lunes, 17 de septiembre de 2012

Devoluciòn TP Unidad 3A


DEVOLUCION TP 3

Sobre Olin Wright

Lucrecia, de manera algo confusa, plantea que las capas medias ante la crisis del 2001 se articularon más a través de capacidades organizativas gestadas a nivel comunitario y territorial que a nivel de los lugares de trabajo y de las organizaciones gremiales. También es claro que sus formas de conciencia tienden a desdibujarse como clase media y a fusionarse con el pueblo. Regina dice con sagacidad que las asambleas, las formas de economía autogestiva, muestran una traducción de capacidades estructurales a capacidades organizativas en la crisis. También Agustín explica con solvencia la cuestión de las capacidades organizativas que expresaron las asambleas, sus intentos de acercamiento a las luchas de las clases populares, y también la animadversión a la organización política que las limita.

Patricia enfatiza que las clases medias en parte estuvieron asociadas con ciertos privilegios o ventajas, durante las políticas neoliberales. Pero no aclara demasiado qué sectores fueron los beneficiados y cuáles los perjudicados.

Regina, hace un excelente señalamiento de la importancia para amplios sectores de clases medias excedentarias (con capacidad de ahorro y gasto superfluo) del dolar barato y accesible y de tasas de interés financieras altamente positivas en dolares que convalidaba estilos de vida largamente deseados por emulación de los países centrales, y también por acceso a parte de la renta financiera. Respecto de su última pregunta, cabe preguntarse si la cuestión de la reforma constitucional afecta por motivos políticos a las clases medias (¿la reelección posible?) o por los cambios en los contenidos neoliberales y privatistas en los que se sienten amparados.

Jessica pone el ejemplo de capacidades estructurales y organizativas condicionadas por el habitat urbano, con ejemplos de barrios sindicales en Córdoba.

Anaclara afirma que se desarrolla una clase de servicios en las firmas trasnacionales con nuevos estilos de vida. Sin embargo, un rasgo que es la independencia relativa a través de la delegación de autoridad de las casas matrices me parece que está ausente.

María Noel utiliza con tino el enfoque de Wright para señalar el lugar central de mediación de la lucha de clases que puede modificar el significado reproductivo o no reproductivo del estado democrático burgués y su impacto sobre la estructura de clases para analizar el impacto de las políticas de terciarizaciòn y desindustrialización. En el mismo sentido Anaclara expresa algunas dudas y propone ejemplos algo genéricos sobre el modo de determinación “transformación”. Puede ayudar la idea de Wright de que las luchas de clases siempre tienen por objeto y consecuencia poner estructuras en contradicción: es a través de la lucha de clases que los límites estructurales tanto económicos como políticos tienden a correrse o disolverse. La lucha de clases no tiene límite de compatibilidad funcional y por tanto se comporta como un exceso que tiende a desbordar las estructuras. Así por ejemplo típico en la argentina contemporánea, la fortaleza de las organizaciones de desocupados derivó a la larga en la necesidad de programas sociales universales que necesitan ser financiados y a un tipo de cambio competitivo que preserve empleo y no renta financiera. Así las retenciones a las exportaciones y la administración flotada de tipo de cambio son también consecuencias de las luchas de clases que transformó modos de acumulación económica e intervención estatal que a su vez condicionan también la lucha de clases.

Es algo confuso el planteo de Carlos que intenta relacionar la lucha de clases con la dictadura y la derrota de las organizaciones armadas revolucionarias en la argentina. No llego a ver a dónde estarían las mediaciones o las transformaciones que la lucha de clases operaría sobre el estado y la economía. Una hipótesis ya casi universalmente aceptada es que las políticas neoliberales y represivas trataron de modificar la base económica del país para desindustrializar y despotenciar estructuralmente a la clase obrera industrial que fungía de base de apoyo principal del peronismo entendido como la principal amenaza seria a las clases dominantes. Hay que aclarar también que las opciones guerrilleras se quedaron sin apoyo de masas luego de la asunción de Cámpora primero y de Perón después, mucho más cuando este último salió a enfrentarlas. Por tanto, la dictadura no supuso como elemento importante la "derrota" de esas opciones que ya no eran tales. 




