.
Guido señala que la clase de servicios en nuestro país está muy sujeta a vaivenes del ciclo económico y político y que el peso de las organizaciones sindicales sigue siendo preeminente.
Carina Ricciardelli analiza los vaivenes históricos de las clases medias respecto de sus alianzas o posicionamientos respecto de las clases dominantes y subalternas, pero no avanza en especificar la cuestión de las capacidades de clase, es decir en términos de O. Wright, cómo incrementó sus posibilidades de alcanzar sus intereses?. Sin embargo, la omisión tiene una implicancia profunda que nos hace regresar a Marx y el campesinados parcelario: las clases medias tienen dificultades serias para luchar con sus propias capacidades y tienden guarecerse o delegar en otros. Por ello, que los posicionamientos de clase media pueden estar limitados a buscar cobijo en alianzas con otros sectores en vez de desarrollar capacidades colectivas propias. Sus orientaciones básicas tienden a la movilidad personal sobre la base a tomas de posición, inversión y conversiones en capital educativo, cultural y económico laboral.
Carina hace un excelente raconto de la evolución de las condiciones sociales de la clase media desde comienzos del siglo pasado sobre la base de un texto de de Riz que me gustaría ver porque no lo conozco (si lo tenes llevamelo a la proxima clase que me gustaria verlo). Solamente podría agregar la cuestiòn de las urbanizaciones privadas de los 90 y el cambio de las pautas de consumo exclusivistas de los ganadores del modelo neoliberal que significó una renuncia de la clase media a ocupar la centralidad visible del espacio público y su intento de privatización de la vida junto a las clases altas. Esto tuvo consecuencias políticas sobre todo a la hora del recrudecimiento del conflicto social desde mediados de los 90 con las puebladas: la imagen de la sociedad argentina necesariamente se "plebeyizó"  y las clases medias dejaron de ser interpeladas de manera preferente por los actores políticos y sociales movilizados. A su vez las mismas clases medias  perjudicadas o perdedoras tendieron a mimetizarse con las clases populares movilizadas al menos hasta el gobierno de N. Kirchner. Quizàs con Blumberg y la 125 volvieron a cobrar protagonismo movilizador con perfil propio.


lunes, 29 de septiembre de 2014

Texto de apoyo y TP Unidad 3 parte A

Comenzamos en esta unidad con una serie de textos centrales para el pensamiento contemporáneao sobre las clases, que pueden brindar diversas herramientas conceptuales para analizar los procesos de movilización y lucha y se sugiere que sean tenidos en cuenta para el diseño y el análisis de los casos que Uds. van a abordar en sus trabajos finales. 

Los textos de Giddens y Crompton señalan el conjunto de limitaciones con que se topan los planteos clásicos herederos de Weber y Marx en la evolución de los capitalismos avanzados, sobre todo a partir de los años ’60. En mi texto "Las muertes del concepto de clase" (Gomez, 2014) se resumen los factores epistemológicos, filosóficos e históricos que atentan contra la vigencia y vitalidad del análisis de clases. Las tendencias a la despolarización de la estructura de clases, el crecimiento de los sectores de servicios y del trabajo no manual, el abandono del trabajo como fuente de identidad y de pertenencia colectiva, las orientaciones culturales consumistas e individualistas, la incidencia de diferenciaciones raciales y de género, el surgimiento de actores políticos transclasistas (ecologistas, pacifistas), el desclasamiento del voto (apoyo electoral de clases obreras a conservadores), etc. pueden resumirse en tres grandes procesos que debilitan el análisis de clase: el “pos industrialismo”, el “pos fordismo” y el “pos modernismo”.