Muy bien el planteo de Matías referido a O. Wright y las capacidades de clase de las clases medias en el 2001. Efectivamente, las capacidades estructurales de estas clases puntualmente podríamos asociarlas a su capacidad de acumulación y disponibilidad de recursos económicos, entre los que los ahorros líquidos en moneda extranjera son importantes como salvaguarda ante la crisis y como expectativa rentística de favorecerse con una devaluación. Ampliando el enfoque de Wright y tomando de Bourdieu también podría agregarse el capital simbólico y educativo movilizado por estos sectores en la crisis. Discrepo en cambio con la mención a las posibles solidaridades barriales: para las clases medias el capital social no suele pasar por la vecindad sino por redes de contactos de posiciones más elevadas. El vecindario de clase media está carcomido por su individualismo y ánimo de distinción. Las bases de la solidaridad en aquellas luchas no pasaron por identidades barriales o vecinales salvo excepcionalmente sino en intereses materiales compartidos (ahorristas confiscados, desempleo de profesionales, deterioro del nivel de vida) y en un capital simbólico que la homogeneizaba (los DDHH, el estado de derecho, el antiautoritarismo, la democracia no subordinada a los intereses corporativos, el rechazo a la corrupción política, la moralidad pública, etc.). Sin dudas la capacidad de acumulación económica de cualquier sector es una capacidad estructural que facilita la realización de sus intereses.

Sobre Goldthorpe y Gouldner

Es interesante el aporte de Carlos en cuanto que no cree que las clases de servicios que tanto desarrollo tienen en los países de capitalismos avanzados, tengan aquí el mismo peso. Según su postura siguen el mismo tipo de orientaciones que las clases medias tradicionales y suelen alinearse con las clases dominantes. Coincido en tanto que las clases de servicios en los capitalismos dependientes están mucho más sujetas a los mandatos de las casas matrices y sobre todo también están expuestas a la flexibilidad laboral lo que las disciplina aún más quitándole toda autonomía y atando su destino al de las empresas corporativas para las que suelen trabajar. Además un trabajo de Jorrat de 1995 mostraba que en el AMBA las clases de servicios tenían una presencia mucho menor que en ciudades equivalentes como Madrid o Chicago.



Sobre la nueva clase es excelente el ejemplo brindado por Matías en las designaciónes de Galluscio y Kicillof en la YPF reestatizada: uno representante de la intelligentsia técnica y otro de los intelectuales, académicos y políticos. Sin dudas parte del consenso a este tipo de medidas depende de cómo sean vistos por los diversos segmentos de las clases medias y la colocación de referentes ayuda también en este trabajo. La elección de Galluscio proveniente del sector privado internacional “tranquiliza” o seduce también a los segmentos de clases medias que pueden sentirse amenazadas por medidas de este tipo.

lunes, 27 de agosto de 2012

TEXTO DE APOYO Y TRABAJO PRACTICO UNIDAD 3. Parte A

 
Los textos de Giddens y Crompton señalan el conjunto de limitaciones con que se topan los planteos clásicos herederos de Weber y Marx en la evolución de los capitalismos avanzados, sobre todo a partir de los años ’60. Las tendencias  a la despolarización de la estructura de clases, el crecimiento de los sectores de servicios y del trabajo no manual, el abandono del trabajo como fuente de identidad y de pertenencia colectiva, las orientaciones culturales consumistas e individualistas, la incidencia de diferenciaciones raciales y de género, el surgimiento de actores políticos transclasistas (ecologistas, pacifistas), el desclasamiento del voto (apoyo electoral de clases obreras a conservadores), etc. pueden resumirse en tres grandes procesos que debilitan el análisis de clase: el “pos industrialismo”, el “pos fordismo” y el “pos modernismo”.
El esquema giddensiano que apela a los procesos de estructuración de clase puede decirse que constituyeron el último gran esfuerzo de enfrentar estos problemas con las herramientas legadas por los clásicos. La solución de Giddens es simplemente pensar las clases como capas de determinaciones sociales que empiezan por el mercado de trabajo, siguen en los factores comunitarios y demográficos  y terminan en aspectos de status y prestigio, sentidos de pertenencia e identidad, sin olvidar el papel de la lucha de clases. Giddens hace un verdadero melting pot que mezcla todo y así multiplica las dificultades más que subsanarlas.
Los enfoques contemporáneos que parten de Olin Wright y Bourdieu (ambos tienen antecedentes en Poulantzas el primero y en Norbert Elías el segundo) comienzan a modificar o abandonar de manera ostensible los parámetros de la tradición marxiana y weberiana y en este sentido podría decirse que inauguran una etapa posclásica.
O. Wright avanza en un modelo de determinación global que categoriza las relaciones entre estructuras económicas y políticas con la lucha de clases. Podríamos decir que los aportes sustantivos a este respecto son dos: 1) lejos de la tradición clásica, la lucha de clases no se deriva del mercado o las relaciones de producción, sino que establece una serie de relaciones de limitación y transformación. La lucha de clases no permanece como efecto exterior a la estructura sino que es la forma misma del proceso de transformación de la estructura. El “secretillo” del esquema de O. Wright es que si la estructura económica puede establecer un límite de compatibilidad funcional a otras estructuras, no puede establecerlo sobre la lucha de clases. La lucha de clases está limitada pero es “libre” frente a las estructuras, es decir puede transformarlas.
2) Además las relaciones de limitación (que en los planteos clásicos era la única reconocida) entran en no correspondencia con los de reproducción. Una estructura económica puede establecer límites de variabilidad a las estructuras políticas y la lucha de clases pero ello no garantiza que las intervenciones políticas y la lucha de clases asuman un papel no reproductivo y de mediación o transformación de las mismas estructuras.
El otro de los aportes rupturistas en lo teórico de este autor es la idea extraordinaria de que las clases medias tienen posiciones estructuralmente ambiguas o contradictorias pero no por ello dejan de ser clases. Las clases medias no pertenecen a un modo sino que cruzan dos modos de producción: el mercantil simple y el capitalista.  Asimismo es importante el análisis de los tres procesos contemporáneos que inciden en los procesos de establecer fronteras de clase entre las clases medias: la pérdida de control en el proceso de trabajo, la diferenciación de funciones del capital entre propiedad y gestión, y las jerarquías de autoridad y las formas de control técnico impersonal.
También es novedoso el planteo de diferenciar interés de clase y capacidades de clase (estructurales y organizativas), abriendo conceptualmente la cuestión del proceso de formación de clase que, a su vez, es objeto mismo de la lucha de clases.
También es importante la discusión sobre el concepto de explotación, que es un tradicional pilar de las teorías clásicas. Aquí se ve algo poco señalado: la explotación supone niveles de dependencia recíproca entre explotador y explotado, a diferencia de las relaciones de opresión. Es clásico el planteo de Wright en tanto que clase se sigue refiriendo a relaciones de explotación y no de opresión, pero no obstante las relaciones de dominación de clase (regulan el nivel de esta interdependencia o reciprocidad) son importantes aunque subordinadas a la explotación.
También son aportes muy sugestivos la manera de caracterizar el poder de clase como en tres dimensiones situacional, institucional o sistémico.