El esquema giddensiano que apela a los procesos de estructuración de clase puede decirse que constituyeron el último gran esfuerzo de enfrentar estos problemas con las herramientas legadas por los clásicos. La solución de Giddens es simplemente pensar las clases como capas de determinaciones sociales que empiezan por el mercado de trabajo (estructura de clase), siguen en los factores comunitarios y demográficos (formación de clase) y terminan en aspectos de status y prestigio, sentidos de pertenencia e identidad (conciencia de clase), desde los cuales se podría entender el papel de la lucha de clases. Giddens hace un verdadero melting pot que mezcla todo y así multiplica las dificultades más que subsanarlas.
Los enfoques contemporáneos que parten de Olin Wright y Bourdieu (ambos tienen antecedentes en Poulantzas el primero y en Norbert Elías el segundo) comienzan a modificar o abandonar de manera ostensible los parámetros de la tradición marxiana y weberiana y en este sentido podría decirse que inauguran una etapa posclásica.

O. Wright avanza en un modelo de determinación global que categoriza las relaciones entre estructuras económicas y políticas con la lucha de clases. Podríamos decir que los aportes sustantivos a este respecto son dos: 1) lejos de la tradición clásica, la lucha de clases no se deriva del mercado o las relaciones de producción, sino que establece una serie de relaciones de limitación y transformación. La lucha de clases no permanece como efecto exterior a la estructura sino que es la forma misma del proceso de transformación de la estructura. El “secretillo” del esquema de O. Wright es que si la estructura económica puede establecer un límite de compatibilidad funcional a otras estructuras, no puede establecerlo sobre la lucha de clases. La lucha de clases está limitada por las estructuras pero solo en términos de lo que no puede ocurrir, lo que no es posible, siendo “libre” frente a las estructuras, es decir puede transformarlas.  Las estructuras sin dudas introducen limitaciones a la lucha de clases pero no al punto de que la lucha de clases no pueda incidir sobre las mismas estructuras que la limitan. En este planteo la lucha de clases recupera un poder transformador sobre las estructuras que dejan de ser las tiranas teóricas del enfoque clasista.
2) Además las relaciones de limitación (que en los planteos clásicos era la única reconocida) entran en no correspondencia con los de reproducción. Una estructura económica puede establecer límites de variabilidad a las estructuras políticas y la lucha de clases pero ello no garantiza que las intervenciones políticas y la lucha de clases asuman un papel no reproductivo y de mediación o transformación de las mismas estructuras.

El otro de los aportes rupturistas en lo teórico de este autor es la idea extraordinaria de que las clases medias tienen posiciones estructuralmente ambiguas o contradictorias pero no por ello dejan de ser clases. Las clases medias no pertenecen a un modo sino que cruzan dos modos de producción: el mercantil simple y el capitalista.  Asimismo es importante el análisis de los tres procesos contemporáneos que inciden en los procesos de establecer fronteras de clase entre las clases medias: la pérdida de control en el proceso de trabajo, la diferenciación de funciones del capital entre propiedad y gestión, y las jerarquías de autoridad y las formas de control técnico impersonal.

También es novedoso el planteo de diferenciar interés de clase y capacidades de clase (estructurales y organizativas), abriendo conceptualmente la cuestión del proceso de formación de clase que, a su vez, es objeto mismo de la lucha de clases. Es decir, siembra las bases de la politización y deseconomización de la lucha de clases: las mismas  capacidades de clase no son derivaciones directas de la posición económica de clase sino que son objeto y producto  de la lucha de clase misma.
También es importante la discusión sobre el concepto de explotación, que es un tradicional pilar de las teorías clásicas. Aquí se ve algo poco señalado: la explotación supone niveles de dependencia recíproca entre explotador y explotado, a diferencia de las relaciones de opresión. Es clásico el planteo de Wright en tanto que clase se sigue refiriendo a relaciones de explotación y no de opresión pero, no obstante, las relaciones de dominación de clase (regulan el nivel de esta interdependencia o reciprocidad) son importantes aunque subordinadas a la explotación.