No es menos novedoso el planteo de P. Bourdieu en el Cap. 2 de ese clásico de la sociología de la cultura que es La Distinción. Allí se establecen con gran fuerza los conceptos analíticos del “espacio social”, es decir, el locus sobre el que se hacen inteligibles las clases sociales. En este capítulo Bourdieu desarrolla una teoría de las clases sociales sobre las nociones de habitus, campo y especies de capital que intenta superar las limitaciones metodológicas y analíticas de los planteos empiristas, marxistas, etc. El procedimiento constructivo adoptado asume la forma de una topografía móvil o de mapa dinámico en el que se intersectan los planos sincrónicos estucturales y diacrónicos tendenciales.
La problemática de las clases es definida como aquella búsqueda de explicación de distribuciones de bienes y prácticas, aclarando dos cosas: a) que los  bienes no son objetividades dadas sino que se inscriben en usos sociales asociados a estilos de vida, donde los productos son también productos de las disposiciones de los agentes (formas de percepción, acción y apreciación) ; y b) las prácticas no son puras elecciones voluntarias y concientes indeterminadas sino que deben ser comprendidas no como simples efectos mecánicos de la posesión de capital objetivado social y económico, sino también como estructuradas a través de habitus (capital incorporado) y en relación a las fuerzas y tensiones que atraviesan los campos específicos en donde se ponen en juego. No solamente las condiciones homogéneas de existencia, sino también las disposiciones incorporadas en los agentes explican la similitud de prácticas.  Además, los mecanismos de acceso a las posiciones de clase seleccionan en múltiples formas visibles o enmascaradas según criterios de evaluación de disposiciones muchas veces “secundarias” . La dialéctica entre la posesión y la disposición es el dispositivo teórico mediante el cual Bourdieu intenta develar la eficacia “objetiva” de las clases sociales.
La causalidad propia de la determinación clasista asume una forma “estructural” y no “lineal” que obliga a indagar cómo cada factor (edad, sexo, residencia, etc.) y tipo de capital es mediado por los otros.  Así Bourdieu presenta un espacio social de constitución de clases, construido en dos dimensiones de tres series: volumen, estructura (composición por tipo) y evolución del capital; y capital económico, social y cultural. Estos espacios ofrecen relaciones variables de congruencia y simetría. Desde grupos que comparten altos volumenes de todos los tipos de capital y son fundamentalmente estables en su composición y permanencia futura, y otros grupos que ofrecen disparidades notables y fuertes inestabilidades. Diversas fracciones de la pequeño burguesía son ejemplos de estos últimos. La evidencia empírica muestra que dentro de diversas clases y fracciones existe una relación inversa entre capital económico y capital escolar y cultural. Las burguesía en sus fracciones superiores se independiza de las exigencias de la adquisición de capital cultural, y en cambio la pequeña burguesía y los profesionales depositan en él su esperanza de sostenimiento y ascenso social.
La contribución más rica del texto es la que analiza las trayectorias, el dinamismo de los campos considerados y las estrategias de los agentes. Todos los grupos tienden a una doble  lucha: para mantener y acrecentar el valor de la especie mayoritaria de capital propio, y por la prevalencia de los criterios de valorización más favorables a ellos en cada campo.
Una de las estrategias de los agentes es la movilidad de capital que puede ser vertical cuando es ascenso/descenso dentro del mismo tipo de capital. Pero las más interesantes son  las que implican un desplazamiento transversal, es decir, entre campos distintos que obliga a establecer una reconversión de valor entre el capital poseido y el capital que se adquiere con él. Es en este sentido que juega la idea de “inversión” como apuesta a un juego de valorizaciones.
En este esquema explicativo, el autor estudia uno de los fenómenos más interesantes del campo cultural: la superproducción de títulos, la democratización de la enseñanza superior y la devaluacion del capital cultural escolarizado.
Las estrategias de aumento del capital escolar chocan con el efecto de pérdida de valor de mercado de los mismos títulos alcanzados. Bourdieu describe el efecto de alodoxia como un autoengaño que retrasa la percepción real del valor objetivo de los títulos, ya que los habitus incorporados siguen aplicando formas de apreciación ancladas en su tiempo de adquisición y no en la situación de mercado actual. Es por ello que la expansión de la distribución de capital cultural escolar se acompaña de una “generación engañada” que no puede alcanzar las expectativas prometidas asociadas a su inversión en esta especie de capital, dando lugar a procesos de desclasamiento o al riesgo de de desviarse por debajo de las trayectorias esperadas. Los sectores de la pequeño burguesía son particularmente sensibles a estas amenazas y ante ellas ponen en práctica estrategias de movilización no solo de su capital social, sino también de búsquedas de posiciones accesibles y acomodamientos que redefinen profesiones y puestos de trabajo. Así, los campos laborales más nuevos, más dipersos y menos codificados dan oportunidades a una gama variada y flexible de empleos semiburgueses vinculados a los servicios personales, medios de comunicación, entretenimiento, cultura y a todas las formas novedosas de ejercicio de la dominación suave y la integración simbólica de las clases subordinadas.
Los procesos de devaluación de títulos generalmente adoptan la forma invisible e insensible y suave que maximiza el efecto de alodoxia multiplicando los errores de apreciación que no tardan en convertirse en crisis personales. Las transformaciones del campo escolar apelan a tres mecanismos de filtrado de las estrategias de ascenso de estos sectores: eliminación suave o rezago progresivo, relegamiento a circuitos educativos explícitamente desvalorizados, y devaluación del valor del título. Si todo esto no fuera suficiente siempre quedan los mecanismos de exclusión, discriminación, selección, cupos, patronazgo, etc. con el que  se preservan espacios y monopolios de oportunidades.
Las estrategias de los grupos y las respuestas de los que disputan con ellos van generando efectos de deformación de la estructura o de traslación de estructuras por la cual las distancias jerárquicas entre posiciones se mantienen no a pesar, sino justamente en virtud de los cambios en los acciones y disposiciones de los grupos. Las propiedades ordinales de los campos se conservan mediante cambios en sus propiedades cardinales (posicionales), concluirá Bourdieu que, sin embargo, termina alentando expectativas de cambios estructurales por los efectos de una crisis de frustración de expectativas generalizadas.
Por último tenemos los textos de Gouldner y Goldthorpe como dos de los principales teóricos de la emergencia de la clase media.  El primero tributario de las teorías del posindustrialismo y la tecnoestructura directamente tiende a considerar a las clases medias como los verdaderos soportes de la sociedad contemporánea y en fuerte disputa con las viejas clases propietarias. Aunque en muchos sentidos este planteo haya envejecido notablemente (la concentración de ingresos y propiedad en el capitalismo global actual refuta claramente sus análisis) no deja de llamar a la reflexión algunos de sus señalamientos históricos. Considero que el Codigo de Discurso Crítico sigue siendo un lenguaje  universal de las clases medias basadas en el saber y la competencia técnica y humanística.
Goldthorpe es un analista de la estructura de clases en el primer mundo y sus hallazgos empíricos hacia finales de los ’80 llevaron a posar la atención en el fenómeno llamado de las “clases de servicios” caracterizadas por evadir algunas de los rasgos propios de las relaciones laborales de asalariados. A la manera de una “incrustación” estamental en el medio de las organizaciones corporativas económicas más modernas, las clases de servicios (gerentes, desarrolladores, técnicos expertos,  etc.) se caracterizan por elevados grados de autonomía en el trabajo, fuertes identidades y sentidos de pertenencia profesionales, bajo compromiso con las organizaciones, son beneficiarios de relaciones de confianza por parte de los propietarios y accionistas, y también tienen expectativas de seguridad y estímulos diferenciales o expectativas de “privilegios” prospectivos (carrera profesional o ejecutiva). Los señalamientos de que estos sectores tienen un amplio reclutamiento de origen popular (merced a la inversión en capital y credenciales educativas) y que podrían ser la base de cuestionamientos al sistema, sostener orientaciones contraculturales y conductas de radicalismo político, no dejan de ser interesantes ya que hay suficientes estudios que localizan la presencia de este tipo de agentes sociales en los movimientos sociales ecologistas, pacificistas, contraculturales, feministas, etc.   