También son aportes muy sugestivos la manera de caracterizar el poder de clase como en tres dimensiones situacional, institucional o sistémico.  Sintéticamente el primero es el poder de dar órdenes a los actores para que actúen de determinada manera (poder positivo), el segundo es el poder de excluir o quitar de la agenda, de la consideración, determinadas acciones (poder negativo) y el tercero es lograr que las reglas de juego que destribuyen posibilidades de ejercer los otros dos tipos de poder sean sesgadas a favor de la propia clase. Este tipo de poder sistémico es en cierto punto invisible y controla lo que es pensable políticamente para las posiciones de clase subordinadas. Las luchas de clase siempre son tridimensionales y afectan estas tres dimensiones con dominancias cambiantes: hay una lucha liberal/ “progresista”/”populista”  el poder positivo, una lucha reformista/conservadora por el poder institucional y una revolucionaria/reaccionaria por el poder sistémico.
No es menos novedoso el planteo de P. Bourdieu en el Cap. 2 de ese clásico de la sociología de la cultura que es La Distinción. Allí se establecen con gran fuerza los conceptos analíticos del “espacio social”, es decir, el locus sobre el que se hacen inteligibles las clases sociales. En este capítulo Bourdieu desarrolla una teoría de las clases sociales sobre las nociones de habitus, campo y especies de capital que intenta superar las limitaciones metodológicas y analíticas de los planteos empiristas, marxistas, etc. El procedimiento constructivo adoptado asume la forma de una topografía móvil o de mapa dinámico en el que se intersectan los planos sincrónicos estucturales y diacrónicos tendenciales.

La problemática de las clases es definida como aquella búsqueda de explicación de distribuciones de bienes y prácticas, aclarando dos cosas: a) que los  bienes no son objetividades dadas sino que se inscriben en usos sociales asociados a estilos de vida, donde los productos son también productos de las disposiciones de los agentes (formas de percepción, acción y apreciación) ; y b) las prácticas no son puras elecciones voluntarias y concientes indeterminadas sino que deben ser comprendidas no como simples efectos mecánicos de la posesión de capital objetivado social y económico, sino también como estructuradas a través de habitus (capital incorporado) y en relación a las fuerzas y tensiones que atraviesan los campos específicos en donde se ponen en juego. No solamente las condiciones homogéneas de existencia, sino también las disposiciones incorporadas en los agentes explican la similitud de prácticas.  Además, los mecanismos de acceso a las posiciones de clase seleccionan en múltiples formas visibles o enmascaradas según criterios de evaluación de disposiciones muchas veces “secundarias” . La dialéctica entre la posesión y la disposición es el dispositivo teórico mediante el cual Bourdieu intenta develar la eficacia “objetiva” de las clases sociales.
La causalidad propia de la determinación clasista asume una forma “estructural” y no “lineal” que obliga a indagar cómo cada factor (edad, sexo, residencia, etc.) y tipo de capital es mediado por los otros.  Así Bourdieu presenta un espacio social de constitución de clases, construido en dos dimensiones de tres series: volumen, estructura (composición por tipo) y evolución del capital; y capital económico, social y cultural. Estos espacios ofrecen relaciones variables de congruencia y simetría. Desde grupos que comparten altos volúmenes de todos los tipos de capital y son fundamentalmente estables en su composición y permanencia futura, y otros grupos que ofrecen disparidades notables y fuertes inestabilidades. Diversas fracciones de la pequeño burguesía son ejemplos de estos últimos. La evidencia empírica muestra que dentro de diversas clases y fracciones existe una relación inversa entre capital económico y capital escolar y cultural. Las burguesía en sus fracciones superiores se independiza de las exigencias de la adquisición de capital cultural, y en cambio la pequeña burguesía y los profesionales depositan en él su esperanza de sostenimiento y ascenso social.

La contribución más rica del texto es la que analiza las trayectorias, el dinamismo de los campos considerados y las estrategias de los agentes. Todos los grupos tienden a una doble  lucha: para mantener y acrecentar el valor de la especie mayoritaria de capital propio, y por la prevalencia de los criterios de valorización más favorables a ellos en cada campo.  Este es un cuarto tipo de capital: el capital simbólico que viene anexo a todas las otras formas de capital.  Hay que luchar por la distribución de cada forma de capital y también por la vigencia, el reconocimiento por parte del resto de los agentes y la legitimidad del propio valor del capital apropiado.  
Una de las estrategias de los agentes es la movilidad de capital que puede ser vertical cuando es ascenso/descenso dentro del mismo tipo de capital. Pero las más interesantes son  las que implican un desplazamiento transversal, es decir, entre campos distintos que obliga a establecer una reconversión de valor entre el capital poseído y el capital que se adquiere con él. Es en este sentido que juega la idea de “inversión” como apuesta a un juego de valorizaciones. A ello lo llama procesos de “conversión” y son cruciales a la hora de entender las luchas en el espacio social: los agentes tienen estrategias de “apuesta” a ganar espacios en diversos campos mediante la conversión de un tipo de capital en otro.

En este esquema explicativo, el autor estudia uno de los fenómenos más interesantes del campo cultural: la superproducción de títulos, la democratización de la enseñanza superior y la devaluación del capital cultural escolarizado.
Las estrategias de aumento del capital escolar, aumentando la inversión económica de las familias en educación, chocan con el efecto de pérdida de valor de mercado de los mismos títulos alcanzados. Bourdieu describe el efecto de alodoxia como un autoengaño que retrasa la percepción real del valor objetivo de los títulos, ya que los habitus incorporados siguen aplicando formas de apreciación ancladas en su tiempo de adquisición y no en la situación de mercado actual. Es por ello que la expansión de la distribución de capital cultural escolar se acompaña de una “generación engañada” que no puede alcanzar las expectativas prometidas asociadas a su inversión en esta especie de capital, dando lugar a procesos de desclasamiento o al riesgo de de desviarse por debajo de las trayectorias esperadas. Los sectores de la pequeño burguesía son particularmente sensibles a estas amenazas y ante ellas ponen en práctica estrategias de movilización no solo de su capital social, sino también de búsquedas de posiciones accesibles y acomodamientos que redefinen profesiones y puestos de trabajo. Así, los campos laborales más nuevos, más dipersos y menos codificados dan oportunidades a una gama variada y flexible de empleos semiburgueses vinculados a los servicios personales, medios de comunicación, entretenimiento, cultura y a todas las formas novedosas de ejercicio de la dominación suave y la integración simbólica de las clases subordinadas. 

Los procesos de devaluación de títulos generalmente adoptan la forma invisible e insensible y suave que maximiza el efecto de alodoxia multiplicando los errores de apreciación que no tardan en convertirse en crisis personales. Las transformaciones del campo escolar apelan a tres mecanismos de filtrado de las estrategias de ascenso de estos sectores: eliminación suave o rezago progresivo, relegamiento a circuitos educativos explícitamente desvalorizados, y devaluación del valor del título. Si todo esto no fuera suficiente siempre quedan los mecanismos de exclusión, discriminación, selección, cupos, patronazgo, etc. con el que  se preservan espacios y monopolios de oportunidades.
Las estrategias de los grupos y las respuestas de los que disputan con ellos van generando efectos de deformación de la estructura o de traslación de estructuras por la cual las distancias jerárquicas entre posiciones se mantienen no a pesar, sino justamente en virtud de los cambios en las acciones y disposiciones de los grupos. Las propiedades ordinales de los campos se conservan mediante cambios en sus propiedades cardinales (posicionales), concluirá Bourdieu que, sin embargo, termina alentando expectativas de cambios estructurales por los efectos de una crisis de frustración de expectativas generalizadas.

El indudable defecto de la gigantesca contribución de Bourdieu es su omisión a la lucha y el conflicto. Si bien él las considera conceptualmente en la dimensión analítica de la “historia” del campo en particular, en sus investigaciones empíricas brillan por su ausencia y los campos aparecen como espacios sociales rígidos y carentes de tensión. No obstante, los conceptos de Bourdieu son casi insustituibles a la hora de pensar un análisis de la lucha desde una perspectiva clasista.
Por último tenemos los textos de Gouldner y Goldthorpe como dos de los principales teóricos de la emergencia de la clase media.  El primero tributario de las teorías del posindustrialismo y la tecnoestructura directamente tiende a considerar a las clases medias como los verdaderos soportes de la sociedad contemporánea y en fuerte disputa con las viejas clases propietarias. Aunque en muchos sentidos este planteo haya envejecido notablemente (la concentración de ingresos y propiedad en el capitalismo global actual refuta claramente sus análisis) no deja de llamar a la reflexión algunos de sus señalamientos históricos. Considero que el Codigo de Discurso Crítico sigue siendo un lenguaje  universal de las clases medias basadas en el saber y la competencia técnica y humanística.  Además también tiene considerable asidero histórico que el papel de las clases medias en los procesos de cambio social ha sido siempre importante.