TRABAJO PRÁCTICO 4

Elija una.

1)      Utilice el esquema propuesto por O. Wright acerca de cómo interpretar el papel de la lucha de clases en la determinación de las estructuras económicas y estatales, y en las intervenciones políticas estatales, para procesos históricos de Argentina o A. Latina. Otra manera de formular la consigna es ¿Qué tipos de mecanismos de mediación y transformación ejerce o ejerció la lucha de clases en el contexto de Argentina y A. Latina?
2)      ¿Cuáles han sido las capacidades estructurales y organizativas desarrolladas por las clases medias en nuestra historia reciente?

Elija una.
1)      En términos de la terminología de Bourdieu (volumen, tipo de composición de capitales) cómo caracterizaría la evolución de las clases medias en la Argentina desde la dictadura en adelante. ¿Cómo evolucionó el espacio social de clase media?.
2)      ¿Es posible hablar de una clase de servicios o de Nueva Clase en nuestro país? ¿Qué aplicabilidad pueden tener estos conceptos en nuestro contexto?

DEVOLUCIÓN TP DE Haydee Yovine

Creo que confunde algo los términos, presuntamente por su comportamiento crudamente “utilitario” de conformarse con leer el texto de apoyo y prescindir de Elster. “Utilitario” en el contexto de las teorías de la rational choice significa que sólo se incorpora a la acción colectiva si los riesgos son bajos y la expectativa de obtener ventajas individuales son altas. En general son los típicos free riders que se suman a la acción solo cuando están a punto de repartir los beneficios obtenidos. De manera distinta las orientaciones “justicieras” van a buscar el beneficio para el conjunto y sólo participan cuando estiman que este se vuelve positivo aunque no haya beneficio individual.
La respuesta sobre Lichbach no cumple ni de cerca con la consigna presumiblemente también por leer solamente el texto de apoyo. Se llama exceso de utilitarismo.
Pero curiosamente su comportamiento utilitario se hunde cuando por no aprovechar la ventaja de haber colgado tarde el TP para leer la devolución a los TPs de sus compañeros, comete el mismo remanido error de creer que todo líder es un “empresario social” malinterpretando o no habiendo leído tampoco a C. Jenkins. Creo que acá hay fiaca o desinterés absoluto por los temas o ambos.
Haydee Haydee Haydee...