Goldthorpe es un analista de la estructura de clases en el primer mundo y sus hallazgos empíricos hacia finales de los ’80 llevaron a posar la atención en el fenómeno llamado de las “clases de servicios” caracterizadas por evadir algunas de los rasgos propios de las relaciones laborales de asalariados. A la manera de una “incrustación” estamental en el medio de las organizaciones corporativas económicas más modernas, las clases de servicios (gerentes, desarrolladores, técnicos expertos,  etc.) se caracterizan por elevados grados de autonomía en el trabajo, fuertes identidades y sentidos de pertenencia profesionales, bajo compromiso con las organizaciones, son beneficiarios de relaciones de confianza por parte de los propietarios y accionistas, y también tienen expectativas de seguridad y estímulos diferenciales o expectativas de “privilegios” prospectivos (carrera profesional o ejecutiva, muchas veces honorarios en vez de salario, etc.). Los señalamientos de que estos sectores tienen un amplio reclutamiento de origen popular (merced a la inversión en capital y credenciales educativas) y que podrían ser la base de cuestionamientos al sistema, sostener orientaciones contraculturales y conductas de radicalismo político, no dejan de ser interesantes ya que hay suficientes estudios que localizan la presencia de este tipo de agentes sociales en los movimientos sociales ecologistas, pacificistas, contraculturales, feministas, etc.  

TRABAJO PRÁCTICO 

Elija una.

1)      Utilice el esquema propuesto por O. Wright acerca de cómo interpretar el papel de la lucha de clases para procesos históricos de Argentina o A. Latina.  ¿Qué tipos de mecanismos de mediación y transformación ejerce o ejerció la lucha de clases en el contexto de Argentina y A. Latina?
2)      ¿Cuáles han sido las capacidades estructurales y organizativas desarrolladas por las clases medias en nuestra historia reciente?

Elija una.
1)      En términos de la terminología de Bourdieu (volumen, tipo de composición de capitales) cómo caracterizaría la evolución de las clases medias en la Argentina desde la dictadura en adelante. ¿Cómo evolucionó el espacio social de clase media?.

2)      ¿Es posible hablar de una clase de servicios en nuestro país? ¿Qué aplicabilidad pueden tener estos conceptos en nuestro contexto?

lunes, 4 de agosto de 2014

Devolución TP Reichmann/Cohen

1-Lauri: efectivamente el texto que se trabaja es “Redes que dan libertad” de Reichmann y Fernández Buey. 2-Miguel Gaztañaga: Es correcto lo que decís; en los años 60’ y hacia sus finales prevaleció el enfoque de comportamiento colectivo de la escuela de Chicago y con la aparición de los nuevos movimientos sociales sesentayochistas este enfoque entra en crisis, el comportamiento de los actores no cuadraba con los esquemas de comportamiento desviado, anómico, fragmentado e irracional. Los movimientos de los 60’ y 70’ no perseguían objetivos económicos, sino valorativos, concretos y articulados con estrategias racionalmente calculadas, era necesario un nuevo enfoque teórico para el análisis de los movimientos sociales. Los nuevos movimientos sociales constituyen un fenómeno racional, en ellos causas, objetivos, movilización y acción están todos vinculados. 3-Guido Turdera: está bien, hablar de organización y racionalidad en el enfoque de la movilización de recursos es necesario para su comprensión. Hay que tener en cuenta que aquí la unidad de análisis no es el movimiento social, sino la acción colectiva entre grupos de intereses opuestos, los individuos que participan en la movilización de recursos están organizados en grupos de solidaridad, la movilización de recursos insiste en la racionalidad instrumental y estratégica de la acción colectiva. Todas las versiones de movilización de recursos analizan la acción en función de la lógica de la interacción estratégica y de los cálculos costo/beneficio. El paradigma orientado hacia la identidad connota el proceso de formación de una identidad, el proceso de creación de identidad ocurre por medio de la interacción colectiva misma, dentro y entre grupos. 4-Alexis Rodriguez: los movimientos sociales son producto y productores de modernidad, son un producto de la sociedad moderna que por su racionalización encajan en el nivel de acción política; la industrialización, la urbanización y la alfabetización exigen nuevas formas de acción política y posibilitan a su vez nuevas formas de la misma. El enfoque de redes es moderno, como decís, en el sentido que remite a grupos fruto de la diferenciación social llevada a cabo durante el desarrollo de la sociedad Industrial. 5-Carina Ricciardelli: Yo agregaría que los teóricos de la movilización de recursos rechazaron el uso de categorías psicologizantes sosteniendo que los actores de los movimientos sociales eran individuos dispersos motivados por alguna tensión social, desde el punto de vista de éstos teóricos lo más significativo fue que demostraron que para movilizar una acción colectiva se requerían formas organizativas y modos de comunicación. Y en el caso del paradigma orientado hacia la identidad, el proceso de identidad es relevante en el sentido que la creación de la identidad misma se da por medio de la interacción colectiva. 6-Mauro Rossetto: Los nuevos movimientos sociales luchan por una sociedad democrática civil, postburguesa y postpatrialcal. La característica de los años 60’ y 80 es la heterogeneidad. Algunas identidades, las cuales tienen formas específicas de organización y lucha dentro de los movimientos contemporáneos son “nuevas”. 7-Maximiliano Desmarás: el término NMS se extendió en teóricos que simpatizaban con movimientos de paz, feminismo, ecología; se duda sin embargo si hay algo nuevo en ellos, sobre la importancia teórica o política que tienen sus innovaciones, tampoco existe acuerdo en relación al significado de movimiento, es decir, a un tipo nuevo de movimiento social, partido político o grupo de interés. Los nuevos movimientos sociales luchan por una sociedad democrática civil, postburguesa y postpatrialcal. 8-Federico Perez: La movilización de recursos no se interesa por cuestiones de identidad pero el paradigma orientado hacia identidad toma como un hecho una sociedad postindustrial cuyas instituciones, formas de acción colectiva y conciencia serían “nuevas”; la identidad en los NMS, ayuda a cristalizar las identidades emergentes, “la nueva identidad” dentro de los movimientos sociales es preferible a la de “NMS”. 9-Pablo Mattera: Para el paradigma de movilización de recursos la unidad de análisis es la acción colectiva y no el movimiento social, la acción colectiva entre grupos de intereses opuestos. En este paradigma los individuos están organizados en grupos de solidaridad, ejemplos: Comunidades parcialmente viables o aún viables o grupos de asociación organizados para fines apartes de la oposición; existencia de intereses colectivos; incentivos sociales y grupos constituidos de conciencia que donan recursos. La movilización de recursos insiste en la racionalidad instrumental y estratégica de la acción colectiva. 10-Laura Arancio: En los años 60’ prevaleció el enfoque del comportamiento colectivo de la escuela de Chicago y hasta fines de los 60’; pero con el surgimiento de los NMS sesentayochistas este enfoque entra en crisis, el comportamiento de los individuos no cerraba con los esquemas de comportamiento desviado, anómico, fragmentado e irracional ¿si eran irracionales cómo explicar la racionalidad estratégica de las nuevas acciones colectivas? Los movimientos de los 60’ y 70’ no perseguían objetivos económicos sino valorativos y articulados con estrategias racionalmente calculadas, era necesario un nuevo enfoque teórico para analizar los movimientos sociales. Por otro lado, todas las versiones de la movilización de recursos analizan tal acción en función de la lógica de la interacción estratégica y de los cálculos costo/beneficio.